El rebrote de la violencia de género con la pandemia

Un 61% más de llamadas realizadas al teléfono 016, en total unas 18.700, no es desde luego una tontería

Los últimos asesinatos en Baeza no los comprende nadie, no se entiende, y conmueven a todos los ciudadanos esos acontecimientos tan salvajes, dramáticos, de unos homicidios parricidas que ni los investigadores sabrían que motivó a esa persona para ejecutarles de esa forma tan personal, a cuchillo, y que después se quitara la vida. Violencia brutal, terror real.

En los comentarios que escuchamos sobre el caso, muchos piensan que por qué no empezó por él mismo y dejó a su familia en paz seguir con sus vidas, por complicadas que estas sean. Sin duda, en el género de la novela negra sería un caso con tintes de una maldad sin precedentes, pero realmente terrible y angustiosa, más aun, pensando que es tu propia familia la que quiere acabar contigo. Tal vez nunca sabremos que pasó por la cabeza de ese asesino.

Ojalá se pudiera haber evitado.

A menudo oyes por los expertos que no hay un perfil criminológico de estas personas a las cuales les pasa por su cabeza cometer súbitamente un asesinato; sin embargo, en estos días a todo se le pone nombre y obviamente creo que faltan estudios empíricos sobre estos temas para que esos perfiles determinados aparezcan y se clasifiquen.

Si hay que afirmar que en el caso de los pensamientos destructivos y repentinos en una persona nadie puede detectar y anticiparse a ese tipo de acciones violentas sin datos, sin información, sin alguna aportación que se pueda estudiar y valorar, estos asesinatos son casos de difícil entendimiento en el que no comprendemos ¿qué le motivo para hacerlo?... ¿por qué hacer algo así?...

Por otra parte, debería de haber información añadida en las bases de datos policiales referentes a todos los tipos de violencia (partes de supuestos ilícitos) y así, enjuiciados los casos o no, tendríamos alguna información referente precisamente para poder saber la frecuencia de violencia de determinados sujetos.

Habitualmente nos presentamos en intervenciones en los que los agresores son los mismos, tienen práctica en la agresión, intimidación, amenazas y constancia en las mismas, pero quedan impunes debido a que no son denunciados por las víctimas, por miedo o simplemente para evitar posibles problemas. Algunos de estos individuos son hábiles en su verborrea y utilizan un vocabulario amable con la policía para despistar, pero son los de siempre.

Hoy nada más escuchar las noticias indicaba que en el confinamiento y después de tres meses la violencia de género, familiar, aumentaba un 61% por las llamadas realizadas al 016, unas 18.700 llamadas no es desde luego una tontería. Piensen también en aquellas personas que no se atreven ni a contarlo, que su miedo es tal que piensan que lo mejor es ocultarlo, así como esas mujeres que tienen otros tipos de dependencia de urgencia, como la económica, la social, y sobre todo la preocupación por sus hijos.

También han aumentado los acosos por medios tecnológicos de comunicación personal de una forma preocupante, pues aquí si es posible que sea “un anuncio de algún mal” que más tarde o más temprano se pueda producir, por lo tanto la alerta se debe de producir, así como el aumento de la vigilancia y de la seguridad.

Hace bien poco asistí a un curso de experto en temas sobre la violencia de género impartido por profesores de la universidad de Alicante, en la que ya me indicaba mi compañera Eva García Lara que eran en España “la Creme de la creme” de la lucha contra la violencia de género, no sólo por sus iniciativas y su constante actividad, también porque están trabajando en aquellas cuestiones que son necesarias para hacer cambios en la Ley, así como las cuestiones sociales y asistenciales.

En el curso, muchos de estos docentes creo que se quedaban sorprendidos por los comentarios de los alumnos de cómo se trabaja en cada municipio y de la falta de coordinación, organización y preocupación que existe generalmente, incluso en lugares que son referentes en la lucha y un ejemplo a seguir, en la que todavía faltan recursos, acciones, apoyos para mejorar aquellos grupos especializados. En muchas policías locales hay uno o como mucho dos personas encargadas en la violencia de género, cuestión criticable, por no ser una medida que pueda garantizar nada. En otros sitios no tienen a nadie.

Con la pandemia hubo un punto y aparte, y se olvidó un poco estos temas que tanto nos abruman o nos sorprenden en las noticias, dignas de un guion de cine. Nada dura para siempre y volvemos a la normalidad poco a poco, y nos damos cuenta que dejamos las cosas igual que siempre. Pero han empeorado, tal y como era predecible.

Es necesario seguir trabajando en la prevención y en los grupos especializados, así como en la constante preparación, sensibilización, formación de los equipos de trabajo. Necesitamos establecer vínculos de trabajo en equipo con otras policías o Cuerpos de Seguridad cuales sean, con los centros médicos, con servicios sociales, con el juzgado, con los Ayuntamientos, lo importante son los resultados y es la funcionalidad, estabilidad y evolución en positivo de esos grupos.

*Oficial de Policía Local. Grupo EmeDdona.

 

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