20 de enero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Un Gobierno desmedido para atender compromisos antes que necesidades

22 personas en el Consejo de Ministros es un despropósito que perfila los problemas de coodinación que va a tener el Ejecutivo de Sánchez entre dos socios ocasionales enfrentados siempre.

 

 

El nuevo Gobierno de España estará compuesto por 22 vicepresidencias y Ministerios, un número que se queda muy cerca de duplicar el último de Rajoy, formado por trece carteras. Es una cifra a todas luces incompatible con un elemental criterio de austeridad que debería presidir la gestión política de los asuntos públicos y que da un mal ejemplo a la sociedad que, sin duda, se aprieta el cinturón para llegar a final de mes.

El antagonismo entre el esfuerzo de trabajadores, familias y Pymes y la alegría derrochadora de Pedro Sánchez es inmenso, y probatorio de hasta qué punto se han invertido las tornas en la política moderna: se exige un esfuerzo a todos y se le carga de impuestos asfixiantes para anteponer luego el sostenimiento de una Administración mastodóntica e innecesaria a los servicios que ésta presta.

Resulta evidente que el número de Ministerios creados por Sánchez obedece más a la dimensión de sus compromisos con Podemos, y a los existentes en el seno de éste por la proliferación de facciones y familias, que a las necesidades de España. Y resulta casi ridículo que, para justificar lo injustificable, se recurra a fraccionamientos de carteras y bautizos folclóricos de las mismas para disimular la auténtica naturaleza de los nombramientos.

Rodear a Iglesias de vicepresidentes demuestra la desconfianza perpetua entre el PSOE y Podemos

Pero además del gigantismo y del despilfarro, el diseño del Gobierno perfila los problemas que se va a encontrar fruto de la interesada convivencia de dos socios que se necesitan pero, en realidad, no se toleran ni entienden. 

Sin tregua

Rodear a Iglesias de tres vicepresidentes para que su cargo quede diluido lo dice todo de la sintonía que va a haber entre el PSOE y Podemos, aliados ocasionales pero competidores por espacios electorales similares. Y dejarle al líder morado que coordine a sus propios ministros fuera de Moncloa, ahonda esa preocupante sensación.

Que además se cree una comisión de seguimiento formada por miembros de ambos partidos y que todos ellos dependa, a su vez, de la intervención externa del soberanismo, que tiene la llave del Gobierno, no mejora la perspectiva. Y aunque la tradición imponga conceder cien días de gracia, no parece que la dimensión de los problemas en España ni el origen de este Ejecutivo puedan permitir esa tregua.

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