27 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El sueño de David y Marta se cumple: la frase que pone los pelos de punta

Su historia, la que no ha salido en los titulares, merecía un final feliz. Ellos lo sabían, su familia lo sabía y no tiró la toalla nunca. Las palabras del padre de la joven son aplastantes.

La familia no perdió la esperanza en ningún momento y tenían motivos para creer en un final feliz. Con ayuda de las autoridades malasias y de la solidaridad ciudadana (no tanto del Gobierno español), en ningún momento tiraron la toalla y sus esfuerzos han dado el mejor de los frutos: Marta Miguel y su novio David Hernández, los dos españoles desaparecidos en Malasia el lunes de la semana pasada tras el naufragio de una lancha en la que viajaban frente a la isla de Borneo, han sido encontrados con vida por los equipos de rescate marítimos a bordo de su lancha rumbo a Vietnam.

El Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación ya ha confirmado que los dos jóvenes han sido rescatados con vida y se encuentran de regreso al estado de Sabah, en la costa norte de la isla de Borneo, donde les espera la cónsul española. David y Marta han sido localizados junto con sus dos compañeros de viaje, el empresario chino Tommy Lam (dueño del resort donde ambos trabajaban), y otra ciudadana malasia por pescadores vietnamitas, según ha confirmado el director general de la agencia marítima malasia, Datuk Ahmad Puzi Kahar. 

Tal como adelantó Luis Miguel, el padre de Marta, a ESdiario ambos tenían la formación suficiente en supervivencia como para resistir hasta que fueran encontrados y así ha sido. Era su sueño, habían conseguido realizarlo y eran felices cumpliéndolo desde que se instalaron en enero de este año. No podía terminar mal y no lo hará. Dejaron su vida en Madrid, "lo vendieron todo, su casa, sus coches, todo", "sabían que allí podían aportar mucho" y habían conseguido lo más difícil en la vida de una persona: ser felices haciendo lo que les gustaba.

Con amplia formación ambos, no era el caso de que tuvieran una situación desesperada en España y decidieran emigrar en busca de algo mejor, nos cuenta el padre de Marta. Tenían una buena vida en Madrid, Marta tenía un buen trabajo en una empresa de videojuegos, hasta había llegado a "codearse" en alguna ocasión con el Rey Felipe VI, como se puede ver en las fotos que ha facilitado la familia a este diario.

Pero no se sentían realizados. Al viajar de vacaciones a Malasia por primera vez se enamoraron del país y se liaron la manta a la cabeza dispuesto a aportar toda su capacidad allí donde iba a ser bien recibida y valorada. 

Comenzaron trabajando en un resort a cambio de alojamiento y comida con la intención de mejorar su funcionamiento y encontraron su lugar en el mundo. Tan bien se integraron y tan valorado fue su trabajo, que el dueño del resort (con el que viajaban en la lancha cuando desapareció) les ha cedido la propiedad de un restaurante en bruto para que lo gestionen. Su intención, antes del susto, era arreglarlo contratar máquinas con su dinero y poner un bar de tapas que comenzaría a funcionar con un horario desde las siete de la tarde a las dos de la mañana. Era su proyecto y ahora podrán continuar con él. 

Lograron mejorar el funcionamiento del resort, los conocimientos de marketing de Marta incrementaron las visitas al hotel. La última visita "sorpresa" que hicieron a España fue el 16 de abril y cuando volvieron el día 26 estaban tan contentos de hacerlo, de volver con sus amigos, de volver al sitio en el que han alcanzado la plenitud y la tranquilidad que no tenían en España tal como se puede ver en su blog de viajes Relaja la raja... y viaja, donde ambos plasman lo que están viviendo en su nueva patria.

La frase de Luis Miguel no puede ser más emotiva y reveladora: "Aquí la vida no les llenaba. Mi hija se mordía las uñas cuando se marchó y ahora ya no lo hace. La crecen las uñas. Me las tengo que cortar papá porque no tengo ansiedad". 

Ahora Marta y David ya pueden seguir con su sueño. Todo quedó en un susto gracias a su fuerza, a su formación y gracias a una familia que no tiró en ningún momento la toalla por ellos.

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