El asintomático discurso de Puig en el anodino debate de Política General

Puig anuncia una inversión de 21.134 millones hasta 2027, en 410 proyectos, que está condicionada a la aprobación de Madrid y de Bruselas.

Hosteleros y trabajadores de locales de ocio pidiendo que no se les criminalice y reclamando ayudas, los médicos internos residentes reivindicando mejoras laborales y recordando que están en primera línea de la batalla contra la  Covid-19 con salarios de becario, el comité de empresa del Hospital Universitario de Torrevieja exigiendo saber el futuro de los empleados del recinto ante su posible reversión...

 

Todo esto ocurría fuera de la burbuja cortesana. Mientras, dentro de ella, el president de la Generalitat, Ximo Puig, iba desgranando su hilvanado discurso. Que si apertura de centros de salud por las tardes a cuenta de la voluntariedad retribuida a saber cómo del personal sanitario, que si 15 millones de árboles a plantar en la próxima década, que si la tentativa de que el metro llegue hasta la ciudad sanitaria de La Fe..., así durante 82 minutos y por un acumulado de 21.000 millones en intenciones, en anuncios de Ximo. Con planes a una década vista, como si el cargo fuera sempiterno.

El presidente olvidó en los turnos de réplica los 410 proyectos incluidos en  el marco de la Estrategia Valenciana de Recuperación lo que, para la oposición venía a dejar en evidencia, la falta de fe de unos iniciativas que dependen de la financiación de Bruselas.

Con ilusión en el futuro, sí, en sus diferentes acepciones, en la de esperanza y en la de imagen generada por la fe en un dinero que llegaría del Estado y de Europa a borbotones para poder hacer frente a tantos proyectos que relancen la Comunidad Valenciana. Incluido el tan ansiado Corredor Mediterráneo con todas sus connotaciones positivas en cuanto a infraestructuras colaterales.

Como si de un año preelectoral se tratara, el president dibujó un futuro inminente de bonanza. No obstante, a diferencia de anteriores ocasiones, lo hizo con el singular condicionante de que estamos en año de pandemia. En cualquier caso, a tenor de su discurso, esa circunstancia resultaba aparentemente adicional, no determinante.

Y, además, atenuada por el último lustro de tripartito, porque, como se ocupó de acentuar Puig, la situación hubiera sido mucho peor de no haber gobernado el PSPV junto a Compromís y, más recientemente, Unides Podem.

Madrid, peor

Y, por si alguien dudara, recurrió, por alusiones o directamente, a la Comunidad de Madrid en repetidas ocasiones para mostrarla como la antítesis de lo que representa la autonomía valenciana en la lucha contra la pandemia. La imagen de la singular presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, aparecía constantemente en el subconsciente de los diputados allí presentes. Incluso Puig presentó como un logro haber suspendido las Fallas y la Magdalena el 10 de marzo, después de mascletás con decenas de miles de personas que hacían temblar el epidemiólogo más avezado.

Sí, hubo algún inciso para la disculpa, sobre todo respecto al personal sanitario, aunque soslayado por el anticipo del renacimiento valenciano, ese que ya intentó Puig en su primer mandato que terminó sin hechos relevantes y en cuyo segundo se le antoja complicado por la irrupción de la pandemia.

El parlamento del presidente contrastaba con los rifirrafes, más propios del lenguaje político habitual -seguimos en la burbuja cortesana- en las réplicas a los portavoces de la oposición, sobre todo del PP (Isabel Bonig) o de Vox (José María Lanos). Con Toni Cantó, de Ciudadanos, fue algo más condescendiente, y no porque el síndic de Cs escatimara en críticas. Puig le agradeció su constante colaboración "desde marzo" e incluso le brindó una réplica a su elevado número de asesores.

Con Bonig, aunque ella hurgara en ese flanco y en el del conseller Climent, no tuvo esa deferencia. En cambio, con Cantó sí que trató de excusarse, con un rostro en el que no parecía reflejar convencimiento absoluto, en que hacían falta más que nunca esos asesores y altos cargos debido a la elevada carga de trabajo.

Y entre anuncios, intenciones, críticas y los habituales debates estériles políticos de "y tú más" o "tu partido peor", transcurrió un debate que no aportó aparentemente soluciones ni a MIR, ni a hosteleros ni a trabajadores del departamento de salud de Torrevieja. Nada ha cambiado para ellos después de un debate más de Política General. Eso sí, han escuchado promesas y citas brillantes estructuradas por el hábil equipo de Presidencia. Aunque, como reza el aforismo, "Las palabras se las lleva el viento, y a las promesas, el tiempo".

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