24 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Real Sociedad 0 – 0 Real Madrid: Las cosas de Zidane

El campeón comenzó su Liga empatando sin goles en San Sebastián en un encuentro en el que fue de mucho más a mucho menos y en el que Zidane no utilizó a sus delanteros suplentes.

Al Madrid le falta pólvora, digan lo que digan. En un partido en el que dominó apabullantemente durante la primera media hora, no encontró no sólo el gol, sino apenas el remate. Los blancos comenzaron su defensa del título empatando (0-0) ante la Real en San Sebastián, pero sin apenas poner en apuros reales al meta adversario y, lo que es más incomprensible, sin usar a Jovic, Mariano o Mayoral, suplentes y que ni siquiera calentaron un rato para intentar encontrar el gol en un arreón final. Las cosas de Zidane.

El Madrid salió mandón, o al menos eso parecía. Acorralaba a la Real en las inmediaciones de Remiro, con Vinicius siendo el alborotador habitual, pero los txuriurdin tenían asimilado que les iba a tocar defender, se habían aprendido la lección y fueron capaces de cerrar todas las líneas de pase por dentro. Por los costados sí dejaba algo de espacios, pero por dentro eran un muro.

Al Madrid le costó catorce minutos intentar su primer remate: un disparo de Benzema muy lejano, blando y centrado, pese a que el control del juego era absoluto por parte del equipo moteado negro (espantosa equipación la madridista, el antaño equipo blanco, en este partido). Vinicius ponía picante en sus arrancadas, frenazos y pases, pero el resto tampoco acompañaba en exceso, ni siquiera un Odegaard titular pero que no tuvo el punch suficiente como para sobresalir en el encuentro. Varane, mientras, podía siempre con Isak y la Real no salía de su campo, aunque Remiro tampoco sufría.

 


Sin embargo, los de Zidane comenzaron a perder fuelle alrededor del minuto 35, y por poco no se fueron al descanso perdiendo: un paradón estratosférico de Courtois a Isak y, poco después, un remate parabólico del gigantesco delantero sueco que no encontró portería de milagro. El Madrid se había salvado, más aún cuando, nada más reanudarse el  partido tras el descanso, con una ocasión clarísima de Barrenetxea, quien cruzó en exceso su remate ante Courtois.

Las tres ocasiones de la Real dejaron claro que el partido, tras ese dominio abrumador del Madrid en el inicio, había cambiado: al menos había ritmo, porque en el primer tiempo faltaban cuatro conos sobre el verde para que aquello fuera un entrenamiento televisado. El juego se igualó. Modric comenzó a resoplar por un físico que ya no le acompaña siempre y los de Zidane comenzaron a dejar demasiados espacios, aprovechados por la inteligencia futbolística de Oyarzábal, menudo jugador.

 


Vinicius ya no provocaba tanto alboroto, Benzema andaba con el punto de mira desviado y Kroos no podía sujetar todo el entramado, porque Zidane había dejado a Casemiro en el banquillo de inicio. El brasileño, Valverde y el debutante Marvin Park (hispano-nigeriano-coreano, un futbolista fusión) salieron para intentar volver a decantar el juego del lado blanco, mientras Imanol metía a David Silva por seguir inclinando la balanza por el bando local. Marvin tuvo una buena oportunidad nada más salir, pero no le dio tiempo ni a chutar, es de suponer que por los nervios se le pasara toda su carrera por delante y, cuando quiso reaccionar, le habían robado la cartera.

El partido finalizó con los dos equipos agotados, con Imanol y Zidane metiendo a dos imberbes más en el campo (González de Zárate por el bando local y al talentoso Sergio Arribas por los visitantes: no a Jovic, Mariano o Mayoral, los tres en el banquillo, sino a Arribas) y pidiendo descaradamente que todo acabara en tablas. Y así fue. Sin goles, porque al Madrid, como ya pasaba el curso pasado, le falta pólvora.

 

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