20 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La ministra de Educación que confunde a Aristóteles por presumir de culta

Isabel Celáa se hizo la erudita en el Senado, citando a filósofos como si cenara con ellos habitualmente, pero metió la pata y se hizo merecedora de esta perpleja contestación.

 

 

No hay nada más patético que un erudito de pacotilla, uno de esos eternos propagadores de citas ajenas incorrectas, intelectuales solapados que apenas se leen las solapas de libros que consignan en público como si se los supieran de memoria.

Que uno de los afectados por ese mal tan pedante pueda ser la mismísima ministra de Educación, Isabel Celáa, da qué pensar sobre la magnitud de la herida educativa en España, pues si la primera de sus beneficiarios es la más aparatosa de sus damnificados, imagínense cómo está el percal de ahí hacia abajo.

La ministra quiso ir de erudita y se equivocó de filósofo, de país y de siglo. Y no por poco precisamente

El caso es que la ministra metió la pata hasta las cejas en el Senado cuando, al responder a la pregunta de cómo pensaba hacer para garantizar la igualdad de oportunidades en el sistema educativo español, contestó con un lacónico: "Dar a cada uno lo suyo, como decía Aristóteles".

Hasta ahí, bien. El problema, ministra, es que el macedonio, discípulo de Platón, jamás dijo semejante cosa. Estaría tan ocupado en educar a Alejandro Magno que se le pasaría, pero lo cierto es que el filósofo del sentido común nunca pronunció esa frase.

 

 

Por buscar a quién atribuírsela, los expertos se remiten a Ulpiano, romano de seis siglos después, lo que dificulta la posibilidad de que ambos coincidieran y cupiera la opción de que se les atribuyera la autoría de la frase indistintamente.

¡Ay Unamuno!

La expresión exacta del jurista y pensador, tutor de otro emperador, fue "vivir honestamente, no dañar a otros y dar a cada uno lo suyo". Como se ve, no sólo excedía del pobre Aristóteles, sino también del ámbito educativo estricto.

Quizá a doña Isabel haya que pedirle más contención en el futuro, pues sus indudables méritos escolásticos pueden oscurecerse en cualquier momento si insiste en la cursilería. Y no creemos que se merezca ese otro viejo aforismo de Unamuno para casos más graves: "Un pedante es un estúpido adulterado por el estudio". Usted no, ministra, usted no.

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