16 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Centro penitenciario Alicante II, en Villena

Fuerzan sus celdas en la cárcel para salir a jugar partidas de cartas y parchís

El ingenio de unos jóvenes reclusos de entre 18 y 21 años ha puesto en entredicho la seguridad penitenciaria. Abren las cerraduras sin dejar rastro y montan timbas de cartas y parchís

| David Monllor Edición Alicante

La escena se produjo de madrugada en la prisión de Villena.  Tras forzar cerraduras, seis internos ávidos se rodearon de juegos de cartas y un parchís para conformar un bodegón castizo en la cárcel. 

El plan urdido pilló por sorpresa al servicio de seguridad que, durante la ronda de vigilancia nocturna, comprobó perplejo el paseo de un interno por el pasillo. Estas prácticas no son comunes a altas horas de la noche, pues las celdas cierran sus puertas en torno a las ocho de la tarde, después de cenar. Apenas observó al errante recluso, el vigilante dio cuenta de ello al Jefe de Servicios. 

Timbas de póker y parchís

Una vez confirmadas varias celdas vacías, el equipo de funcionarios temió una gran fuga carcelaria.  Asimismo existía la posibilidad de sufrir otro intento de rebelión agresiva, como la del pasado mes de febrero, cuando un preso arrojó lejía en la cara de un funcionario. Lo temido sin embargo no se cumplió. Durante aquella ronda, los trabajadores penitenciarios vislumbraron un encuentro clandestino de timbas y parchís cuyo semblante berlanguiano provocó miradas de incredulidad. 

Hasta allí venían cada noche, después de burlar las cámaras de seguridad, un grupo de internos que forzaban sus cerraduras con los cubiertos de plástico de la cafetería. El único riesgo que aquella evasión implicaba era recorrer rápidamente el pasillo de la galería, si bien funcionó hasta la noche del 5 de abril. 

Ante esta burla sistemática, la prisión de Villena ha perdido aquel grado de seguridad que antaño irradiaban sus barrotes. Según la asociación profesional de trabajadores penitenciarios, Tu Abandono Me Puede Matar, la falta de personal y las políticas del Ministerio de Interior, que limitan el control de internos de riesgo, conlleva una sensación de impunidad visible a menudo en la cárcel.