19 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La huelga de taxis exhibe la verdadera cara de Sánchez y le explota en las manos

El mago que coge el Falcon para ir a festivales y anda sobre las aguas a golpe de fotos ha dejado al descubierto su otro rostro en un conflicto tan cotidiano como vital para los ciudadanos.

En pleno jaque de los taxistas al Gobierno y con los ciudadanos de las principales ciudades "de rehenes", Ignacio Camacho destaca en su columna de ABC de este martes que "en esas fotos, no busquéis a Pedro Sánchez" porque "el mago que se va en Falcon de festivales, no está para rescatar a los contribuyentes y a los turistas atrapados en la huelga de taxis. No hay modo de hacer propaganda de problemas tan desagradables. Quizá cuando los taxistas cierren, como amenazan, la frontera francesa, alguien del Gobierno tendrá que salir a explicarse; hasta ahora no se ha oído una palabra oficial –ni se ha visto un hecho– ante el bloqueo salvaje de las grandes ciudades".

Destaca Camacho que "tres días llevan las capitales españolas sumidas en un caos paladino. No se trata sólo de que no haya taxis disponibles en aeropuertos y estaciones en plena temporada alta del turismo, sino de que los huelguistas inmovilizan el tráfico con grandes concentraciones de vehículos". 

Y mientras la negociación marcha a ritmo "cansino" y demasiado lento para estar "en fechas cruciales para una economía de servicios", los "ciudadanos soportan su toma como rehenes por un gremio levantado en defensa de sus intereses corporativos". 

Destaca Camacho que sea como fuere "las autoridades están para ejercer de árbitro, pero mientras encuentran soluciones tienen la obligación de proteger los derechos de la mayoría secuestrada en su propio hábitat urbano. La gente no paga impuestos a tres administraciones –como mínimo– para que a las primeras de cambio la dejen atrapada en una jungla de asfalto. Éste no es un problema insoluble, ni dramático; simplemente exige cierta capacidad política y técnica para solucionarlo".

Y es que, a su juicio, "el ejercicio del poder no consiste sólo en los objetivos campanudos y en los grandes asuntos de Estado; hay veces, muchas, en que es menester demostrar responsabilidad, disposición y eficacia para gestionar lances cotidianos. Esos contratiempos que afectan a la vida común de la población, a aspectos tan simples como su movilidad, su tiempo o su trabajo".

En resumen, que "gobernar no es caminar sobre las aguas: hay que tomar decisiones, comprometerse a cada momento en tareas y quehaceres concretos. Y el diablo de la frustración civil, del desencanto con la política, se esconde a menudo en esos detalles pequeños". 

 
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