23 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Athletic del Bilbao, como el Barça, se sube al tren sin frenos del 'procés'

Los trinos del día, a veces melódicos y a veces rebuznos, abarcan todas las modalidades: unos irritan, otros indignan y otros divierten. Juntos, resumen la actualidad de una forma peculiar.

 

 

El Athletic, como el Barça

 

El Athletic Club de Bilbao es el único equipo de la Liga que siempre juega con once españoles, como afirmaba con retintín el viejo ABC de Ansón allá por los años 90. Nunca fue fácil escuchar en San Mamés condenas a las barbaridades de ETA, aunque sí era sencillo prever que allí nunca jugaría la Selección Española: lleva 54 años sin hacerlo, y en todo el País Vasco sólo lo ha hecho en siete ocasiones. Con estos precedentes tan lamentable, se entiende mejor un bochornoso tuit como éste:

 

 

Si ya canta que los pensionistas probablemente con más recursos de España encabecen -hasta ahora- la 'lucha' por unas pensiones dignas, que un club serio considere una "reivindicación social" patear la Constitución resulta indigesto como un bote de melaza dentro de uno de mermelada sumergido en otro de nocilla. Las patadas, al balón, no a las leyes ni a la convivencia, por mucho que le rían la gracia en el otro gran club español acostumbrado a mezclar deporte y política en beneficio de la segunda: el guardiolismo del Barça y el abertzalismo del Bilbao son de roja directa por antideportivos y hooligans. Una pena.

 

Un reportaje muy polémico

 

No se ha hablado (casi) de otra cosa durante el fin de semana, y no precisamente en términos laudatorios, que sobre el reportaje del mismo ABC sobre el estilo y la moda de las nuevas ministras del Gobierno de España. Bufar es poco al lado de la ola de indignación que ha suscitado una doble página donde se describían los gustos de cada una de ellas, su aspecto general y las sugerencias que, a juicio de la autora del trabajo, mejor les sentarían. Y la respuesta, desde arriba:

 

 

Que la vida ha cambiado mucho, para bien en este sentido, lo demuestra el viraje social en la percepción de este tipo de reportajes: hace unos años, otras ministras similares, posaron voluntariamente para la revista Vogue en recordado despliegue de telas y telas marineras. Hoy, ni se dejan ni quieren que las utilicen para dar consejos que, la verdad, parecen salidos de un baúl de los recuerdos con al menos 50 años de fondo. El diario conservador por antonomasia ha tenido días mejores.

 

Batet, que te nos pierdes

 

Precisamente en ese despliegue textil, una de las mejor paradas era Meritxell Batet, protagonista del último trino para entender el día. En una entrevista con El Periódico, soltó el previsible bombazo del fin de semana, reclamando o presentando una reforma constitucional que pone los pelos de punta y resumiendo su vocación, y la de Sánchez, con un canto a la alegría bastante incauto o improcedente:

 

 

Si no tenemos claro que no es equiparable respetar la ley que saltársela; cumplir con el Estado de Derecho que pisotearlo y respetar la democracia que orinarse en ella, mal vamos. La equidistancia, cuando está claro quiénes entienden las reglas del juego y quienes las ignoran premeditadamente, siempre ayuda a los malos. Y si Batet no tiene claros quiénes son los malos y compra su mercancía retórica escacharrada, mal vamos.

 

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