13 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El exdirector de Opinión revela cómo El País más sanchista ninguneó a Rubalcaba

Otro dato atestigua la horrible relación de Sánchez con Rubalcaba: al llegar a la presidencia, los cambios en el periódico coincidieron con el ostracismo del dirigente en sus páginas.

Seguramente El País y Pedro Sánchez forman, desde el cambio de dirección en el histórico periódico fundado por Polanco, un tándem en perfecta sintonía: la sustitución de Antonio Caño por Soledad Gallego Díaz fue acompañada por un brutal viraje de su línea editorial, que pasó de oponerse contundentemente a los intentos de pacto del PSOE con Podemos y el soberanismo a ser uno de sus principales protectores.

Y por eso destaca la valiente revelación que el responsable de Opinión del periódico de la calle Miguel Yuste, Nacho Torreblanca, ha hecho, en las redes sociales, a propósito de la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba, ninguneado a la vez por El País y Sánchez por mucho que ambos ahora se rasguen las vestiduras.

 

El mensaje es demoledor, y evidencia por si solo la coincidencia entre el acceso de Sánchez a la presidencia y la limpieza ideológica emprendida por el periódico, que se quitó a la vez a Caño, Alandete y Torreblanca; arietes de una línea editorial muy similar a la que, en su ámbito, representaba Felipe González: de defensa de la unidad constitucional y de freno a un Sánchez al que, en resumen, le decían que "no vale todo" para llegar al poder.

Sánchez y El País, contra Rubalcaba

Torreblanca, hoy columnista de El Mundo, lo dice todo con muy pocas palabras, a cuento de un Editorial de su antiguo periódico en recuerdo de Rubalcaba: "Un editorial frío y tardío de una dirección de ⁦⁩ claramente desbordada por el cariño popular hacia un Alfredo al que dejó de publicar sus artículos nada más llegar y cuyo paso por el Consejo Editorial no quiere reivindicar. Triste!".

No se puede decir más con menos letras. El País echó a Rubalcaba , ninguneado por Sánchez, a la vez que fulminó a todos los responsables editoriales. Y en ambos casos, para agradar a la misma persona: un presidente electo que, desde los cambios, duerme tranquilo sabiendo que al día siguiente ese insigne apoyo cerrado no le va a faltar.

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