07 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Jugada triple de Rajoy: Gobierno, salvar Madrid de Carmena y eliminar a Aguirre

Javier Fernández y Mariano Rajoy en un pasado encuentro institucional en La Moncloa.

Javier Fernández y Mariano Rajoy en un pasado encuentro institucional en La Moncloa.

El nuevo líder socialista le ha pedido al presidente del PP: "Ayúdame tú porque los míos no me están ayudando". Mientras tanto, se conocen datos de la operación "derribo" de Pedro Sánchez.

La frase, que es más una sentencia: “Esto no tiene solución, pero tiene que tener una salida”, no pertenece en origen al presidente de la Gestora socialista, Javier Fernández: su auténtico dueño es Alfredo Pérez Rubalcaba, que la pronunció días antes de la destrucción del orate Sánchez, ante un grupo caracterizado de periodistas. El dato es significativo porque indica al menos dos cosas: la primera, que Rubalcaba siempre estuvo en la cocina del “golpe de la faraona”, de la asonada dirigida, ¿quién lo duda?, por Susana Díaz, presidenta por mucho tiempo, ya lo verán, de la Junta de Andalucía.

La segunda, que el ingeniero Fernández está encontrando la máxima colaboración en su rival ideológico Mariano Rajoy, para encontrar esa “salida” para el enorme lío que se ha organizado en su partido. Los lenguaraces que menudean como las setas en el cocedero madrileño afirman que, tras sus primeras conversaciones, se llevan tan bien, tan bien, que hasta comparten la misma pócima para teñirse el pelo. Una broma porque realmente nadie sabe, porque nadie lo sabe, cuántas veces han hablado en los pasados días el presidente en funciones y el líder forzado y provisional del PSOE, sí se conoce que, por activa o pasiva, directa o indirectamente, Fernández le ha pedido a Rajoy esto: “Ayúdame tú porque los míos no me están ayudando”.

Es posible incluso que el asturiano le haya contado que tiene medio partido en rebeldía y que por ejemplo, el núcleo mollar de los socialistas catalanes y aragoneses se niegan (“y nos negaremos siempre”, advierten) a proporcionar el Gobierno a Rajoy. Y como esas federaciones otras cuantas en las cuales moran militantes que profesan un odio africano pertinaz a todo lo que huela minimamente al PP. Fernández tiene una doble obsesión: evitar las terceras elecciones que, lo avisan las encuestas, dejarían al PSOE mordiendo el polvo, y recomponer la unidad del partido, deseo éste que, como dice festivamente un antiguo (y destacado) militante del puño: “Es más difícil que recomponer el matrimonio de los Reyes eméritos”. Otra chanza para el divertimento de la capital. 

Las "necesidades" del PSOE

Por eso parece aventurado asegurar en un tal día como hoy que sí, que en la última decena de este octubre veraniego, el Comité Federal aprobará con todas las naúseas y vómitos que ustedes prevean, la decisión de dejar que el odiado, corrupto y fascista Mariano Rajoy continúe en La Moncloa. Solo los sondeos contribuyen a la abstención. Escrito esto hay que notificar que el gran problema que asola al PSOE es la dicotomía entra la aversión brutal al Partido Popular, y la necesidad que tienen muchos dirigentes, no militantes, no, escribo dirigentes, de seguir en el palmito con su puestecillo y su soldada pagada por los Presupuestos.

¿Pesa más el odio? ¿pesa más la necesidad? Aún no hay respuesta aunque sí existe una evidencia profética; a saber, que si se convocan terceras elecciones muchos de estos enchufados se quedarán a dos velas porque el PSOE aún adelgazará más su presencia política en el Parlamento. Al margen de estas aproximaciones a la dura realidad, no existen muchas más pistas para averiguar que sucederá en el Comité Federal que tiene, por fuerza, que aprobar o rechazar, un próximo gobierno popular.

Y por cierto, sépase esto: entre los pocos ejecutivos que cuentan en los alrededores de Rajoy, hay una coincidencia: no guardan la menor confianza en el PSOE. Ni en el PSOE, ni en Ciudadanos, que, en su opinión, se está comportando de la manera más desleal que puede hacerlo un socio con otro con el que ha firmado un acuerdo de colaboración. Huido a América Sánchez, el desprecio del PP se ha trasladado ahora a Rivera del que dicen: “Sería un cadáver si votamos en diciembre”.         

En el PP la orden es castrense: ni una palabra pública salvo que el capitán lo autorice expresamente y aún más: en privado disimular la impresión general que tiene media España de que el partido realmente quiere abrir las urnas de nuevo el 18 de diciembre, día en el que también según el gurú que últimamente acierta, Pedro Arriola, el PSOE se llevaría un susto de muerte, Ciudadanos empezaría su periodo de extinción, el PP acudiría jubiloso al balcón de la calle Génova. Rajoy, lo ha firmado Javier Ruiz de Vergara en este periódico, le puede ofrecer al ingeniero Fernández incluso la Alcaldía de Madrid, una propuesta muy querida por el presidente en funciones porque de cumplirse, expulsaría  a la errática muchacha que aún es alcaldesa de Madrid, y de paso, atizaría un mandoble a Esperanza Aguirre que, no se si lo hemos entendido bien, está por montarle un partido a su antiguo compañero de Gobierno.

Las "charlas" de verano

Todo esto es verdad, pero aún no hay nada escrito. ¿O sí?, pues si la rabia insaciable que guardan los seguidores de Sánchez a sus presuntos compañeros de partido, los que les han apeado del poder concreto, del sueño de la Presidencia que ya estaba compinchada con Homs, reunión de este verano, y con toda al ralea andrajosa de Podemos que ya se veía de nuevo “okupando” sillones en el Gobierno, mandando a los espías para que continuaran apoyando a bestial Maduro,  y pasando de “la Tuerka” a los informativos de Televisión Española. Todo estaba atado y bien atado, hasta que el dúo formado por González y Rubalcaba, se enteró de lo que se perpetraba y decidió derrumbar al tonto del haba (denominación debida a un sucursalista del dúo) que pretendía convertir al PSOE en un compañero de viaje de soviéticos y rompepatrias.

En resumen, que el gran asalto solo ha acabado con una víctima: Sánchez, pero que próximamente caerán más, incluso puede explotar una escisión porque la vieja familia ya no se habla. Literalmente no se habla. En esta tesitura apostar sin ambages ni dudas por la abstención técnica, es, por lo menos, temerario. El psicodrama socialista aún no se ha terminado. Esta semana, más episodios.       

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