23 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Eduardo Arroyo

    Globalización

    Eduardo Arroyo es doctor en biología y licenciado en bioquímica y en filosofía y letras. Fue socio fundador y columnista de “El Semanal Digital” desde los inicios. Crítico con su época, aboga por una nueva ética de los deberes humanos como primera garantía de la libertad.

Angela Merkel: ¿Libertad para qué?

La idea de que la palabra “libertad” puede ser omnipresente pero en el fondo selectiva y al servicio del poder pone en plena sintonía a Lenin con el gobierno que preside Angela Merkel.

En 1919 aparecía en “Pravda” un extenso artículo de Lenin sobre “el poder soviético y la posición de la mujer” (V. I. Lenin. Obras Completas, tomo 39, Editorial Progreso, Moscú, 1981, pp. 285-288.). Ahí, Vladimir Ilich preguntaba a “los burgueses y sus secuaces”, de modo un tanto retórico, “¿Libertad para qué clase?”. Es una pregunta que recuerda a la respuesta que el mismo Lenin dio al socialista español Fernando de los Ríos, a modo de remate de una extensa digresión, tal y como el propio de los Ríos relata en su libro “Mi viaje a la Rusia Sovietista” (Fundación Fernando de los Ríos, disponible online): “¿Libertad para qué?”.

En otro orden de cosas, el pasado día 29 de enero, un panel de veteranos periodistas alemanes debatían en la “Deutsche Rundfunk” –radio pública- de Berlín sobre la situación de los medios de comunicación del país. Entre ellos estaba el Dr. Wolfgang Herles, exresponsable de la ZDF –la televisión pública alemana- en Bonn. Sus comentarios explican muchas cosas de lo que es el día a día de la vida en la República Federal de Alemania. Más concretamente, para los que intentan ver la actualidad con mentalidad crítica e independiente, la RFA es el mismísimo infierno del criticismo y de la independencia o, alternativamente, el paraíso del aborregamiento y de lo “políticamente correcto”. Entiéndase por “políticamente correcto” la hegemonía cultural e ideológica de la izquierda y se comprenderá el problema en sus exactos términos. Así, si uno quiere saber cómo va a funcionar socialmente –en sus consecuencias y derivaciones- un determinado análisis cultural, ideológico o histórico sobre una cuestión concreta, no tiene más que estudiar un poco lo que se dice en Alemania. Hay que advertir que en España no es muy diferente, pero resulta que es Alemania quién marca la pauta para el continente en multitud de asuntos.

Por eso la intervención de Herles fue muy relevante. En aquél programa, y después de la humillación que para los medios alemanes supuso el haber ocultado deliberadamente las agresiones sexuales de refugiados a mujeres alemanas, el antiguo director de la televisión pública en Bonn y periodista de renombre nacional, afirmó que en los medios públicos se recibían instrucciones para dar las noticias “a gusto de Merkel”. Preguntado acerca de si la situación en Alemania se había vuelto “seriamente desastrosa”, Herles replicó que los alemanes de a pié habían perdido la fe en los medios, lo que constituía un “escándalo” y añadió: “tenemos el problema –y aquí estoy hablando de los medios públicos estatales- de mantener una proximidad al gobierno. No solo porque los comentarios están básicamente en línea con el espectro de opinión de la gran coalición (CSU, CDU y SPD), sino también porque estamos completamente absorbidos por la agenda que diseña la clase política”. Herles explicó que “los temas que se tratan están escogidos por el gobierno”. Los asuntos de los que se puede hablar y los que no, se envían a los medios desde instancias gubernamentales difíciles de precisar y comunicados a periodistas concretos a través de ejecutivos que se expresan en una determinada jerga. Por ejemplo, aunque “existen, de hecho, instrucciones desde arriba”, cuando el redactor jefe de la ZDF comunica estas instrucciones a sus subordinados solo dirá que la información debe ser enfocada de modo que “sirva a Europa y al bien público”. Naturalmente, no precisó qué periodistas se prestan a este tipo de servilismo pero, precisamente por no especificarlo, puede deducirse que se trata de una actividad constante y generalizada.

Lo que sí que especificó, a la hora de exponer ejemplos, es que “hoy, no puede decirse nada negativo acerca de los refugiados” y añadió que “esto es periodismo gubernamental y conduce a una situación en la que la gente no confía en nosotros. Es un escándalo”. Nosotros, naturalmente, nos preguntamos si además de los refugiados existen otros temas tabú.

Nótese que Herles no habla de que la información esté gubernamentalmente condicionada de acuerdo con un sesgo conservador, como cabría esperar de Merkel, sino de un condicionamiento de “la clase política”, en sintonía con la agenda progresista que busca inundar Europa con millones de refugiados. De ahí que el redactor del periódico de centro-izquierda, “Der Freitag”, Jakob Augstein, al ser preguntado acerca de supuestas “instrucciones de arriba”, respondiera: “no, niego vehementemente que existan ordenes de arriba”. La razón que tiene Augstein para hablar así es, naturalmente, que él no necesita ser “reeducado”: sencillamente ya lo está. Más bien, la presión de los políticos se realiza en aquellos círculos en los que pudiera haber alguna opinión crítica con los análisis dominantes.

Dicho esto, podemos retomar el asunto en su relación con las radicales opiniones del conocido genocida marxista Vladimir I. Lenin: “¿Libertad para qué?”. La idea de que la palabra “libertad” puede ser omnipresente, como sucede en la Alemania de hoy, pero en el fondo selectiva y al servicio del poder, pone en plena sintonía a Lenin con el gobierno que preside Angela Merkel. De hecho, por razones no muy diferentes de las de Lenin, podría hoy preguntar Angela Merkel “¿Libertad para qué?”. La respuesta a esa pregunta es bien sencilla: Pues para hacer realidad el mundo cosmopolita y apátrida de esclavos que el capital global necesita. Para traer al mundo la termitera gris, sin pasado ni futuro, que han diseñado para nosotros los reyes del dinero, hoy verdaderos príncipes de este mundo.

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