23 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez castiga a Montero antes de que el incendio se extienda a las comunidades

María Jesús Montero la semana pasada en el Congreso.

María Jesús Montero la semana pasada en el Congreso.

La ministra de Hacienda ha quedado muy tocada después de ser desautorizada por el presidente para evitar un mal mayor, en vísperas del Consejo de Política Fiscal y Financiera.

"No vamos a tener capacidad de dar una respuesta, una solución a la reclamación de nuestras entidades locales. Por eso, vuelvo a trasladarles que no jueguen al tacticismo político, que no piensen que habrá una segunda oportunidad". La maldición que el jueves lanzó María Jesús Montero a la oposición por no plegarse al decreto de los ayuntamientos le duró apenas cuatro días. 

Este lunes la ministra de Hacienda y portavoz del Ejecutivo tuvo que hacer de tripas corazón y enmendarse la plana a sí misma, anunciando la suspensión de la regla de gasto local para 2020 pese a que ella misma había venido sosteniendo que no había alternativa a su oferta de la semana pasada. Son lentejas, decía. 

Pedro Sánchez le ordenó que rectificara cuanto antes. De hecho la titular de Hacienda improvisó una entrevista en Al Rojo Vivo desde La Moncloa, que no figuraba en la agenda que había enviado el Gobierno horas antes y que fue cerrada sobre la marcha, según ha sabido ESdiario. El presidente quería cortar de raíz el asunto.

La ministra de Hacienda este lunes entrando en La Sexta desde La Moncloa.

 

Ahora el Gobierno llevará un nuevo decreto ley al Congreso que permita a los ayuntamientos gastar su superávit sin pasar por la caja de Hacienda. Y lo hará cuando se asegure los apoyos parlamentarios para su convalidación, para no tropezar dos veces en la misma piedra. "Rectificar es de sabios", resumió desde Ferraz la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, haciendo de la necesidad virtud. 

 

La rebelión de los alcaldes y la dolorosa derrota que sufrió el Gobierno en el último pleno llevan el nombre de María Jesús Montero. La ministra echá palante está siendo muy cuestionada en sus propias filas y en las de Podemos en las últimas horas, y en el peor momento: en los preeliminares de una negociación presupuestaria en la que ella debe tener un papel protagonista. 

Y en vísperas, también, del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CGPFF) que ha de celebrarse este mes para definir un nuevo objetivo de déficit para las comunidades, toda vez que el que decidió Hacienda en febrero -del 0,2%- ha quedado absolutamente superado.

Lo malo es que, para asegurarse el apoyo del PNV a la sexta prórroga del estado de alarma, Sánchez pactó con los de Íñigo Urkullu que el País Vasco (que tiene un régimen especial) pudiera elevar su déficit hasta el 2,6% del PIB en este 2020. Y ahora las comunidades del régimen general, también las socialistas, quieren la misma consideración que tuvo el presidente con el lendakari. El presidente intenta que el incendio municipal no se extienda ahora a las regiones.

En las filas de la bancada izquierda del hemiciclo reprochan a Montero su falta de mano izquierda después de tantos años como lleva en política.  La ministra de Hacienda se desentendió de la negociación con los alcaldes hasta la víspera de la votación y así le fue. Pensó que como el acuerdo había sido aprobado por la FEMP en agosto (únicamente con los votos socialistas y porque el presidente, Abel Caballero, hizo valer su voto de calidad para desempatar) todo esta encarrilado. Y no. 

El mismo jueves, desde Hacienda empezaron a poner en el foco a Caballero, culpando por completo al alcalde de Vigo del desaguisado para salvar la imagen de Montero. Y sí, Caballero también ha salido muy magullado políticamente de ésta, pero el equipo de la ministra no consiguió vender a la prensa que el único responsable ha sido él. 

Con todo, el cabecilla del motín municipal está siendo incluso benevolente. "Aquí no pierden unos y ganan otros, ganamos todos si el Ministerio de Hacienda se da cuenta de que tiene con contar con las ciudades y pueblos de España", declaró el alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón. No es el cese definitivo de las hostilidades, pero sí un primer paso.

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