Oltra: en busca del tiempo perdido y la 'magdalena' de Díaz Ayuso

De los tiempos de los abrazos se ha pasado al de las mascarillas (también metafóricas) y las críticas

De los tiempos de los abrazos se ha pasado al de las mascarillas (también metafóricas) y las críticas

La segunda máxima responsable del Consell se ha convertido en su oxímoron, en quien, paradójicamente, más reivindica contra lo que hace su propio ejecutivo y contra su socio político

El escritor francés Marcel Proust dejó una heptalogía para la posteridad que se ha convertido en altar literario de eruditos. Lucía como título genérico À la recherche du temps perdu (En busca el tiempo perdido). El protagonista y narrador, un joven con elevada sensibilidad social nacido en París principios del siglo XX, quiere ser autor de libros.

Sin embargo, las tentaciones mundanas le desvían de su primer objetivo y cae seducido por el brillo de la aristocracia o de los lugares de veraneo de moda, de manera que va dejando atrás, inexorablemente, su ilusión juvenil. No obstante, no pierde la conciencia de ese alejamiento, lo cual le impide conciliar el sueño. En ese estado de falta de descanso y pesar por haberse distanciado del rumbo fijado despunta el ya legendario episodio de la magdalena mojada en el té. El sabor que detectan sus papilas gustativas le hace retrotraerse a episodios de su infancia, evocarla. Esa infancia de ideales cuyo alcance ve cada vez más lejos mientras pasa el tiempo.

La vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, entró en los albores del verano de 2015 como un vendaval en su cargo al frente de Políticas Inclusivas (la anterior denominación de Bienestar Social le sonaba demasiado arcaica) y de Igualdad después de años de arremetidas contra el PP enarbolando el estandarte de la corrupción que carcomió al anterior gobierno.

Desde el púlpito del Consell, o desde el rol de portavoz en las ruedas de prensa de los viernes, la vida se percibe de otra manera, como el joven proustiano disfrutando de sus nuevas y poderosas amistades. Las camisetas reivindicativas dieron paso a las americanas monocolores; los gritos, a las sonrisas; y los lemas de rescatar personas, a los recortes en ayudas a niños con problemas de movilidad o con autismo, como le recuerdan cada cierto tiempo con protestas las familias afectadas y mermadas de prestaciones.

El ´atrapalotodo´ Ximo Puig

Mientras, pasan los años, el socio principal del Consell, el PSPV, adelanta las elecciones; Compromís, la coalición cuya portavocía ostenta Oltra, pierde tres diputados en el Congreso, el único que tenía en el Parlamento Europeo y dos en Les Corts, y la pandemia empieza a arrasar todo. Incluso el protagonismo de la vicepresidenta frente a un president Ximo Puig que, con su perfil institucional, lo acapara todo y atrapa a votantes de otros partidos. Los socialistas suben a costa de Unides Podem, Compromís e incluso de Ciudadanos, ya en noviembre en las elecciones nacionales. La coalición de Oltra salva el bastión de la ciudad de Valencia, Alzira y poco más.

Acaba el estado de alarma con las residencias de mayores devastadas y su gestión (competencia de Oltra) derivada en Sanidad, y Compromís trata de asomar cabeza. Primero, precisamente, votando no al estado de alarma, con su solitario diputado, Joan Baldoví, arremetiendo contra la ministra, y el conseller que puede competir con la vicepresidenta por liderar en breve a la coalición, Vicent Marzà, anunciando continuamente reparto de tablets en los coles mientras estos siguen sin recibir apenas medios de prevención por parte de Conselleria de Educación.

La similitud con Díaz Ayuso

Al mismo tiempo, la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, planta cara al Gobierno estatal con las medidas restrictivas que le querían obligar a aplicar y, después de un tensísimo pulso que ha tenido en vilo a toda España, consigue que las cifras de contagio vayan a la baja y que hasta la vicepresidenta del Gobierno, la imprevisible en sus palabras Carmen Calvo, le de la razón al decir que hizo lo adecuado cerrando los puentes vacacionales. 

Ayuso ejerce de lo que Oltra podría haber sido: una presidenta con arrestos, que se enfrenta a unos y a otras siguiendo su camino. El tiempo dirá si tiene o no razón. Mientras, la vicepresidenta valenciana se ha quedado, cinco años después de entrar en el Consell, en vicepresidenta. Con una pandemia que le ha restado todavía más protagonismo al acapararlo todo Puig y la consellera de Sanitat, ambos socialistas.

Y Oltra ha saltado

Como el aspirante a escritor, Oltra ha mordido la magdalena. Y ha saltado. Lleva dos semanas haciéndolo. Primero, reclamando 21 millones de euros más de los presupuestos; luego, reiterando que las medidas de prevención contra el covid-19 que ha dictado el Consell, de la que es la segunda máxima responsable, son insuficientes; después, enzarzándose en una discusión con más ´estética´(término que ha utilizado ella para otras cuestiones con reiteración) que contenido con el síndic del PSPV, Manolo Mata; e incluso ahora criticando al Gobierno central por los parámetros de adjudicación de residencias. Precisamente cuando la segunda ola está haciendo estragos en estos centros de mayores en la Comunidad Valenciana.

Oltra no olvida sus sueños. O el mensaje onírico que consiguió trasladar a la ciudadanía en 2015, cuando se quedó a cuatro escaños del PSPV y rozó, como mínimo, la alternancia en la presidencia. Desde entonces, como le ocurrió al joven aspirante a escritor, su ambiente ha cambiado. En el caso del personaje proustiano, por alternar con la aristocracia social; en el de Oltra, con la aristocracia política, con el mundo de los palacios presidenciales, los asesores, los coches oficiales...

Quizás la pandemia ha surtido en ella el mismo efecto que la magdalena en el narrador-protagonista de la obra de Proust. Quizás pueda concluir su obra emulando al célebre escritor francés con su libro de epílogo, titulado 'El tiempo recobrado'. En esa misión parece encarrilada. Otra cuestión consiste en que haya utilizado el camino más adecuado para sus intereses.

 

 

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