| 15 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Mónica Oltra y Aitana Mas
Mónica Oltra y Aitana Mas

La reina muerta, princesa puesta

En política como en el amor loco, todo es un momento, que además se acorta en la Comunidad Valenciana ante la inmediatez de unas elecciones

Aquella mañana, cuando a Ximo Puig le trajeron la agenda del día y el resumen de prensa, torció el gesto que ya traía cariacontecido por una mala noche tribulando cómo abrirle la puerta de salida a Mónica Oltra, pero sin forzar el empujón y la patada a seguir para que la doña Déficit no bajara las escaleras mediáticas vociferando injusticias, acusándole a él propiamente de no tenerlos bien puestos y de irse por la pernera abajo en la tormentosa hora de mantenerla como vicepresidenta, demostrando a las Españas la férrea solidaridad del triunvirato valenciano; o sea ella y todos los demás. Conocía bien a la Oltra y sabía que no se iba a callar ni debajo del agua. Lo único que debería calcular era el destrozo en el Botànic provocado por el fuego amigo.

Más o menos a media tarde respiró tranquilo cuando la ya cesada por su puño y letra, se autodimitió en "aplec" bailón y pachanguero para fanfarronear que no la echaban, sino que se iba en loor (que no olor) de multitudes, y, ¡cuidadito Molt Honorable!, amenazando con volver cuando la infausta Justicia de los malditos poderosos, le quitará la argolla al cuello de la imputación, y los/las/les perversos periodistas se la tuvieran que envainar metiéndose la noticia absolutoria por donde la espalda pierde su honesto nombre. Un harakiri justo antes de la ejecución, fantaseando con la resurrección política y la venganza inmisericorde. Pero mientras invernaba del mando en plaza, Oltra debía dejar su silla y cetro indepe-izquierdista a alguien de tanta garantía y confianza como su propia hija política Aitana Mas, a quien cedió provisionalmente todos los poderes, no sin antes avisarle severa y enfática que era una interina.

Puig pidió uno de sus consejeros áuricos, el alicantino Pere Rostoll, anteriormente periodista político con quien he compartido coincidencias y discrepancias, un informe completo sobre la nueva heredera al trono vicepresidencial y Conselleria adjunta. Obviamente desconocemos el dossier, pero a buen seguro principiaría con que, mejor pactar y entenderse con la diablesa de Bussy, tan cercana a Crevillente, que con su intransigente, correosa e inmisericorde contradicha (parole, parole, parole) Catalina de Medici germano-valenciana. En primer lugar, viviendo como vivimos en el mundo de la imagen, la de Aitana resulta más afable y confiada para el espectador que la de la algo cegarra binocular Mónica semejando crispación hasta cuando sonreía con un rictus adverso de contrataque permanente. En segundo lugar, porque, dada la madura juventud de Mas, siempre sería algo más maleable que Oltra. Y en tercer futuro inmediato porque según los oráculos demoscópicos había que amurallar los campamentos de la izquierda ante el avance de las hordas de centroderecha y derechona.

Mal lo tiene Compromís descabezado, por mucho que el beatífico Baldoví diga que "no es nada lo del ojo" cuando lo trae en la mano

En política como en el amor loco, todo es un momento. Que además se acorta en la Comunidad Valenciana (Regne o País) ante la inmediatez de unas elecciones que los socialistas afrontan de fracaso en fracaso (Madrid, Castilla y León, Andalucía..., tal vez aquí) hasta la derrota final de Pedro Sánchez y su contradictorio Gobierno donde unos reciben al rey de Reyes, Joe Biden, con rendida sumisión de albricias palaciegas y U.S. Navy añadidas, mientras sus compas de Consejo Ministerial escupen a la cara del "yankee go home", apoyan una quimérica neutralidad que sólo beneficia al autócrata Vladímir Putin, y se ciscan en la OTAN, exigiendo salir de inmediato, cuando otros países, por cierto socialdemócratas, como la Finlandia o Suecia están deseando entrar; claro que todos sabemos cómo los socialdemócratas rusos acabaron fusilados o con el destierro cuando llegaron los soviets al Palacio de Invierno.

Hay que felicitarse por la llegada de Aitana Mas al Gobierno, dado que por mal que lo haga, siempre iremos a mejor que con su antecesora. Quienes la conocen desde las isoglosas de Crevillente fronterizo y "valencià" dicen que es más tacticista que vocinglera parlamentaria, más trazadora de obras públicas sobre plano, que mitinera apasionada engrandeciendo multitudes que caben en un taxi, y que, desde hace tiempo, ya venía ejerciendo como freno y embrague de una Mónica Oltra sin marchas.

Mal lo tiene Compromís descabezado, por mucho que el beatífico Baldoví diga que "no es nada lo del ojo" cuando lo trae en la mano. Lo de Oltra puede durar tanto tiempo como la larga marcha al Tribunal Supremo. A los podemitas les encantaría recoger los restos del naufragio de la republicana Esquerra Unida valenciana con que taponar las brechas que se les han abierto en internas divisiones fratricidas por ver quién manda a la tropa. Y al PSOE apenas le queda acentuar hiperbólicamente al PSPV para trasvasar remanentes de la "rive gauche" pro Països Catalans convencida de que Ximo Puig es un mal menor. Todo ello si no se produce el "miracle" de una Aitana Mas que en apenas unos meses se convierta en el híbrido con tirón de su precedente, patinado de prudencia, y el maquiavélico y ambidiestro sentido político de una Yolanda Díaz, pongamos por caso, a la que le va a venir muy bien la renovación en el equipo de la selección feminista tras el obligado cambiazo valenciano.

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