30 de marzo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Si Moncloa no sabe proteger a los sanitarios, ¿cómo va a saber proteger a nadie?



 

 

España no solo tiene ya el mayor número de fallecidos por coronavirus en relación a su población, sino que además la enfermedad tiene un índice de penetración entre los profesionales sanitarios sin parangón en el mundo: más de 5.400 médicos y enfermeros han contraído la enfermedad mientras atendían y salvaban vidas, excediendo de manera escandalosa los baremos habituales en tan delicada tarea.

No se contagian en ese grado por la heroica exposición al coronavirus, sino por las deplorables condiciones en las que lo hacen: sin trajes adecuados, con pocas mascarillas y en un entorno de hacinamiento y falta de recursos elementales sencillamente inadmisible y reflejo, a su vez, de la capacidad del sistema para atender a los propios enfermos.

La decisión del Gobierno de centralizar toda la gestión de la pandemia está detrás de la sonrojante lentitud en la adquisición de material para los sanitarios y, por extensión, para los enfermos: unos se enfrentan al mal sin protección suficiente; otros a la curación sin todos los respiradores necesarios, en un cuadro conjunto desasosegante que el Ministerio de Sanidad ha sido incapaz de atender, más pendiente de intervenir a las Comunidades Autónomas que de atender la emergencia.

 

La dejadez ante los sanitarios pone además en tela de juicio la capacidad real del Gobierno de atender una alerta sanitaria que primero despreció, pese a la insistencia en lo que venía de los especialistas y el ejemplo obvio de otros países, y después no ha tenido una capacidad de respuesta mínimamente eficaz.

 

 

Que España tenga ya un 10% de todos los infectados registrados del mundo y que el 14% de ellos sean sanitarios lo dice todo del impacto nacional de esa cadena de errores y torpezas, diluidas hasta ahora con el argumento de que le estaba pasando a todo el mundo. Y sí, la epidemia es global, pero el impacto local está dependiendo de la destreza de cada Estado ante un fenómeno similar.

El Gobierno, en cuadro

El caso de los sanitarios, que tienen el respaldo y el agradecimiento que la sociedad expresada cada día aplaudiendo masivamente desde los balcones, refleja un mal mayor que también se resume en el propio Gobierno: un presidente en una especie de cuarentena con media familia contagiada; el complejo de La Moncloa necesitado de desinfección; dos vicepresidentes amenazados por la enfermedad u hospitalizados y otras dos ministras al menos quejadas por el coronavirus.

Sánchez no es culpable de que el COVD-19 exista, pero sí es responsable de cómo se gestiona, con qué anticipación y con qué recursos. Y en ambos frentes está fallando con estrépito, dejando las escandalosas cifras de enfermos y muertos y el abandono a su suerte de los sanitarios como cruel testimonio de su inoperancia, ante la cual los presidentes autonómicos no pueden mirar hacia otro lado. Ellos también tienen respuestas y urge que las apliquen.

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