La Guerra Civil trajo la Lotería de la Navidad a Valencia

Los niños del Orfanato de Colegio Imperial cantaron el gordo que se fue a Madrid. El segundo premio a Valencia. Al año siguiente, cuando la lotería de Navidad se trasladó a Barcelona, la recaudación se hundió a menos del 10% de ese diciembre de 1936.

Los camiones que circulaban con destino a Valencia a finales de 1936, una vez iniciada la guerra y con la capital de España rodeada por las tropas nacionales, traían esta vez ilusión. No eran los cuadros del museo del Prado, que recorrerían el mismo trayecto. Eran los bombos de la lotería nacional que venían desde el colegio de San Ildefonso.

Ese 22 de diciembre de 1936, la ilusión de millones de españoles, en medio de una guerra civil, se decidió en el Colegio Imperial, el primer orfanato del mundo. La ideología extrema que presidía aquellos momentos llevó a decorar el entorno con las banderas comunistas, republicana y la señera. Desde el 6 de noviembre de ese año, la capital de la República recaía en Valencia. Las calles se llenaban de exaltados y el gobierno municipal renombraba a algunas de las principales arterias, como la avenida Blasco Ibañez, que pasó a denominarse de la Unión Soviética. El gobierno, instalado en el Ayuntamiento, donde celebraba las sesiones plenarias de las Cortes, decidió que también la lotería se cantara aquel año en la capital del Turia.

El gordo fue para Madrid. El número premiado, el 05287, recibió una nada despreciable cantidad de 15 millones de pesetas. La recaudación fue de récord, sobre todo si tenemos en cuenta que la guerra había comenzado en julio. 144 millones de pesetas recaudó el Estado republicano aquel año.

El Colegio Imperial de Huérfanos de San Vicente Ferrer, que entonces se encontraba en un emplazamiento mucho más céntrico que el actual, en lo que ahora es el Corte Inglés de Roger de Lauria, pudo acoger también a la nada despreciable cantidad de 2.000 personas como asistentes al sorteo.

Sólo durante la Guerra de la Independencia, Valencia había acogido un sorteo de la Lotería Nacional. Sin embargo, en aquella ocasión se trató de un sorteo más, no el de Navidad. Durante un puñado de años, la Casa de la Audiencia acogió los bombos, que representaban al bando napoleónico. Este sorteo convivió con el que celebraba o auspiciaban las Cortes de Cádiz.

En 1937, el sorteo se trasladó a Barcelona, debido al miedo al avance del ejército de Franco. En la ciudad Condal, parece que los ciudadanos no estaban muy por la labor de participar en sorteos y se recaudaron unos paupérrimos 9 millones de pesetas, menos dinero que la cifra entregada al primer premio el año anterior en Valencia. El premio de Barcelona apenas alcanzó el 10% del entregado en 1936.

Vicente Javier Más Torrecillas. Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Doctor en Historia Contemporánea.

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