| 28 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados

¡Cuerpo a tierra!

No entendemos a los políticos. Somos unos desagradecidos que continuamente andamos con la escopeta cargada contra aquellos que solo trabajan, pierden el sueño y la vida por nuestra culpa

| Manuel Avilés Edición Alicante

Ese es el grito de guerra ahora mismo en las filas populares. ¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros! En los socialistas no hay gritos de guerra. Reina el poder absoluto y las votaciones a la búlgara. No hay contestación. Recuerdo a un socialista de pro, no diré su nombre para no arruinarlo y que acabe en el paro, que cuando el affaire Sánchez exclamaba: Está bien muerto, en el partido sabemos matar como nadie. Pues menos mal que lo habían matado porque a día de hoy, no se mueve –pregúntenle a Ábalos- ni una hoja sin que Sánchez dé su permiso. El que se mueve, mucho más que en tiempos del guerrismo, no sale en la foto.

¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros! Es la exclamación que se oye, entre gemidos, llantos y rechinar de dientes, como en el infierno de los curas de mi colegio, cuando se habla de la guerra entre Ayuso, Almeida y Casado. Ellos solo quieren el bien de los ciudadanos, en absoluto el poder. La lucha es por desarrollar proyectos que nos hagan a todos la vida más dulce, más fácil. No entendemos a los políticos. Somos unos desagradecidos que continuamente andamos con la escopeta cargada contra aquellos que solo trabajan, pierden el sueño y la vida familiar por nuestra culpa, por pelear porque seamos cada día un poco más felices.

Publiqué hace unos días aquí mismo un artículo irreverente: Me parto el culo. Pues eso. Esto es puro postureo, caras amargadas, risueñas, enfadadas o idílicas de cara a la galería. En el fondo – como me decía una gitana en la sala de comunicaciones de una cárcel- son ustedes, todos, lobos de la misma camada. Yo lo he visto en primera persona. Una vez, cuando yo tenía un despacho de cojones en todo el centro de Madrid, vi en televisión un debate parlamentario y en él se dijeron perrerías. A mí un tío me dice lo que yo allí escuché y no lo miro a la cara en la puta vida. Bueno, pues, inmediatamente después del debate yo había quedado con uno del PNV en el bar del Palace. Llego a ese sitio lujoso, elegante…, ideal, en la planta baja del hotel, con una cúpula con vidrieras que ya querrían para sí algunas catedrales. ¿Qué veo? Los mismos que se habían estado tirando al cuello en las Cortes, justo enfrente del hotel, estaban partiéndose de la risa y tomando cervezas en alegre compañía. Me caí del caballo como San Pablo camino de Damasco. Todo era puro teatro. Los graves enfrentamientos por las cuestiones que tanto preocupaban a los ciudadanos eran más falsos que una moneda de tres euros. Se peleaban de cara a la galería y eran amiguetes de cervezas. Los ciudadanos quedábamos atrás, el teatro se había ido a la mierda y ahora lo importante eran las tapas y los platos de jamón al corte. ¡Me cago en to!

Eso mismo ha pasado ahora con la renovación de puestos importantísimos en la estructura del Estado. Llevan no sé cuántos años con los puestos claves del Estado de Derecho caducados – léase Consejo General del Poder Judicial, que es el que pone a los jueces en los puestos claves y Tribunal Constitucional, que es el que nombra al órgano supremo que dice si una resolución cualquiera es acorde con la norma suprema-. Pues bien, parece que quieren salir de la parálisis y resulta que para ese Tribunal esencial, la derecha ha propuesto a un señor cuyo historial – no me quiero pasar porque no estoy para trotes y espero palmarla en breve con una cierta calma, en mi cama y no durmiendo en un cajero o en los soportales de Maissonave- cuyo historial digo es ciertamente polémico. Leo en un diario nacional que   este señor tenía el compromiso personal de Casado para ser nombrado magistrado de ese tribunal y leo, en otro medio, que fue ese señor el que presentó al propio Casado al rector de la Universidad donde aprobó doce asignauras en cuatro meses. Es una mierda esto de haber nacido pobre, estudiando con beca de las de Franco en un colegio de curas en el que a los que no pagábamos nos daban libros usados de cuarta mano, y haberse presentado a dos oposiciones con la única recomendación de un hermano propio que solo era cabo en la mili, en un cuartel de veterinaria. Está claro: el que no tiene padrino, no se bautiza. Dicen los socialistas – y no sé si alguno de Podemos- que van a votar ese pacto, parece que poco presentable, tapándose la nariz. Pero con la nariz tapada o sin tapar, el pacto ha salido adelante y solo Odón Elorza ha roto el silencio de los culiparlantes votando en contra.

