La ciudad no es para mí. Inmovilismo urbano

Mercadillo en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia. Foto: Las Provincias

Mercadillo en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia. Foto: Las Provincias

"Nadie imaginaría la Grande Place, la de la Republique, el Duomo… con ese aspecto de mercadillo de entresemana que tanto le agrada a Ribó. Se trata de destruir la imagen, de bajar el nivel..

Mis vecinos de escalera parecen haber dejado de dar cuerda a un reloj de pared que yo oía marcar las horas desde mi casa. Y he pensado en el famoso tango. En la prensa local -no en la subvencionada o amigada, claro- he leído varias noticias o comentarios recientes sobre el estado de la ciudad de Valencia. Cutre la calificaba alguno. Sucia y sin proyección, sentenciaba una opinión fundada y experta.

Probablemente tampoco se da cuerda al reloj municipal, porque la cuerda propia, la de los suyos, es la que importa. Esa está bien engrasada y alimentada, y una suerte de inmovilismo urbano –por mucho, o precisamente por, que la movilidad sea el plato estrella del menú consistorial- es el resultado de tanta ocurrencia.

Menos limpieza, menos policía (literalmente cuidado y limpieza), más desorden, más atascos y menor eficiencia del transporte público.

Lo de los cuatro milloncejos furtats de la EMT me tiene perplejo. Esos pelillos a la mar, resultarían escándalo diario en los medios si el responsable fuera un político de derechas y ya estaría en los juzgados con nombre y apellidos, para regocijo de tantos jueces y fiscales que no disimulan su satisfacción cuando les toca actuar contra aquéllos, contrastando con su comprensión de la debilidad –o de la necesidad- humana en otros casos.

También es cierto que no recuerdo gobiernos con tantos jueces (Delgado, Marlaska, Robles … y no sé si me dejo alguno porque los hay que me pasan desapercibidos) ni, por supuesto, tan manipulador de lo jurídico -de la verdad, en realidad- como éste.

Ha habido valencianos entre esos patriotas de la xenofobia antiespañola que han rendido homenaje al sinvergüenza de Torra, cuya proximidad ideológica a las coaliciones que mandan en Generalitat y Ayuntamiento es natural

Ni unos, ni otros, se han hecho eco del mensaje final de Jean Claude Junker el pasado martes: “Cuidad de Europa. Y combatid, con todas vuestra fuerzas, los nacionalismo estúpidos y obtusos. Viva Europa”.

Sin embargo ha habido valencianos entre esos patriotas de la xenofobia antiespañola que han rendido homenaje al sinvergüenza de Torra, cuya proximidad ideológica a las coaliciones que mandan en Generalitat y Ayuntamiento es natural. Y no faltan personajes de Compromís que, a título personal, proclaman su simpatía por los sediciosos sin reparo alguno.

Es ése el auténtico rostro del inmovilismo que tiene en la otra cara -y que nadie se me ofenda- esta Valencia paleta, fiel reflejo de su edil principal.

Nadie imaginaría la Grande Place, la de la Republique, Oxford Circus, la della Signoría, el Duomo … con ese aspecto de mercadillo de entresemana que tanto le agrada a Ribó. Se trata de destruir la imagen, de empobrecerla, de bajar el nivel … en esa famosa fórmula de igualitarismo por abajo que es ilusión de los mediocres. (Piénsese en Venezuela, siempre en mi corazón)

Que nadie se extrañe. ¡Cuánto peor mejor! es la máxima de algunos que no pierden oportunidad de practicar.

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