22 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los políticos corrosivos que a Pablo Casado aún le quedan por sacar del PP

Pablo Casado con una bandera de España.

Pablo Casado con una bandera de España.

Al "pablismo" le faltan todavía mensajes decisivos que ofrecer porque en su estructura territorial, la de los pueblos y ciudades, sigue manteniendo caras manchadas por la corrupción.

Es el problema de la manta corta: si te tapas la cabeza dejas al descubierto los pies, y al revés. Al final, tires para donde tires, acabas resfriándote.

Así debe de sentirse el PP teniendo a Vox dándole dentelladas por su derecha y a Cs comiéndole terreno del centro. No hay solución buena. Más que nada porque, aunque la posibilidad de obtener el gobierno andaluz pueda taparlo casi todo, al menos para los que miran de cerca la realidad política, no puede esconderse que el partido no frena la hemorragia de votos desde 2011.

Ni siquiera el revulsivo Pablo Casado, ni tener en La Moncloa a un tejedor de votos a la contra como Pedro Sánchez, han conseguido parar la caída popular el 2-D.

El PP ha perdido en Andalucía más de 800.000 votos en seis años

Andalucía ha mostrado crudamente que el PP, desde las elecciones de 2012, ha perdido 817.392 votantes, más de la mitad de los que tenía entonces. Solamente en los últimos tres años se le han escapado 314.893 votos. Y esta vez no puede decirse que esos desencantados se hayan quedado en su casa, en la abstención, porque la mayoría han recalado en Cs (659.631) y Vox (395.275). La realidad es tozuda.

Así que el PP debe identificar antes que nada cuál es la razón para que siga echando gente. Y ahora, cuando se le consolidan las alternativas, este tema se convierte en vital.

Considero que el cambio del último Congreso Nacional, con una generación nueva y joven en la dirección, va por el buen camino. Pero al “pablismo” le faltan todavía mensajes decisivos que ofrecer. De hecho, en su estructura territorial, la de los pueblos y ciudades, sigue manteniendo caras manchadas por la corrupción que impiden que se perciba que hay un PP “diferente”.

Son cargos del partido a nivel local, provincial y regional que están imputados, a la espera de juicio oral, o incluso condenados, y que no han sido apartados de su puesto pese a ser políticos corrosivos que nada suman y sólo restan al proyecto político general. La corrupción castiga terriblemente hoy en día. Ahí está la explicación de que no se detenga la sangría de votantes. Falta credibilidad.

El PP tiene que dar otra vuelta de tuerca a la regeneración. Los españoles deben estar seguros de estar delante de “otros” dirigentes. Faltan hechos claros en los lugares que más cerca están de los ciudadanos. De no actuar así seguirán engordando a su costa Cs y VOX.         

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