| 05 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Baldoví y la cuestión catalana

El diputado nacional de Compromís se ofrece como alternativa pactista contra la llegada de los bárbaros capitalistas neoliberales del PP y en detrimento de la minoritaria banda de Oltra

| Pedro Nuño de la Rosa Edición Alicante

Así, como de un pronto tirando a repentino, el Regne, País, Comunitat, Región, Païs Català, Levante, o como guste en llamar cada cual, y cada quien, a esta costilla del Mediterráneo, nos hemos puesto en el punto de mira, centro de la batalla y piedra angular sobre la que giran y se disputan futuros inmediatos. Ahora la España invertebrada de Ortega, hija de la nostálgica del 98 y madre del guerracivilmismo del 36, prisionera durante 40 años de una brutal dictadura que se fue desliendo en dictablanda tecnocrática, hasta que, con la Constitución del 78, firmamos, en democracia imperfecta, la paz interterritorial de un puzle desencajado, y con mucho desencuentro histórico pendiente, aunque fagocitado por un Gobierno Central que controlaba y facilitaba el pan para todos, y permitía el circo en las carpas autonómicas, reinventándose el federalismo del "y yo más", cuyo último botón de muestra es el paranoico guirigay a la hora de bajar los impuestos, no ya entre adversarios políticos (Andalucía, Madrid, etc.), sino entre los propios correligionarios ideológicos y de siglas, la Valencia de Ximo Puig prendiendo la traca contra Sánchez y Montero, y dejándolos descubiertos allá donde la espalda pierde su honesto nombre.

Pedro Sánchez sabe bien que las encuestas, incluidas las fechorías domóticas del malvado Tezanos, le auguran el peor porvenir, y de ahí que quiera saltar a Bruselas para no deshonrar su biografía en Wikipedia. Pero antes, debe solucionar el problema de las Españas, otra vez revueltas. Y para ello no tiene otra salida que pactar con el diablo, en mefistofélico trato con PNV y Bildu a través de pagarés de desconexión (independencia) que se van pagando puntual y religiosamente; y una vez solventada la cuestión vasca pasar a la catalana con la estrategia del "divide y vencerás", apoyando a Esquerra Republicana en contra de Junts per Catalunya (los mismos independentistas, pero con distintos collares), y de manera tan evidente que ha provocado la ruptura de un Govern que ya llevaba 16 meses. Obviamente le ha ofrecido todo su apoyo (PSC) a Pere Aragonès, también en el Parlament, mientras Salvador Illa se prepara para un posible adelanto electoral, donde el hastío provocado por unos separatistas acuchillándose la utopía, y el muro infranqueable del Gobierno Central (Rufián dixit), puedan regresar a un gobierno socialdemócrata más preocupado por darle de comer a la gente, sanidad y estudios, que por saber en qué lengua se habla por decreto.

Y Mediterráneo abajo, en el aparente Levante Feliz y tranquilo, salta el eco en Madrid de dos explosiones retardadas. La primera una Mónica Oltra encausada por un juez harto de las contradicciones de la declarante, que, de reinona, temida y admirada por igual, ha pasado al ninguneo llorón y a la rechifla de los exmaridos (menuda vista de la doña para desposarse). Y la otra detonación, que no menor, todo lo contrario, porque se ha oído en toda la Península Ibérica, la salida del tiesto impositivo anunciada por Ximo Puig, dejando al Gobierno de Sánchez como ridículos tacañones y defraudadores del mito Robin Hood (quitarles a los ricos para dárselo a los pobres), dado que, si echamos cuentas de impuestos y tramos poblacionales entre clases medias, nos quedamos casi como estábamos, o un poco peor. Y para tantas alharacas del vasallaje periodístico adorador de La Moncloa, mayormente televisivo, incluida la patada en el trasero al anterior jefe de RTVE cuando quiso emular a la BBC, no hacía falta menear el barrizal de la crisis inflacionaria, ni esconderse en la lejana Ucrania, de la que en esta misma columna ya anunciamos cómo iba a acabar la cosa contra el sátrapa Putin.

Con esos dos flancos abiertos Sánchez habló con Baldoví, puesto en suertes por Yolanda Díaz, y tal vez le prometió el virreinato de Valencia con lo cual derribaba dos dragones rapaces de un tiro: a Ximo Puig que quizá rumie en obligado silencio precautorio la caída de Sánchez, proponiéndose él propiamente como alternativa pactista contra la llegada de los bárbaros capitalistas neoliberales del PP. Y a cambio interceder ante los republicanos catalanes, mentores ideológicos del iniciático independentismo valenciano, para que apoyen a su partido Més, mayoritario dentro de Compromís, en detrimento de la minoritaria banda de Oltra, hoy ("cautiva y desarmada") forzadamente liderada por Aitana Mas, mientras que Joan Ribó, y dada su provecta edad, bastante tiene con mantener las posaderas en la alcaldía capitalina.

A reina muerta, rey puesto en el tablero nacionalista valenciano

No nos engañemos, detrás de la apacible, bondadosa y entrañable imagen pública, y por supuesto mediática, de Baldoví, siempre en repartido contraste con la fierecilla indomable de Oltra, está el zorro plateado político de Sueca, tan capaz de beatificarla en el altar sepulcro celestial del pasado, como después condenarla al ostracismo de la nada futurible aquí en la tierra. A reina muerta, rey puesto en el tablero nacionalista valenciano, incluida la virreina Aitana crevillentina, porque como dicen los italianos, "l'amore è un attimo" a pesar de tanta "plorera" juntas traspasándose carteras y poder segundón.

El independentismo, y sus secuelas menores en Baleares y la Comunitat Valenciana, están a la baja: "¡y tú lo sabes!" como dice el actor-presidente Pedro Sánchez, por eso manda retornar como zapadores hasta sus respectivas patrias chicas a estos/as sus extraños amigos de cama madrileña, dinamitando los puentes de las bases independentistas con Puigdemont-Laura Borràs, Otegui, el Marzá de Països, y demás carniceros del despiece español, en este primer asalto autonómico y municipal que, no me extrañaría demasiado, Sánchez se la juegue a todo o nada (conmigo o contra mí) convocando a las urnas el todo por la parte, desde el Congreso de los Diputados, pasando por las autonomías y llegando al más pequeño de los municipios.

Hagan sus apuestas, prepárense antes que el crupier de La Moncloa y sin apenas previo aviso de convocatoria suelte la bola sobre la ruleta invertebrada: "no va más", justo en el momento en que sus asesores políticos, y actores secundarios en el peplum que le han montado para mayor gloria personal, le aconsejen. Seguro que Baldoví también lo sabe.

Pedro Nuño de la Rosa