20 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El clan de la tortilla imperial

Cansado de las especialidades belgas y las exquisiteces de la comida internacional, Puigdemont decidió celebrar sus primeros cien días de retiro bruselense a base de comida típica española.

Mientras sigue enredando con el formato de su investidura, entre arrebatos republicanos y ambiciones dignas de un emperador chino, Carles Puigdemont ha cumplido cien días en su exilio de Bruselas. Y para una ocasión tan especial, el mesiánico expresident decidió cambiar la langosta y el champán por un menú más tradicional a base de típicas tapas españolas.

Según informa la prensa capitalina, Puigdemont y una veintena de acólitos, entre los que se encontraba el exconsejero Comín, el mismo al que hace una semana le lloraba en un chat privado, eligieron el restaurante Pronto Tapas.  Aunque en el escaparate luce una estelada y una foto de los Jordis, en este establecimiento se puede degustar la típica comida española como tortilla de patatas, surtido de ibéricos, patatas bravas y croquetas, bien regados con vino o cervezas típicas del país o de la Península.

Ni las veladas en la ópera ni la opíparas cenas en restaurantes de lujo ni la mansión de Waterloo parecen saciar los apetitos del 'expresident'

Con esta imagen y este gesto, ya repetido en otras ocasiones a lo largo de estos cien días de huida, quedan aún más de manifiesto las carencias que sufre Puigdemont pese al elevado tren de vida que lleva, sufragado de modo misterioso. Ni las veladas en la ópera, ni las opíparas comidas en restaurantes de lujo, ni el alojamiento de hoteles de cuatro estrellas en adelante, ni la carísima mansión alquilada en Waterloo, a razón de 4.400 euros al mes, colman las ansias y anhelos del fugado expresident.  Echa de menos España, aunque no lo pueda admitir.

De modo que, cuando desea subrayar las afirmaciones en las que dice querer devolver la normalidad a las instituciones catalanas, se sacrifica dándose festines como el que se regaló con sus colaboradores más cercanos a base de tortilla, jamón y croquetones. Esa parece ser su manera alambicada de mostrar coraje y acercamiento al pueblo catalán, que tanto ama en la distancia forzosa.

Ha nacido, pues, el nuevo clan de la tortilla, aunque más bien deberíamos hablar de tortilla imperial, pues está siendo servida y pagada a cuerpo de rey.  No hace falta decirles que les aproveche, en fin.

 

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