14 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Marlaska, el hombre que se "salvó" en el aniversario de un crimen de ETA

Marlaska, que no se salva ni rezando

Marlaska, que no se salva ni rezando

El exjuez conserva el cargo pero no la honra y acepta ser rescatado por Otegi el mismo día en que un concejal humilde fue asesinado por los amigos de Batasuna.

 

 

Solo hay algo peor para un ministro del Interior que ser reprobado en el Congreso: no serlo gracias al voto de Bildu. Al de Otegi. Al de ese partido que aún hoy no es capaz de disculparse ni de arrepentirse de haber apoyado el asesinato de 857 personas, y el dolor y el exilio de decenas de miles más.

Marlaska es ese ministro. Salvó el trance por los votos del PSOE y de Podemos; pero también por el de Bildu, ERC y Junts. Lo mejor de cada casa. Los que hablan de torturas y represión policial. Los que llaman txakurras a los guardias civiles y perros a los policías.

El mismo día en que Marlaska ha salvado su cargo pero no su honra, pero de 1998, ETA asesinó al concejal del PP Manuel Zamarreño. Llevaba unos días en el puesto, en sustitución de su compañero José Luis Caso, también asesinado días antes. De 43 años, tenía dos hijos, era calderero de profesión y aquella mañana salió a comprar el pan.

 

Así quedó el concejal Zamarreño en 1998 al lado de su casa

 

Al volver a su casa, una vivienda modesta en Rentería, ETA hizo estallar tres kilos de amonal colocados en una motocicleta. Murió sin que nadie reivindicara el crimen ni se detuviera a sus asesinos. Pero todo el mundo sabía quién había dado la orden.

Pero hace solo unos días, un juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, decidió procesar a uno de los más sanguinarios pistoleros de ETA, Txapote, por este asesinato. Es el mismo canalla que mató a Miguel Ángel Blanco, a Fernando Múgica y a Gregorio Ordóñez entre otros. Y no se arrepiente. Al revés, se reía en la cara de los padres de Blanco, ya fallecidos los dos, durante su juicio.

 

Pues bien, señor Marlaska, los amigos de este matarife, cuando no sus socios, le han salvado a usted de la reprobación porque odian más a la Guardia Civil que al ministro del Interior que ha provocado tres salidas y dimisiones de altos mandos por no dejarse manejar. A ver con qué cara mira en adelante a sus subordinados y a ver con qué cara mira para siempre a las víctimas. ¿De verdad le ha merecido la pena señor ministro?

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