15 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las mujeres de Rivera y Sánchez y otras anécdotas no vistas del debate

Dos participantes se hicieron acompañar por sus parejas, las caretas de UPyD, el bautismo del dúo Errejón-Iglesias y la cuadrilla torera de Ciudadanos fueron sólo algunas de las vivencias.

Dos horas de debate fue lo que se pudo ver en antena. Pero para llegar a ese periodo de tiempo las horas invertidas en Atresmedia han sido casi infinitas. Y es que llegar a situar a los cuatro invitados en el Estudio 10 de la sede de San Sebastián de los Reyes se ha perdido la cuenta de lo que se ha necesitado bajo la batuta de Javier Bardají.

A las siete y media de la tarde el cuartel general de la división radiofónica y televisiva de Planeta se encontraba en estado de ebullición. Con la sede iluminada al estilo de una gala de Hollywood, en el interior se daban los últimos retoques para la llegada de los cuatro invitados. Por si acaso, hasta se había habilitado un photocall interior, no fuera a ser que hiciera acto de aparición repentino la lluvia. La larga alfombra roja por la que desfilaron Pablo Iglesias, Albert Rivera, Pedro Sánchez y Soraya Sáenz de Santamaría había sido protegida durante todo el día.

Cerca de trescientas personas contratadas a través de agencia hacían cola para entrar en el plató, donde Ana Pastor, todavía con ropa de calle, aparecía para dejar los cuatro instrumentos de los que se sirvió durante el debate: dos rotuladores fosforescentes para señalar y otros dos para escribir.

Mientras tanto los equipos tuiteros de los cuatro partidos tomaban posiciones.

A Isabel Díaz Ayuso, valor al laza en las filas populares, se la pudo ver haciéndose un selfie con el doctor Bartolomé Beltrán, que estuvo en los lugares más insospechados hasta el punto de que algunos malvados se preguntaron si estaba de guardia por si a algún invitado le daba un síncope

A Isabel Díaz Ayuso, valor al alza en las filas populares, se la pudo ver haciéndose un selfie con el doctor Bartolomé Beltrán, que estuvo en los lugares más insospechados hasta el punto de que algunos malvados se preguntaron si estaba de guardia por si a algún invitado le daba un síncope.

La apuesta de Atresmedia por el debate incluyó que la mayor parte de su personal se endosase un polo negro con el lema 7-D. El debate decisivo. Mientras la coordinación del plató y las cámaras tenían sus preocupaciones, otros estaban pendientes de lo que estaba sucediendo a las puertas del decisivo.

 

Allí se plantó el líder de UPyD, Andrés Herzog, enfundado en un abrigo y acompañado por una veintena de militantes magentas para protestar por no haber sido incluido en el debate. Herzog, a cara descubiera, uniformó a los suyos con caretas que reproducían su rostro. Antonio García Ferreras, que andaba dando una vuelta para ver la temperatura, se acercó a saludar a Herzog.

El gesto lo repitieron después el presidente de Planeta, José Creuheras, y el de Atresmedia, Silvio González, que aguardaban junto a otros responsables la llegada de los vehículos con los participantes.

En la acera de enfrente una concentración de Podemos esperaba la llegada de su líder, que no les defraudó. Al pasar con el coche sacó la mano por la ventanilla haciendo la señal de victoria y cerrando el puño. A los gritos de "Sí se puede" y "Pablo presidente", Pablo Iglesias, que parecía un rockero con un abrigo largo y sus vaqueros, se acercó a saludar a sus fans. Lo mismo hizo Iñigo Errejón, bautizado por algún presente como "El lactante" o el niño de Iglesias. De hecho, los de Podemos fueron los únicos que posaron juntos al lado de Creuheras y González.

Los podemitas pusieron banda sonora a la llegada de los otros candidatos. Silbidos a Pedro Sánchez, Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría -que también recibió algún tímido grito de apoyo-, capeados con la mayor indiferencia. En ese sentido, el de Ciudadanos tenía su morbo al encontrarse casi al apearse de una flamante furgoneta Mercedes de ocho plazas -el vehículo ya llamó la atención la semana pasada cuando llegó con él a la Universidad Camilo José Cela en Madrid- con UPyD, partido al que Ciudadanos ha dejado prácticamente sin sustancia. Pero no hubo nada de nada.

Al contrario.

