De casa Daniel al buffet del Valencia Palace: la horchata se internacionaliza

Los grupos guiados de turistas paran ante los puestos de Món Orxata en Valencia para que degusten las chufas en remojo. Luego ya se animan con la horchata y el fartón



Las visitas guiadas se detienen ante los puestos portátiles de las horchateras de Món Orxata para probar las chufas en remojo y degustar el líquido nutritivo valenciano. El hotel SH Valencia, encabezado por sus cinco estrellas, exhibe en su buffet de desayuno dos botellas de horchata artesanal en una cesta ilustrada con un rótulo en el que destaca que se trata de una bebida valenciana. Hornos, puntos calientes y heladerías distribuyen horchata artesanal. El local de la marca Daniel en el céntrico mercado de Colón suele estar abarrotado a media tarde.

¿Se ha disparado el consumo de la horchata con el aumento del turismo en la ciudad de Valencia? Si Daniel Tortajada Aguilar levantara la cabeza, posiblemente asentiría y recordaría, cuando van a cumplirse 17 años de su fallecimiento y el de su esposa, Carmen Forner, en un letal accidente de tráfico, el esfuerzo y la energía que dedicó a internacionalizar la horchata y lograr que sorprenda a visitantes extranjeros, hasta el punto de que la demanden desde sus países.

Porque en 2001, cuando se produjo la defunción del  carismático representante del segundo eslabón de la saga horchatera y gran impulsor de este producto, la horchata comenzaba a salir de su reducto de Alboraya y a superar el carácter estacional que suelen vincular su consumo al calor estival. No obstante, quedaba mucho por avanzar. Horchaterías como Dolz o Rin ejercían de embajadoras en la capital, aunque sin alejarse demasiado en la distancia de su cuna alborayense.

Daniel Tortajada consiguió que la horchata saliera de su reducto de Alboraya y llegara hasta la Moncloa y la Zarzuela

Por aquel entonces, Daniel Tortajada llevaba años sembrando el prestigio de su producto. No dudaba en regar con horchata toda celebración o acto en el que le pidieran estar presente. El pasodoble que compuso en su honor Manuel Berna se popularizaba al ritmo que él obsequiaba con su líquido nutritivo. Sí, porque había logrado esa consideración y la horchata ya era bastante más que una bebida refrescante.  Además, todos los años remitía horchateras al palacio de la Zarzuela y al de la Moncloa para que sus poderosos inquilinos degustaran su contenido. No le faltaba detalle por cuidar.

El Día de la Horchata, con reparto a todos los conductores que entraban o salían de Alboraya a lo largo de un par de horas de una jornada de principios de julio, se había convertido ya en un clásico en la cobertura de los medios de comunicación. Años después esta sabrosa tradición se extendería a Valencia.

La horchatería Daniel ejercía, en la práctica, de frontera y de bienvenida de Alboraya. Su estratégica ubicación, en el mismo vestíbulo de la población, la convertía (y lo sigue haciendo) en atractiva para foráneos, ya que sea para mostrársela a algún amigo o familiar o para acudir en autobuses que completaban con una deliciosa merienda a base de horchata y fartons una jornada guiada por Valencia.

Desde entonces, y con el terreno ya abonado, la bebida se ha convertido en un emblema, ya no solamente de Alboraya, sino de la propia capital autonómica y su área metropolitana. La eclosión del turismo y de la mercadotecnia que lo envuelve ha establecido una hábil sinergia con el trabajo constante del Consejo Regulador, del Gremio de Horchateros, de la propia familia Tortajada, de los operadores turísticos, de supermercados, de la familia Polo y de una larga lista de actores.

La ingesta de horchata forma parte ya del protocolo turístico de cualquier visitante. Antes o después de haber tomado ese día la tradicional paella y una jarra de sangría o un vaso de tinto de verano

La ingesta de horchata forma parte ya del protocolo turístico de cualquier visitante. Antes o después de una tradicional paella y una jarra de sangría o un vaso de tinto de verano llega ese vaso de horchata acompañado de fartons. Y para quien no le gusta, la gama de derivados de la chufa, el tubérculo básico horchatero, resulta tan amplia que sobrepasa los estantes de la alimentación y llega hasta el agua micelar. Todavía tiene bastante margen de crecimiento comercial y simbólico la clásica horchata artesana valenciana.

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