La ciudad no es para mí. Caracas/Galapagar

Haría el PSOE en unirse al mundo libre y rechazar a Maduro con contundencia.

Se preguntarán qué pinta este opinador periférico cruzando el charco.

O no … porque parece que hasta el presidente del Gobierno acepta que la grave crisis humanitaria del país hermano es ya cuestión de política interior.

O no … porque tras la barra inclinada les he puesto la clave paisana.

Reprimiré la ironía ya que, cuando escribo, la cifra de muertos supera la tragedia, si es que la muerte de uno sólo no lo fuera.

El robusto encintado de la pradera de la Plaza del Bicentenario, cuyo autor –el arquitecto Óscar Tenreiro- visita en estas fechas Valencia, tiembla de dolor ante tal calamidad. Él proyectó también en 1992 un monumento conmemorativo del Descubrimiento en Macuro. También allí, como en todas partes, cundió la protesta popular contra Maduro el pasado miércoles.

Para colmo han surgido las renuncias de Errejón. A su marca de partido para la Comunidad de Madrid y a su pasado chavista. Doble orfandad momentánea, buscando casa de acogida política.

Los de siempre son más brutos. A Garzón e Iglesias, a punto de romper pajas –hay que ver cómo lo tiene el gran timonel- les une ahora el apoyo a la dictadura bolivariana.

He echado de menos al Rey Juan Carlos -¿lo habrá pensado Sánchez?- cuando, al minuto de sus titubeantes declaraciones, el otro le ha tildado de insolente (además de recordarle su interinidad manifiesta), sin que nadie le hiciera callar. No va a ser Zapatero –el zapatero infiel- que ya tuvo bastante con el original hace unos diez años. Que hasta Felipe González –ay, cuando se le añora en la derecha …- se queda perplejo con el papelón que ha hecho aquél. Y no se corta en decirlo.

Sólo faltaba que se adelantara la Merkel. España debe liderar la posición europea sin tibieza y allá los chinos y los rusos si ven peligrar sus cómplices inversiones con el régimen chavista.

¿Cuál es todavía el peso político del automutilado socio del gobierno bonito?

Hace bien Pablo Casado en reclamar el reconocimiento inmediato de Guaidó, mientras da pena escuchar a Borrell confundiendo al personal con un juego de palabras entre Gobierno y Estado. Toma respuesta del que viajó recientemente al futuro. Tal vez tenga algún recado más. Como Villarejo.

Dos mil generales –seis mil han dicho algunas televisiones- tienen su patria en las manos. Dios les guíe. Y la madre patria –por cierto, creo que en España son doscientos cincuenta- no puede lavarse las suyas.

Podemos aparte, que bastante tiene con lo que ahora tiene, bien haría el PSOE en unirse al mundo libre y rechazar a Maduro con contundencia, como bien haría en volver a la senda unionista. Constitucionalista en el lenguaje más al uso.

 

 

 

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