09 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pedro Sánchez, un dirigente opaco al que hay que obligar a dar explicaciones

Es indignante que el líder del PSOE se crea con derecho a no comparecer para asumir responsabilidades por los EREs, repitiendo lo que ya ha hecho con su tesis o sus viajes.

 

 

Resulta indignante que el secretario general del PSOE no haya comparecido aún para dar explicaciones de la sentencia por corrupción más grave de la historia, la que afecta de lleno a su partido por los EREs de Andalucía.

Que lejos de ser un tema del pasado, lo es del presente y lo será en el futuro si su líder no asume responsabilidades y pide disculpas. Porque el fallo, más allá de las consecuencias penales para los afectados, viene a confirmar que durante muchos lustros los socialistas acudieron a las urnas dopados por el voto cautivo logrado con dinero público.

Y no solo en Andalucía, pues ese sistema fue decisivo para que los socialistas de su principal federación aportaran uno de cada cinco votos totales del PSOE en toda España. ¿Cómo no va a tener que dar explicaciones un dirigente que encabeza esas siglas y que, a más inri, inició su carrera política gracias precisamente a los líderes de aquella Comunidad?

Por Andalucía ganó a Madina

Porque conviene recordar que Sánchez se estrenó como secretario general por el apoyo de Susana Díaz, que le cedió todos sus apoyos y avales para ganar a Eduardo Madina en las Primarias convocadas tras el adiós de Rubalcaba. Y que sin ese respaldo, simplemente nunca hubiera ganado ni iniciado una carrera que ahora le ha llevado a La Moncloa.

 

 

La falta de comparecencia es sangrante siempre, pero especialmente en un líder que, en el pasado reciente, construyó parte de su discurso en la crítica a su entonces adversario, Mariano Rajoy, por su supuesta negativa a dar explicaciones o su aparente tendencia a hacerlo "por plasma".

Es el mismo comportamiento que Sánchez tiene en el ámbito de la transparencia y de la ética en general, que le llevó a considerar el plagio motivo de dimisión, como expresó en el debate de su moción de censura, para luego tapar el suyo propio con la tesis sirviéndose de herramientas oficiales para fabricarse una coartada.

 

Entre lo que dice antes de llegar al poder y lo que hace cuando consigue ese objetivo, Sánchez siempre muestra un antagonismo impúdico, agravado por la situación de interinidad de las instituciones, que le libran además de someterse al control de Congreso o el Senado y le facilitan prolongar su escandalosa opacidad.

Pero hacerlo con algo tan grave como los EREs, que han condenado a dos presidentes nacionales del PSOE y puesto en cuarentena la higiene de su participación en sucesivas elecciones durante años, es demasiado. Y que se lo permita cuando ni tiene garantizada la investidura y aún así insista en exigir el apoyo de todos, termina de retratarle como lo que es: un líder cesarista y sin palabra, impropio de una democracia que se debilita por estas faltas de respeto a los ciudadanos.

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