04 de diciembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Villarreal 1 - Real Madrid 1: Mariano acelera y Zidane frena

El Real Madrid no supo aprovechar la ventaja que le dio el gol marcado por Mariano nada más comenzar el encuentro y acabó empatando un partido en el que Zidane no estuvo fino en los cambios.

Mariano acelera y Zidane frena. Un gol del hispanodominicano a los dos minutos y unos cambios que desmadejaron al Madrid del técnico francés provocaron que el equipo blanco no pasara del empate (1-1) ante el Villarreal en La Cerámica después de que un penalti de Courtois a Chukwueze fuera transformado por Gerard Moreno poniendo las tablas en el marcador.

El Madrid fue de más a muy menos, y el Villarreal, espoleado por sus cambios y por un fenomenal Gerard Moreno, acabó acogotando a los blancos. Empate justo y sufrido, pero a este Madrid, pese a las ausencias, hay que exigirle más.

Como el Madrid afrontaba el partido con unas cuantas bajas, algunos dejaron el suelo encharcado. Las ausencias de Sergio Ramos, Casemiro y Benzema, parte de la columna vertebral zidanista, provocaron la inmensa llantina de los que no se aprendieron aquello que dijo en su día Jose Mourinho cuando entrenaba a este equipo: “No lloro por las lesiones, es fútbol”.

Y cuando el partido apenas había comenzado, Mariano cabeceó en plancha en el área pequeña un centro de Dani Carvajal que más que un gol fue pisar lo fregao. O lo llorao. 0-1 en el minuto dos, en una jugada en la que pudo haber fuera de juego en un pase a Lucas Vázquez que no llegó al gallego y que, por tanto, no intervino en la jugada.

Lo de Mariano es digno de estudio. O lo de Benzema, como prefieran. Con el francés, el Madrid circula en un coche de representación. En un Rolls Royce, cuero, maderas nobles, terciopelo, ni un ruido. Pero hay veces que los de Zidane necesitan ir en un Ferrari o un Lamborghini, tener el ruido del motor en el cogote, hacer chirriar los neumáticos, ir a toda pastilla.

Si con Karim el Madrid toca y toca y se desmarca y se desmarca, con Mariano el Madrid juega a toda pastilla. Un poco como con Cristiano. Pero claro, Cristiano era el Mercedes AMG de Lewis Hamilton y Mariano es un Chevrolet Camaro: va rápido, mola, pero no es lo mismo. Sus limitaciones técnicas, eso sí, no pueden dejar de lado que lo da absolutamente todo sobre el césped. Y es eso, y no otra cosa, lo que se le pide a un jugador del trece veces campeón de Europa.


El primer tiempo, más allá del gol de Mariano, sirvió para comprobar la elasticidad de los tobillos de Hazard (Mario Gaspar se empeñó en probarla en cada balón dividido) y para observar cómo con Kroos-Modric-Odegaard en el medio también se puede defender bien. Y sin necesidad de Casemiro, al menos mientras les aguanta el resuello.

Los tres mantuvieron un porcentaje de efectividad tremendo aunque adolecieron de filo: el Madrid encontraba más ocasiones (pocas, en todo caso) en las incorporaciones de Carvajal y en las apariciones destartaladas de un Lucas Vázquez que en defensa era, también Agustina de Aragón, trabajando por todos sus compañeros

Sólo Gerard Moreno, un quebranto para Mendy, ponía picante en el Villarreal. Pero era tan poco que sólo un rematito alto de Parejo de cabeza tuvo algo de peligro antes de que los dos equipos enfilaran el túnel de vestuarios. Suya fue la ocasión más clara del partido de los amarillos a los diez minutos de la reanudación: un error catastrófico de Kroos en un saque de puerta permitió al delantero amarillo recibir un balón filtrado que remató duro, pero excesivamente cruzado ante Courtois perdonando el empate. Al Madrid, por aquel entonces, le comenzaron a pesar los muchos kilómetros de las selecciones y los pocos kilómetros de los que apenas habían contado hasta entonces.


A esas alturas de partido, Hazard era ya un espectro. Sólo apareció en la foto por la insistencia antes comenzada de Mario Gaspar en probar su resiliencia a los toquecitos en el tobillo. Al belga se le está poniendo cara de Kaká, y también juego. Del Kaká madridista, por especificar. El cuerpo, de momento, no acompaña la impresión.

Emery aprovechó para menear el avispero e hizo un triple cambio metiendo a Yeremi, Estupiñán y Samu, y este último avisó nada más salir, diez minutillos antes de que un tremendo centro del segundo lo mandara Parejo con destino Castellón, y luego otro remate desviado de Albiol. Salir con los tres puntos del Estadio de La Cerámica apuntaba a milagrito porque el Madrid vivía sumergido en el agobio mientras las pilas de Kroos y Modric se iban agotando.


Pifia de Zidane con los cambios 

El disidente Isco, a todo esto, ya estaba sobre el campo, pero al trote. Esa diferencia de su juego con respecto a lo que daba el noruego tal vez tenga algo que ver con lo mal que lo pasaron los de Zidane en ese tramo de partido. Vinicius, por cierto, también salió desde el banquillo, pero era el hombre invisible: no anduvo nada acertado Zidane con los cambios, porque dejó al Madrid desvalido ante sus angustias.

La tragedia se desencadenó con un penalti estúpido, por medir mal, de Courtois. Un pase que parecía larguísimo de Estupiñán lo corrió Chukwueze y el belga lo derribó. Gerard Moreno transformó el penalti con una carrera a cámara lenta, repleta de suspense. Empate y quince minutos por delante, y un susto morrocotudo del propio internacional español, desbaratado por un Varane que estuvo velocísimo para evitar el gol.

Salió Asensio de falso nueve, Emery tuvo el buen gusto de poner un par de minutillos a Take Kubo, a quien le dio tiempo a dar un buen susto a Courtois, y el partido murió con el Madrid con las canillas temblando y el Villarreal sonriendo por un empate que les sabe a gloria.

 

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