06 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Plaga de batracios en la charca nacional

El fraude fiscal de Huerta ha venido a coincidir con la espantada de Lopetegui en la Selección y la prisión para Urdangarín, dolor de cabeza del rey. Demasiadas ranas en tan poco tiempo.

 

Es verdad que en este país estamos habituados a ver casi a diario metamorfosis en rana de respetables hombres y mujeres públicos y a trasegar con ellas. Pero no es menos verdad que la plaga de batracios de todos los colores y tamaños que estamos padeciendo comienza a ser preocupante para nuestros estómagos y para la pura integridad del sistema.

En la imagen que hoy recogemos, y que tuvo lugar hace pocos días en la ciudad deportiva de Las Rozas,se produjo una concentración batracia en diferido, pues hasta estas últimas horas no hemos llegado a apreciar la dimensión de su conversión anfibia, así como de su biodiversidad.

En la instantánea, en mitad de un entrenamiento de la Selección Española de fútbol, concentrada para el Mundial de Rusia, el centro de atención momentáneo es el ministro de Cultura y Deportes, Màxim Huerta, que acababa de recoger su cartera ministerial y estaba literalmente tragándose sus palabras tuiteras de rechazo a todo lo que oliera a deporte y fútbol. Pues ha dado la casualidad de que unos días después se ha conocido que estas fogosidades en redes sociales y la cortedad de su currículum no eran sus problemas mayores, sino una fea condena por fraude fiscal.

La cátedra de 'dignidad'

Por supuesto, él dice ahora que está al día con Hacienda y que es cosa pasada. Pero le salta la cara de rana en cuanto se recuerda que forma parte de un Gobierno auspiciado por una moción de censura despiadada contra el PP y todo lo que oliera a corrupción y moral ligera. A ver qué dice ahora el presidente Sánchez, autoproclamado catedrático de la dignidad.

¿Y qué decir del rey, encajado entre estos dos magníficos anuros? Sonriente en ese momento, guarda la procesión por dentro como manda el protocolo

Siguiendo con la imagen, una de las personas que miran atentamente al ministro es Julen Lopetegui, protagonista inopinado de un escándalo deportivo al anunciar su contratación con el Real Madrid apenas unos días después de renovar con ‘la Roja’, avisando cinco minutos antes a la Federación y a tres días del comienzo de la participación de España en el campeonato. Se ignora si ha pesado más la villanía o la torpeza en esta decisión del ya exseleccionador, pero ese extraño e inesperado brinco le pasará factura a él y al Madrid. Aunque lo más imperdonable es el daño hecho a la selección, un símbolo de unidad y de buenos valores que ha de trascender lo deportivo.

El Rey...

¿Y qué decir del rey, encajado entre estos dos magníficos anuros? Sonriente en ese momento, y en todo momento, guarda la procesión por dentro como manda el protocolo. Y uno de los velones más grande en la misma está sujetada por su cuñado Iñaki Urdangarín, cuya condena a prisión por prevaricación, malversación, tráfico de influencias, fraude y dos delitos fiscales ha sido ratificado en el Supremo y ya le esperan en la cárcel.

No cabe duda de que esta última situación es la que más consecuencias nefastas tiene para el Estado. Hasta el punto de aquí ya no se puede hablar de ranas, sino de un sapo como una oveja de grande. Y muchos méritos tendrá que seguir acumulando el rey para equilibrar la balanza de delitos e inmoralidades que representa Urdangarín y un sector de la Familia Real ya arrinconadas en sombras del pasado. Ese mismo pasado que agita a diario, y quién sabe hasta cuándo, el fango de la charca nacional.

 

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