20 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La caída de la ministra de Justicia haría inviable al propio Sánchez

 

 

La ministra de Justicia parece tener los días -o las horas- contadas, en lo que sería la tercera salida del Gabinete de  Sánchez en el tiempo récord de apenas cuatro meses, un hecho sin precedentes en la historia democrática que dejaría muy dañado al propio presidente, en caída libre ya por sus propios deméritos académicos.

La difusión de siniestras conversaciones entre Dolores Delgado, el comisario Villarejo y el exjuez Baltasar Garzón confirma, más allá del fondo, que la ministra mintió deliberadamente al negar toda relación con el policía que parece estar detrás de todos los escándalos y filtraciones de la política española. Y eso, en sí mismo, es motivo suficiente para abandonar sus responsabilidades.

Sánchez no tiene derecho a bajar el listón de la ejemplaridad. Y es su falta de ella la que empieza a hacer inviable a su Gobierno

Y luego está el fondo, que merece varias reflexiones. La primera, sobre su propia existencia y difusión: es inquietante que en este país existan cloacas capaces de acumular documentación de todo tipo para soltarla en el momento oportuno, años después tal vez, con intenciones que tienen poco que ver con la higiene pública.

Pero la segunda, una vez conocido el contenido, también es relevante, pues demuestra la subordinación o complicidad de la ministra de Justicia con personajes siniestros que, en la actualidad, parecen ejercer las funciones de la propia Delgado desde una injustificable y opaca segunda fila.

 

 

Que un exjuez expulsado de la carrera por prevaricación, quizá el delito más grave para su profesión, pueda ser el ministro de Justicia en la sombra, es inadmisible y pone en entredicho todo lo que haga la titular formal del cargo.

Finalmente, la exigencia máxima de ejemplaridad lleva camino de convertir en inviable a casi cualquier aspirante a cargo público, en una atmósfera irrespirable en la que se entremezclan el deseo razonable de transparencia con la impúdica caza de brujas.

Es inquietante que en España se confunda el razonable deseo de transparencia con la mera caza de brujas

Siendo esto cierto y preocupante, hay que achacárselo en última instancia a quien hoy lo padece, el presidente Sánchez. Fue él quien apeló a ese criterio para justificar su acceso a La Moncloa, tratando de indecente a Rajoy y a todo el PP para pedirle a la opinión pública que tolerara su llegada al poder sin urnas de por medio y con aliados independentistas.

Y ahora, por esa misma razón, no tiene derecho alguno a bajar el listón para adaptarlo a sus penalidades. Que son muchas, tantas como para empezar a hacer insostenible a su propio Gobierno.

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