16 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Pascual Tamburri

    Ruta Norte

    Pascual Tamburri nació en Pamplona y vive Navarra. Es licenciado en Filosofía y Letras, en Ciencias Políticas y en Derecho, doctor en Historia Medieval y profesor de Instituto. Ha investigado y publicado más de dos décadas y sigue creyendo que hay futuro para España y sus campos.

Podemos va ganando y Bildu puede ganar. ¿Todos contentos del éxito?

Navarra vota y se la juega… entre Podemos y los batasunos de Bildu, porque sólo ellos pueden ganar de verdad.

Navarra vota y se la juega… entre Podemos y los batasunos de Bildu, porque sólo ellos pueden ganar de verdad.

No hay grandes dudas sobre el vencedor del 26J. Vencedor relativo, porque el PP de Rajoy no tendrá mayoría suficiente. Y en provincias hay mucho más en juego. Y más dudas. Como en Navarra.

Allá en invierno sólo unos poquitos recordábamos que al salir de la cárcel Arnaldo Otegi, Pablo Iglesias lo aplaudió. "La libertad de Otegi es una buena noticia para los demócratas. Nadie debería ir a la cárcel por sus ideas". Y no fue ni acusado ni procesado, cuando hablaba de un terrorista condenado. Claro que era complicado que se plantase contra Podemos o contra el mismo Otegui el PP de Rajoy, el mismo que ha soltado a Otegui y en cuatro años de mayoría absoluta mantuvo legal la vertiente política de ETA.

Ahora, otra vez, elecciones. En sí mismas, un fracaso del sistema, una demostración tanto nacional como foral de que ni las instituciones ni las reglas, así usadas y dispuestas, responden a los intereses generales  de España y a las necesidades particulares de los españoles.

Vencedores casi seguros, y casi seguramente insuficientes. UPN y PP van juntos al Congreso y al Senado. Las encuestas los colocan ahora muy cerca, peligrosamente cerca, de sus rivales, pero no perderán. Tendrán una mayoría en votos y en escaños tanto en Navarra como en el conjunto de España, y eso será así en parte gracias al miedo a Podemos y a la extrema izquierda que estimulan en su campaña. “Por mal que lo hayamos hecho, cosa que no reconocemos, o me votas a mí o vienen los malos”, es su mensaje básico. Lo que hay que ver en los resultados del frente PP-UPN, digamos en torno al 30% en un buen caso, son tres cosas: ¿Bastará esa minoría mayoritaria para gobernar? ¿Merecen ser votados y gobernar después de todo lo que no han hecho pudiendo hacerlo y después incluso de haber sido culpables del nacimiento y crecimiento tumorales del leninismo podemita? ¿Y qué consecuencias tiene esa encrucijada para Navarra?

Pablo Iglesias, un vencedor moral. Quedar a unos 10.000 votos de UPN PP y como segunda fuerza en la antes rancia Navarra es una victoria moral para Unidos Podemos. No es realmente cuestión de escaños, que serán dos, como UPN PP y como consiguieron en diciembre; es que consiguen movilizar un voto muy variado, ilusionado, por razones varias de las que en gran medida son culpables los que dicen oponérseles. Es además un voto joven que sube, frente a un voto maduro que si no baja será por miedo. Ni con autobuses electorales ni con candidatos en todo ambiguos ni con economicismos usureros se llega donde Iglesias ni se detiene a Iglesias. Una minoría marxista y antiespañola lidera una masa social heterogénea, dispuesta al socialismo y a variadas autodeterminaciones, y sobre todo contenta de que le digan quiénes son los culpables de que ellos no vivan tan bien como se les dijo que tenían derecho a vivir.

La vieja izquierda sufre casi en silencio. El PSOE de Pedro Sánchez, o de quien sea después del 26, ya fue tercera fuerza en Navarra en diciembre y eso no parece que vaya a cambiar. Parece más bien que su eclipse va a agravarse en toda España, como parecen desear tanto la nueva izquierda de Podemos como el viejo centro del PP. Pablo Iglesias, logrado el sorpasso, será el más cariñoso de los anfitriones con el PSOE y lo buscará para lograr una mayoría parlamentaria de moderaciones y carantoñas. El abrazo del oso, pues en una coalición así, sea en Pamplona sea en Madrid, sólo el más fuerte sobrevivirá. Y el PP anhela lo contrario, convertirse en comprensivo refugio de pecadores, en protector del PSOE frente a Podemos, sabiendo salvo los muy lerdos que el PSOE necesita para vivir ser la alternativa al PP y no su sostén.

