Síndrome de la cabaña o de la caja cerrada

Síndrome del cubo

Síndrome del cubo

No queremos salir, porque ello conlleva “volver a adaptarse “ a otra situación totalmente nueva. Nos da pereza y lo vamos alargando para no enfrentarnos a la realidad

Por fin vamos avanzando de fases en esta desescalada gradual para normalizar nuestra vida, esa que un 15 de marzo nos dejó a todos paralizados, desencajados… y de repente nos quedamos en casa como personas responsables para luchar contra este maldito virus, o por el miedo de que nosotros mismos contagiáramos a alguien, muchas eran las dudas y en algunos de nosotros siguen permaneciendo.

 

El ser humano tiene de por sí una capacidad asombrosa de adaptación al medio en las circunstancias en las que vive, y así se ha demostrado en estos dos meses metidos en casa, pero no todos gestionamos el estrés de la misma forma.

Por eso pensamos… ¿ahora qué?, muchos de nosotros tenemos respeto a la hora de salir de casa, miedo a no saber lo que nos vamos a encontrar, y sentimos nuestra casa como una enorme fortaleza inquebrantable donde nos encontramos seguros, y por eso no queremos salir, porque ello conlleva “volver a adaptarse “ a otra situación totalmente nueva. Por ello nos da pereza y lo vamos alargando para no enfrentarnos a la realidad, (somos adaptables y a la vez nos cuesta dar ese paso imprescindible para la adaptación), a esto le llamaríamos “el Síndrome de la cabaña”…

Y todo esto entra dentro de lo normal, poco a poco irá desapareciendo, pero el problema es que en algunos casos o muchos, se haya producido ansiedad o depresión, bien por exceso de información, o porque les ha tocado de cerca. Sea lo que sea ya estaríamos hablando del síndrome de la soledad inquieta, (SSI) y hace referencia a un estado del individuo en el que en los momentos de aislamiento social padece episodios depresivos leves, crisis nerviosas y búsqueda de compañía que le libere de los pensamientos irracionales invasivos de la mente.

 

La característica más destacable de este síndrome es la falta de autocontrol y autorregulación de la propia persona. Para no ser alarmistas, es algo que se puede superar.

 

Las personas que padecen este síndrome se caracterizan por un perfil extrovertido atípico, con carencias afectivas tempranas, lo cual les provoca pensamientos negativos respecto a la actitud de los demás hacia ellos mismos. No obstante, estos síntomas generalmente no son perceptibles en un primer momento, aunque se pueden llegar a manifestar más claramente en situaciones novedosas tales como viajes con personas cercanas o simplemente por ruptura de la rutina, dejando de realizar hábitos como pueden ser ir a trabajar o ir a clase. Relacionarse.

 

Dada la novedad de este síndrome, los ciudadanos de a píe no conocen una cura efectiva ni terapia que manifieste mejoras significativas (que seguramente la habrá) aunque una rápida consulta con el médico de cabecera pueden recetarnos por el especialista la administración de psicofármacos adecuados que darían lugar a cierta mejoría en los efectos derivados de esta enfermedad, y con el tiempo con la consecuente mejora, se suspendería el tratamiento.

 

Por ello, lo evidente es consultar con su médico, si usted observa una conducta que usted antes no tenía, o fobias que le mantienen todo el rato preocupada. Es cuestión de que manifieste y exponga que tipo de problemas han aparecido. La intervención de los médicos de familia la tranquilizarán de modo que poco a poco iremos entrando en la ansiada normalidad de las cosas. 

 

Sin embargo, existe también unas terapias cognitivo conductuales, en casos más serios o de consideración, cuestión que está en la mano de los especialistas y expertos médicos, siendo esta una de las probables técnicas más apropiadas para la solución a estos trastornos, entre otras cuestiones más específicas. Por lo tanto, serénense, pues todo puede solucionarse, realizando tratamientos de restructuración cognitiva se puede aumentar el índice de mejoría en las personas con este trastorno.

 

Sabemos que son procesos temporales por estas delicadas circunstancias y más aún a las personas que han padecido sufrimientos diversos en sus familias, sin ningún tipo de alivio, de salida, y que todavía no se creen todo lo que ha sucedido.

 

No se preocupen del síndrome de la cabaña, del síndrome de la caja cerrada, pasaremos pronto al estado de libertad que todos ansiamos y necesitamos, eso sí, teniendo todavía precaución en las medidas de seguridad y prevención que nos aconsejan, hasta que todo esto sea sólo una pesadilla.

*Grupo EmeDdeona.

 

 

 

 

 

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