Isabel Bonig tras el 26M

La líder del PP valenciano puede que no se la juegue en las municipales, sino en las otras autonómicas del 26M.

En realidad es difícil saber si Isabel Bonig se está jugando o no su futuro. La política está muy 'líquida'. Es difícil, de entrada, porque los diputados autonómicos electos son de su cuerda. Y los miembros de su ejecutiva de partido, también. Así que por ese lado, difícil que le muevan la silla.

Los que agitan la petición de responsabilidades por los resultados del 28A -con una drástica caída en el número de diputados autonómicos- no están tampoco en la trinchera municipal, en donde María José Catalá bastante tiene con hacer su campaña del 26M, por mucho que alguno se empeñe en atribuirle intrigas. Otra cosa es que la juventud y el escaño en Les Corts de la candidata la conviertan en una opción de futuro que no tiene por qué ser inminente.

Los que prevén/anuncian bronca/congreso extraordinario están en otros sitios. Argumentan que Bonig lleva cuatro años. Los pretorianos de la castellonense, a su vez, achacan el mal resultado a la campaña de Pablo Casado en las generales, elecciones que han cegado la 'visibilidad' de las propuestas para las autonómicas avanzadas. Ya, ya, pero el madrileño lleva sólo unos meses, dirán sus partidarios. Sí, sí, pero el que ha mareado con sus estrategias ha sido él, apostillarán defensivamente los otros.

Para resolver este dilema larvado sobre la asunción de responsabilidades, que todo el mundo parece dar por hecho que tiene que acabar con una cabeza en el cesto, habrá que esperar tres domingos más. Pero quizá no resulte tan determinante el resultado en los ayuntamientos, fundamentalmente los de Valencia y Alicante (también el resto, del que se mirará el cómputo total de conquistas y su población relativa). Salvo que los candidatos populares salgan a hombros con la plaza rendida a sus pies o que los arrastren las mulillas. Ni siquiera la suerte que vayan a correr las tres diputaciones tiene por qué un factor decisivo, a no ser que las tres las vaya a presidir el PP o que en ningún equipo de gobierno haya ningún representante suyo. De las europeas, con su circunscripción única, ni les hablo.

Lo que quizá puntúe más -dicho con toda la prevención del mundo- sea lo que pase el 26M en el resto de comunidades autónomas. Ya sin transposiciones ni proyecciones del 28A, con resultados directos. Si ese día Madrid, Murcia y Castilla y León resultan gobernables para el PP (no les digo ya si también gana en Castilla-La Mancha, Extremadura y Aragón), Bonig tendrá que pelear su argumentario. Si sus colegas autonómicos se quedan como ella a falta de tres escaños, el mal será consuelo de todos. Si los barones palman por mucho, Bonig podrá sacar pecho.

Aunque siempre se podrá decir que a los del 26M les ha perjudicado el 28A. Y que a los del 28A les resultó insuperable que Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal jugaran esa partida por ellos. Al final lo mismo se impone Lampedusa

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