21 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Torra reactiva y radicaliza a los Mossos ante la mirada distraída de Marlaska

Como Puigdemont hace dos años, Torra desestabiliza a la Policía catalana.

Como Puigdemont hace dos años, Torra desestabiliza a la Policía catalana.

Como Puigdemont en vísperas del referéndum ilegal de 2017, su sucesor zarandea a la Policía catalana en favor de su plan. La "espantada" del último director del Cuerpo siembra la alarma.



Cuando la pasada semana, con la excusa de la operación de la Guardia Civil contra los CDR armados con explosivos, Quim Torra suspendió unilateralmente la Junta de Seguridad de Cataluña -con presencia de la Generalitat y del Ministerio del Interior-, varios mandos de la Policía y de la Benemérita confirmaron algo que ya sabían, que el Palau esta vez tampoco era de fiar.

Solamente después de la gravedad de las detenciones, el ministro Fernando Grande-Marlaska se tomó en serio la petición de varios de sus mandos y dio luz verde al despliegue de cientos de agentes en Cataluña a la espera de la respuesta del independentismo a la inminente sentencia del Tribunal Supremo.

Y por si fuera poca la amenaza y el ruido, este lunes llegó el portazo del jefe de los Mossos a Quim Torra con su dimisión, como poco "inoportuna", según se reconoce en ámbitos policiales.

 

Andreu Martínez, sigue el paso de Albert Batllé hace dos años, y se marcha justo antes del momento decisivo.

 

Que la Generalitat no ha dejado de enredar en los Mossos desde que arrancó el procés da muestra el carrusel de directores generales en dos años: dos dimisionarios -Albert Batllé y Andreu Martínez-, otro imputado, Pere Soler; y su comisario más emblemático, Josep Lluís Trapero, procesado por rebelión, sedición y malversación.

Sin que La Moncloa haya dicho ni mú, Torra ya lanzó un desafío cuando nombró consejero de Interior a Miquel Buch, imputado por los tribunales de Barcelona por su papel en los días previos al referéndum ilegal y durante el 1-O.

La pasada semana, un controvertido anuncio sobre el posible uso de gas pimienta por los antidisturbios de los Mossos en los incidentes que se produzcan tras la sentencia del Supremo desató una tormenta interna, con bronca de Torra a su consejero. La víctima fue la jefa de prensa de los Mossos, fulminada por Buch.

La dimisión de Martínez, y su relevo por Pere Ferrer, un hombre próximo a la antigua Convergencia -lleva cinco años en el departamento y ha sido el número dos de Jordi Jané y Quim Forn- ha desatado multitud de especulaciones en los mentideros políticos. Su carta de presentación no deja dudas: Ferrer visitó a los presos del 1-O en la cárcel en agosto del pasado año.

Y, en este panorama, sin que Grande-Marlaska parezca tener la menor intención de asumir el control de la Policía catalana, los Mossos llegan a la quincena de octubre que puede volver a incendiar Cataluña como lo hicieron en vísperas del 2017.

Utilizados y zarandeados por el presidente de la Generalitat y divididos en dos sectores irreconciliables: los que están dispuestos a saltarse la ley otra vez y los que quieren garantizar el cumplimiento de la Constitución y honrar su jura a asumir el cargo. Alerta máxima, en definitiva.

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