15 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Tensionar la campaña

Rajoy durante un mitin en La Coruña posterior a la agresión.

Rajoy durante un mitin en La Coruña posterior a la agresión.

El brutal puñetazo a Rajoy ha sido asumido con contención por él mismo y por todo el PP. Aunque muchos volviesen la vista al lunes cuando Pedro Sánchez decidió romper la calma de la campaña

Hay estrategas socialistas que avisan, preocupados, de las consecuencias electorales de que Pedro Sánchez llamase indecente al presidente del Gobierno. Apuntan una teoría interesante: “Ahora la parte del centro derecha que estaba llena de dudas y meditaba quedarse en casa o votar a Ciudadanos se ha sentido atacada directamente. Insultando a Rajoy, Sánchez lo ha convertido en víctima ante los suyos. Eso sólo sirve para robustecer el voto del PP”. Basta con hablar estos días con gente de Génova 13 para ver que las embestidas contra Mariano Rajoy lo han convertido, a ojos de muchos compañeros, en un líder nuevo.  Puede ser que el dirigente socialista haya despertado el orgullo del votante tradicional del Partido Popular, que estaba desligado.  No hay cosa que active más a un partido que sentirse maltratado por los  rivales.

Aunque, a decir verdad, la mayor parte de los mandatarios socialistas con los que he podido hablar están de acuerdo con el nuevo rumbo de su secretario general. Alaban, principalmente, el arrojo que ha demostrado Sánchez “echándole en cara al presidente del Gobierno lo que está en la calle desde hace años”. Igualmente, elogian el acierto del momento escogido para dar el paso: “Seguir por el mismo camino dejaba nuestra puerta abierta de par en par para que los cacos siguieran robándonos nuestros votos de siempre”, señala un mandatario del PSM cercano a Rafael Simancas.

Ver las intervenciones del nuevo Pedro Sánchez pone de manifiesto que si traspasó las líneas rojas de la cortesía política fue por razones estratégicas. Pese a los riesgos de todo tipo que trae tirar demasiado de la cuerda y “romper” la campaña. Desde el debate del lunes el candidato del PSOE no se quita de la boca apellidos como Rato y Bárcenas, o asuntos como los SMS de Rajoy a su ex tesorero y la reforma “pagada con dinero negro” de la sede popular de Génova 13. Por miedo a regalar votos a las fuerzas emergentes, el socialismo había decidido hurtar esos temas de sus argumentarios. Se arguyó que enzarzarse con el PP sobre temas de corrupción les conduciría al “Y tú más” tan denostado por los ciudadanos. Temieron que de esa pelea sacasen ventaja exclusivamente los nuevos partidos, que tanto habían engordado la idea de un bipartidismo que “tapa” las vergüenzas del sistema.

Sin embargo, en el cuartel general socialista algunos se quejaron de lo plácida que estaba resultando la marcha de los populares hacia el 20-D. “Hay que tensionar la campaña”, insistían. Voces críticas en Ferraz 70 lamentaban que su partido hubiese sacado de la agenda los temas de corrupción que afectan al PP. “Fue un error”, apunta (firme) un VIP socialista con quien converso. Y los primeros días de campaña dieron la razón a esas voces disonantes. Los “tracking” y las “calas” en grupos de ciudadanos ratificaron que su candidato se iba diluyendo con el paso del tiempo. Estaba siendo  arrollado, sobre todo, por Podemos. “Tocaba el volantazo, porque si no el final estaba escrito”, cuenta mi fuente.

Cosa diferente, por supuesto, es saber si este desconocido y agresivo Sánchez conduce al PSOE al objetivo deseado: retener a esos antiguos votantes que manifiestan estar más ilusionados con el discurso de Pablo Iglesias. Eso sólo se podrá saber el domingo que viene. Cuando se abran las urnas. Veremos si, al final, los deseos se convierten en realidad o, por el contrario, lo único que se consigue es hacer crecer los votos de Mariano Rajoy y que el PP llegue a una cifra de diputados mayor que la que han venido vaticinando las encuestas durante la campaña electoral. 

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