23 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez se atrinchera mudo en La Moncloa y su pobre agenda desconcierta al PSOE

Pedro Sánchez, durante la reunión de su primer Consejo de Ministros.

Pedro Sánchez, durante la reunión de su primer Consejo de Ministros.

El nuevo presidente evita a los periodistas. Lleva sin hablar desde que anunció su gobierno y ha llegado a desairar al primer ministro de Irlanda para no dar la cara públicamente.

"Y luego criticábamos nosotros lo del plasma", ironiza un dirigente del PSOE a la hora de hacer balance de la primera semana de Pedro Sánchez en La Moncloa, ya con su gobierno constituido y trabajando en sus despachos. O más bien, de gira mediática ya que la mayoría de los ministros no ha hecho otra cosa estos últimos cinco que días que desfilar por estudios de radio y platós de televisión.

Pero lo que más ha sorprendido y desconcertado a muchos dirigentes socialistas  es la gestión de estos primeros días que ha hecho el presidente del Gobierno. Solamente habla por tuits. Compareció el jueves 7 para anunciar la lista de sus ministros y, para indignación de los periodistas, no admitió preguntas. Algo que tanto había criticado de Rajoy cuando él era el líder de la oposición.

"Que dé ya la cara", decía este jueves el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, afeando a Sánchez su silencio sepulcral tras el incendio provocado por la dimisión de su flamante ministro de Cultura, Màxim Huerta. Pero Sánchez ha llegado incluso a romper el tradicional protocolo diplomático que obliga al presidente del Gobierno a comparecer conjuntamente ante la prensa cuando recibe a un mandatario europeo.

Este mismo jueves, Sánchez se negó a aceptar la invitación del primer ministro irlandés, Leo Varadkar. Curiosamente, a la misma hora en que se reunían había saltado el segundo escándalo de su gobierno: se conocía que su ministro de Agricultura, Luis Planas está imputado. Pero Sánchez declinó la oferta y dejó solo a Varadkar ante el bochorno de los periodistas irlandeses llegados hasta Madrid junto a su primer ministro.

 

Sánchez anunciando su gobierno el jueves 7. No aceptó preguntas. Desde entonces ni comparece ni tiene acto alguno fuera de Moncloa.

 

Junto a esta insólita opacidad, en el PSOE se reconoce que la agenda del presidente ha sido "muy pobre". Es tradición, por ejemplo, que el presidente viaje a Marruecos en los primeros días de su mandato.  Sánchez no lo ha hecho. Y el Rey Felipe se le ha adelantado con un viaje a Estados Unidos en el debut del ministro de Exteriores, Josep Borrell.

Desde que prometio su cargo en La Zarzuela el 2 de junio, el presidente socialista se ha limitado a visitar en Las Rozas a la selección de fútbol antes de su partida a Rusia para disputar el Mundial, anunciar por Twitter que España acogería en el Puerto de Valencia el Aquarius -con 700 inmigrantes a bordo-, a mantener diversas reuniones con Máxim Huerta tras conocerse su fraude fiscal antes de dejarle caer este miércoles, y a recibir a los líderes de la CEOE y los sindicatos UGT y Comisiones, Joan Rosell, José María Álvarez y Unai Sordo.

Tras esta reunión -con la importancia que Sánchez ha dado a su agenda social- envió a comparecer ante la prensa a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio.

Queda por saber si Sánchez intenta sacar rédito mediático a la llega del Aquarius y se presenta el domingo en el Puerto de Valencia para recibirlo. Lo que es seguro es que el martes tendrá que dar la cara por fin en el Senado. Se enfrenta a su primera sesión de control como presidente. Y le esperan PP, Podemos y Ciudadanos. Ahí se dará cuenta Sánchez de lo que le aguarda en la legislatura dada su debilidad parlamentaria.

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