El circo del candidato Rivera fue a contrarreloj. El líder naranja llegó, se atusó en un gesto muy suyo la solapa del traje y casi saltó de la furgoneta. "Parece la furgoneta de un torero", le susurraba un presente a otro

El circo del candidato Rivera fue a contrarreloj. El líder naranja llegó, se atusó en un gesto muy suyo la solapa del traje y casi saltó de la furgoneta. "Parece la furgoneta de un torero", le susurraba un presente a otro.

Por último Soraya Sáenz de Santamaría anunció su llegada de una forma sutil con la colocación de una escolta de paisano en el lugar en que debía parar su coche. La vicepresidenta conversó brevemente con Herzog y saludó a la periodista de La Razón Cecilia García mientras se reunía con su equipo. El síndrome Moragas se extiende, por cierto: Papi Ayllón también apareció cargando con una mochila al hombro.

Los séquitos del debate

José Luis Ayllón no fue el único que acompañó a la vicepresidenta, seguida por su jefa de gabinete, María González Pico, así como por Sonia Sánchez Mulas y Federico Ramos.

Para escoltar a Sánchez acudieron su esposa Begoña Gómez, César Luena, Óscar López, Rosario Ruiz y Verónica Fumanal.

Albert Rivera también se hizo acompañar por su pareja, Beatriz Tajuelo, y responsables de su partido como su jefe de gabinete, José Manuel Villegas; el secretario de Comunicación, Fernando de Páramo; el de Organización, Fran Hervías; y su jefe de prensa, Daniel Bardavío.

Pablo Iglesias optó por apoyarse en Iñigo Errejón, su coordinadora Irene Montero, su jefa de prensa Laura Casielles y el diputado autonómico madrileño y uno de los cerebros de redes sociales del partido, Eduardo Fernández Rubiño, así como por David Rodríguez.

El micro de Sánchez y una regidora de armas tomar

Ya en el Estudio 10 el momento de la foto de los cuatro participantes se retrasó por culpa de Pedro Sánchez. Y es que al socialista se le cayó el micro y se negó a ponérselo en el plató. Un directivo del grupo tuvo que ponerle las pilas por el retraso que estaba generando.

Se notó, vaya, porque una regidora de armas tomar se desgañitó a voces para evitar que alguien pisara el travelling de una de las cámaras. Mientras tanto, Páramo (C's) y Montero (Podemos) comentaban el escenario de forma distendida. Los asesores de PP y PSOE prefirieron departir con los jerarcas de Atresmedia.

Por cierto, que la responsable podemita y el ciudadano llamaron la atención. Éste, por el tic de recolocarse el flequillo; la otra, por ir pertrechada de tableta, carpeta y unas llamativas botas de montaña Quechua.

Con el debate ya en marcha -las condiciones exigían que no había posibilidad de usar pinganillos o móviles, lo que en el caso de la vice fue de suyo porque se lo dejó en casa- sólo hubo oportunidad para que uno de los asesores entrase a hablar con su jefe. Por el PP lo hizo Ayllón; por el PSOE, López; por Ciudadanos, Páramo; y por Podemos, Errejón.

Con el debate ya en marcha -las condiciones exigían que no había posibilidad de usar pinganillos o móviles, lo que en el caso de la vice fue de suyo porque se lo dejó en casa- sólo hubo oportunidad para que uno de los asesores entrase a hablar con su jefe. Por el PP lo hizo Ayllón; por el PSOE, López; por Ciudadanos, Páramo; y por Podemos, Errejón.

A esas alturas el nivel de tuits llegó a alcanzar más de millón y medio. Los dos bloques de publicidad de los descansos, a las 22.52 y las 23.54, fueron pagados a precio de oro. Para entonces Iglesias ya se había hecho un Camacho,  como lo definió un responsable de Informativos de la casa, con los llamativos chorretones en las axilas. Nadie le previno al líder de Podemos, que comenzó quejándose del frío en el plató, que con una camiseta bajo la camisa se hubiese ahorrado ese problema.

Con el final llegaron los corrillos y, a decir verdad, nadie tuvo la sensación de haber salido de allí perdedor. Muchos abrazos y mucha atención por parte de los participantes y sus equipos a la valoración de los directivos de la cadena hasta el punto de que recordó a los participantes de un talent show conversando con sus jueces.

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