17 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Mazda y su “lección” de aprovechamiento con el CX-30

El segundo modelo de la nueva generación de vehículos de la marca japonesa es un aventajado en la explotación del espacio y el combustible gracias al nuevo motor Skyactiv X.

El Mazda CX-30 es un nuevo contrincante del segmento de moda en la automoción, un crossover de 4,4m que juega la baza de un tamaño contenido con un interior suficientemente amplio para ejercer de coche familiar a aquellas parejas sin hijos (o con uno) que buscan la diferenciación que ofrecen estas carrocerías que destilan pasión por la vida activa. Situado a medio camino del CX-3 y del CX-5, la canibalización de ventas será inevitable, y no se llama CX-4 porque en China ya se vende un modelo con esta denominación. 

Que esté derivado del Mazda 3 es desde todo punto la mejor noticia para este nuevo modelo. La calidad percibida y el ambiente premium que se respira en cada detalle acerca como nunca antes a la marca a ese segmento de lujo en el que quiere encuadrarse desde hace tiempo, aunque por el contrario ha dejado algo “antiguos” al resto de modelos de la gama. Su estética minimalista desprende mucha elegancia, y su carrocería está muy equilibrada gracias a la pureza de todas las líneas.

 

Uno de los aspectos en los que Mazda más se ha esforzado es en la calidad de rodadura, y ahí la tecnología Skyactiv-Vehicle Architecture de nueva generación ha sido clave. El resultado es un habitáculo en el que el silencio cobra protagonismo y nos acerca de nuevo a esas sensaciones premium. Ese silencio permite disfrutar de las bondades del chasis y el motor. El primero, gracias al sistema de tracción integral i-ACTIV AWD que se coordina a la perfección con el G-Vectoring Control (GVC), ofrece un rodar dinámico pero con mucho confort.

La vida a bordo del nuevo Mazda CX-30 hace de él un modelo premium

Entre sus motorizaciones, el Skyactiv-X con su revolucionario sistema de encendido por compresión controlado por chispa (SPCCI), un concepto de combustión que combina la elasticidad de un motor de gasolina con la respuesta de un diésel, es el protagonista absoluto. Este bloque consigue 60CV más que el Skyactiv G de acceso, emite un 10% menos de CO2 y tiene un sobrecoste de apenas 2.000 euros. Al volante del mismo las sensaciones son las de un motor muy lleno en todo el régimen de revoluciones, pero no debemos esperar un bloque de carácter eminentemente deportivo. Su consumo homologado es de 4,6 litros y sus emisiones de 105 gramos, al nivel del Lexus UX250H.

 

A nivel de equipamiento, además de la llegada del renovado sistema Mazda Connect, más rápido, fácil de usar y con toda la conectividad a bordo ya disponible, el i-Activsense. Implica llevar de serie  detección de fatiga, frenada de emergencia, control de luces de largo alcance, control de ángulo muerto avanzando, detector de tráfico trasero, alerta de cambio involuntario de carril con asistente de mantenimiento, reconocimiento de señales de tráfico, asistente de velocidad inteligente o control de crucero adaptativo.  El precio arranca en 27. 750 euros y alcanza en la versión Skyactiv-X 2.0 de 180 CV AWD los 40.675 euros, aunque se pueden ahorrar casi 4.000 euros con la campaña de descuento y la financiación.

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