| 16 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Soluciones para los incendios

Se dice que el incendio de San Juan de la Nava ha sido provocado, al igual que la mayoría de los que están asolando España

| Mónica Nombela Edición Alicante

Escucho con preocupación las noticias que llegan desde el pueblo de mis ancestros por parte de padre, El Barraco, Ávila. Allí tenemos una casa en la que mi familia disfruta siempre que puede de unos días de descanso y que a todos nos encanta. El pueblo, situado a en un enclave estratégico, a 26 kilómetros de Ávila y 100de Madrid, tiene mucha vida, a pesar de pertenecer a la que se ha venido a conocer como “España vaciada”. Tiene colegio público, centro de salud, piscina y polideportivo municipales, unos cuantos bares y restaurantes, algunas fábricas y granjas y hasta cooperativa vinícola. En el pueblo todo sabe más rico, por ser más natural, el aire es más puro y de noche se ven más estrellas que en la ciudad. Algunos de ustedes estarán pensando que eso mismo se podría decir de su pueblo, o del de sus padres, y seguro que es verdad porque para cada uno lo suyo siempre es lo mejor y también eso es bonito.

Vuelvo a lo que les decía al principio, estoy preocupada por lo que pueda estar sucediendo allí en estos momentos. Un incendio se desató en tarde de ayer en los alrededores de nuestro pueblo. Hay quien asegura que ha sido provocado, que ayer ya lo intentaron -quien quiera que sea el malnacido que lo haya hecho- y que por suerte lo sofocaron a tiempo. Las informaciones que nos llegaban ayer tarde de algunos amigos de allí eran más que inquietantes. El año pasado nos libramos por los pelos y también por el valor de los vecinos, que salieron a vigilar que las llamas saltaran al otro lado de la carretera. Estando todo tan seco, habría ardido todo sin remedio. Estábamos allí por aquel entonces y recuerdo perfectamente el miedo de vernos por la noche, planteándonos si cogíamos el coche y salíamos huyendo. Tenía que llevarme a mis padres y a mis hijos. Me convencí finalmente de que nos quedábamos cuando un lugareño anciano y recio, de esos que habitan por allí, me aseguró que el incendio no iba a llegar al pueblo.

Perdonen si traigo a colación estos recuerdos personales, pero resulta inevitable. Cuando he sabido que volvíamos a estar rodeados por el fuego, once meses después del que el año pasado se cebó con Ávila y Salamanca, he pensado que no era justo. No solo por mi familia, puesto que somos solo visitantes ocasionales, aunque muy vinculados a nuestra tierra, sino especialmente por las personas que viven allí, sobre todo aquellos cuya economía depende del campo. Se dice que el incendio de San Juan de la Nava -el pueblo vecino que está a solo cinco kilómetros del nuestro y donde se originó en realidad- ha sido provocado, al igual que la mayoría de los que están asolando España. Me producen tantísima rabia estos hechos criminales, que considero que algo hay que hacer ya en serio para tratar de atajar el desastre que se está produciendo. Vamos caminando a pasos agigantados hacia la desertización.

En primer lugar, es obvio que está fallando la prevención en el cuidado y limpieza de los montes. Al parecer no se están destinando los recursos necesarios para tenerlos en condiciones de impedir la propagación de los incendios. Dice un pariente nuestro, Mariano Lafuente, que los incendios se apagan en invierno, aludiendo precisamente a esto, a la necesidad de preparar los montes y mantener los cortafuegos despejados. Además, según parece, donde hay ganado no suele haber incendios porque se comen el pasto. Otra clave que debería ser tenida en cuenta.Hacefalta destinar recursos económicos y orquestar un buen plan nacional de lucha contra el fuego, pero, claro, para ello haría falta un Gobierno, con mayúscula, que invirtiera el dinero públicocon cabeza, en lo que hace falta de verdad.

Es obvio que está fallando la prevención en el cuidado y limpieza de los montes

Este tema es absolutamente prioritario y se tiene que poner en la agenda de cabecera de nuestros gobernantes. Vamos camino de convertirnos a este paso, antes incluso de lo previsto, en un desierto invivible. Las altas temperaturas de este año, que es inevitable relacionar con el cambio climático, están siendo, además, una tremenda ayuda para la propagación de los incendios. Es hora de que nos tomemos este asunto muy en serio, porque Castilla-León, Galicia y no sé cuántas Comunidades Autónomas más están sufriendo lo indecible con toda esta situación. “Mis raíces se queman”, me dijo el otro día mi amiga y procuradora de Benidorm Reyes Nogueiras, hablando de su Zamora natal. No hay palabras para responder a una frase así, cuando se ve gente teniendo que huir de sus casas con lo puesto y miles de hectáreas asoladas. En lo que va de año los incendios forestales han arrasado casi200.000 hectáreas en España, según estimaciones del Sistema de Información Europeo de Incendios Forestales (EFFIS), lo que significa que está siendo el peor año de este siglo.

Por último, si bien es cierto que resulta tremendamente complicado poder detener a los incendiarios, considero que, dado el mal que causan para las personas, la flora y la fauna, así como para las generaciones futuras, a aquellos incendiarios que causan un incendio grave debería aplicárseles la pena de prisión permanente revisable. Y ello sin perjuicio de incrementar el tiempo durante el cual se impida la recalificación de terrenos rústicos, para evitar así cualquier especulación alrededor de actos tan criminales y que causan tanto daño al ecosistema y la vida, no ya en nuestro país, sino en nuestro planeta.

Mónica Nombela

Letrada directora de Nombela Abogados