07 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Tiene que alarmarse España por el coronavirus que ya ha llegado a Italia?

Ciudadanos chinos temerosos del coronavirus

Ciudadanos chinos temerosos del coronavirus

Hay que confiar en las autoridades sanitarias españolas, pero la Organización Mundial de la Salud y sus mensajes contradictorios no ayudan a evitar el temor a la enfermedad.

 

 

Con los fríos datos en la mano, no hay razón para asustarse con el coronavirus. No ya en España o Italia, ni siquiera en China: por impactantes que sean las cifras venidas de oriente, la gripe habitual es cada año mucho más letal que esta enfermedad, aunque su influencia en la opinión pública sea inferior por la nula atención que le dedican los medios de comunicación.

Es más probable una epidemia de pánico que otra de gripe china y, sin embargo, la preocupación está justificada por las noticias que llegan desde Italia: allí era tan probable o poco probable como en España que se desatara una alarma sanitaria y, finalmente, se ha desatado.

Partidos de fútbol aplazados, cifras incipientes de afectados, miles de personas en régimen cercano al aislamiento e, incluso, la simbólica suspensión de los afamados Carnavales de Venecia atestiguan la gravedad de la situación o, cuando menos, cómo se vive esa emergencia.

 

El pánico es un virus típico de las sociedades occidentales, acostumbradas a un nivel del confort que necesariamente reduce sus umbrales de dolor: todo preocupa más rápido y tal vez más intensamente de lo razonable, pues las amenazas habituales son ínfimas al lado de las que sufren otros lugares del mundo y, cuando se disparan, alcanzan por ello un impacto mayor.

 

 

Si se escucha a las autoridades sanitarias españolas, no hay razón para la alarma, pero sí para la preocupación: nadie ve probable una extensión masiva del coronavirus, pero tampoco descarta que su extensión nos alcance. Si ha llegado a Italia, ¿por qué no a su vecina España, con un tránsito de viajeros inmenso y una implantación muy alta de la población y del turismo chinos?

Los contradictorios mensajes de la Organización Mundial de la Salud, que ha pasado de ningunear la emergencia a declararla y mostrarse incapaz de dar una previsión clara, no ayudan en nada. Lo único que cabe hacer, pues, es confiar en los especialistas y reclamar que se adopten cuantas medidas preventivas sean necesarias.

Quizá no sirvan para frenar tan incómodo visitante, pero sí valdrán, con seguridad, para paliar el pasajero que suelen acompañar a estos episodios: el miedo incontrolado y la innecesaria sensación de inseguridad que ya está siendo bien evidente en toda Europa.

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