Mirad el comportamiento de este gobierno con la presión de Esquerra, del PNV, de Bildu y de los nacionalistas de toda laya

 

Para acabar de cabrearme y tener el fin de semana completo, me preguntan si voy a ir a una manifestación de pensionistas en Madrid. ¡Por los cojones! ¿Yo voy a ir a tocar la trompeta y a agitar la banderita con el lema de las pensiones se defienden? Me queda poca vida por delante como para malgastarla con gilipolleces. Abuelos de España. ¿queréis poner de rodillas al gobierno que os dé la gana con el asunto de las pensiones? Conseguid veinte diputados – cosa fácil con diez millones de abuelos en el país- y veréis cómo so bailan el agua. Os suben la pensión con el IPC cada año sin problemas y os mandan un jamón por Navidad. Mirad el comportamiento de este gobierno – y de cualquiera, no olvidéis que Aznar hablaba catalán en la intimidad y citaba a los etarras como movimiento vasco de liberación- con la presión de Esquerra, del PNV, de Bildu y de los nacionalistas de toda laya.

No acabo con las depresiones. Me tengo que meter una dosis triple de anafranil en vena: me llaman del banco – ese en el que me pedían cita previa para cualquier mariconada, como en el Ayuntamiento, como en la Subdelegación, como en cualquier sitio gestionado por gente que no sabe que todas las citas son previas – me escriben del banco. Ya querría yo que me escribiera Luz Sigüenza o Charlize Theron, pero no me cae esa breva. Me escriben del banco y me dicen que tengo que presentarme allí. ¿Qué pasa? Pregunto alarmado cuando consigo que me cojan el teléfono. Tiene usted que venir en persona, con el DNI en la boca – perdón, en la mano- para demostrar que está vivo.

¡Hostias! Esto es una canción que sacó Forges hace más de cuarenta años. ¿Cómo puedo vivir sin fe de vida? ¡Ayyy, cuando se lo cuente a mi mujer! Hace ya cuatro meses que no existo, todo porque me falta ese papel.

 

Mi amiga Ana Lena – lean cualquier cosa de ella que caiga en sus manos, es una crack literaria y de otras muchas maneras- en su novela “Lo que callan los muertos” cuenta como Gracia San Sebastián investiga a un militar franquista que cobra su pensión teniendo ciento doce años. ¡Leches! No es mi caso, cojones, que tengo sesenta casi recién cumplidos y la esperanza de vida está en ochenta y tantos. Pues nada, no valen las excusas. Tengo que ir al banco con mi carnet, duchado, peinado y alicatado hasta el techo para demostrar que estoy vivo y coleando. Hasta me he puesto la muda limpia por si me hacen desnudarme como en el aeropuerto porque a mí, el desnudo, me favorece.

¡Señor, por favor, en este mundo creo que sobro! ¡Llévame pronto! ¡No le des la razón a mi hematólogo, el que me trata de la piel roja, que me da aún veinticinco años, lo que veo a mi alrededor, me aburre mucho y tengo el “ ridículum vitae” mucho más que colmado.