¿Y los abertzales? Bildu y Geroa Bai van a las elecciones de junio en solitario. Geroa Bai, gobernando en Pamplona y en Vitoria, necesita una serie nada fácil de equilibrios que le permitan mantener esas instituciones, con la izquierda sin ser de izquierdas, con los batasunos sin ser batasunos y a la vez presentándose a sí mismos como única barrera real frente a Bildu. Muy complicado para una sigla que, sin el efecto Barkos ni el efecto poder, seguiría en el entorno del 5% del PNV y que, aunque cercana a Podemos por la verborrea y a Bildu por el programa nacionalista-cultural-educativo, en las cuestiones de gobierno estaría mucho más cómoda con el PP y UPN. Se presentan porque deben hacerlo, pero saben que solos no tienen mucho que hacer; incluso temen perder “voto útil” hacia Bildu y hacia Podemos.

Porque sigue existiendo Bildu, claro; y aunque les fastidia sobremanera la captación de voto radical por Podemos, que les impide crecer y pescar en esas aguas, también ven en Podemos una oportunidad. La oportunidad de ver España gobernada por una izquierda no defensora de la unidad nacional, como ya ha tenido la oportunidad de gobernar en Pamplona gracias a ellos. Bildu no tiene ahora mismo el objetivo de alcanzar a Podemos, aunque  sí querrá detener esa sangría. Bildu sí tiene la meta clara de consolidar su mayoría entre los nacionalistas, con una ventaja clara sobre Geroa Bai, e incluso, sería una meta no imposible, alcanzar sobre el PSOE la posición de tercera fuerza. Al fin y al cabo eso se juega en unos 10.000 votos que pueden bailar según lo hagan todos en la campaña.

Y si Bildu es tercero o es cuarto, lo que realmente es difícil saber es si Ciudadanos será algo en Navarra el 26J. Es innegable que los medios y los círculos de poder se cerraron a Ciudadanos con la excusa de un foralismo que en realidad pocos entienden, y más bien pensando en un “voto útil” a UPN PP. Pero pese a todo eso los de Rivera sobrepasaron los 25.000 votos, lejos de cualquier escaño pero siendo una parte decisiva del voto español en Navarra. Seguro que a la candidatura de Rajoy le conviene que Ciudadanos no se presente en Navarra, pero no creo que lo mismo convenga a Navarra. Hay un voto navarro, españolista, antiabertzale y antimarxista, de muy variados colores y matices, que al no tener sigla a la que votar se queda en casa y no vota. El PP quiere sacarlos a rastras y, pese a todas las decepciones, movilizarlos. España estaría mejor servida en Navarra con opciones españolas más sinceras y variadas (de Ciudadanos a Vox), ya que las existentes no muestran arrepentimiento de sus muchas y frustrantes culpas.

¿Es esta situación tan insólita? El otro día un nuevo analista recordaba que no es así. Al menos en Navarra ya hemos vivido momentos de hastío de la política, de corrupción de los políticos unida a crisis social, de aparición de nuevas fuerzas populistas, de división y eclipse del voto españolista. En 1995, gracias a Juan Cruz Alli con su chaqueta azul, CDN nació de UPN y se formó un multipartito que por primera vez vio un consejero abertzale en Navarra y una ikurriña en la Diputación gracias a un voto que creía no ser ni marxista ni nacionalista. El ascenso de Podemos es otro episodio de populismo contra políticos ora corruptos ora incompetentes y siempre codiciosos. Lo verdaderamente grave, para el futuro, no es si Cristina Sanz es o no premiada con un puesto al Senado por su obediencia de las órdenes de Madrid. En diciembre se quedó a 100 votos de no salir, pero lo que en este fracaso del sistema no tiene perdón es el avance de los enemigos de España. Y sin respuesta a eso será difícil salir de este círculo vicioso, aunque de momento Iglesias no gobierne en apariencia, y aunque sus ideas y valores sí imperen en redes, medios y aulas por la dejadez de los otros.

 

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