| 21 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Vladimir Putin
Vladimir Putin

Stalin, Putin y las efemérides

En las guerras la verdad es la primera víctima. Se miente de manera compulsiva y profesional arrimando siempre el ascua a la propia sardina

| Manuel Avilés Edición Alicante

Los dictadores suelen ser bastante megalómanos. Desde los romanos y mucho antes acostumbraban a montar grandes fastos, con trompetería, caballería, estandartes, coronas de laurel, bombos y platillos para auto homenajearse.  Veintiocho aniversario de la liberación de no se sabe qué amenaza o qué invasión  - que ha sido sustituida por la mía, piensa Putin, aunque esto siempre han evitado proclamarlo-. Y allí los tenías a todos con las galas, las medallas, las pecheras de hojalata, los dorados y los perroflautas humillados y haciendo de coro por si les caía algo en pago por su adhesión inquebrantable.

Todo dictador tiene, como elemento fundamental, un enemigo externo importantísimo que hace imprescindible la unión de todos en torno al autócrata para luchar contra ese enemigo que quiere destruir al país, someterlo, fastidiarlo, joderlo – en el peor de los sentidos- o hacer de él su esclavo. El dictador se presenta como el salvador imprescindible.

No voy a hablar de Franco, tranquilos, que rápidamente se me tiran al cuello las fuerzas vivas diciendo que Franco murió hace medio siglo – aunque perviven sus herederos-. Quienes lean estos artículos - no sé si alguien los lee, aunque seguro que sí, porque de lo contrario los editores de ESdiario ya me habrían mandado a hacer puñetas. Quienes los lean, saben que suelo llamar Stalinputin, al hijo de Putin, que nos quiere meter en una guerra mundial de la que no saldrá vivo ni el gato por mucho que ahora este resurgiendo el negocio de hacer refugios nucleares. El primer argumento para liarla es que hay un enemigo externo y poderosísimo que quiere acabar con la patria. Convencemos a la plebe de esa afirmación y ya tenemos barra libre para ir a por él con armas y bagajes, cueste lo que cueste y por encima de cualquier otra consideración porque cuando está la patria por medio, todo vale.

En las guerras  - afirmación repetida varias veces en estas columnas y en mil y un sitios más- la verdad es la primera víctima. Se miente de manera compulsiva y profesional arrimando siempre el ascua a la propia sardina, pero ya saben lo que decía Joseph Goebbels – ministro enano, resentido y cojo para la ilustración pública y la propaganda de Hitler- si repites una mentira suficientemente, acaba por convertirse en verdad. Y no pongo ningún ejemplo porque hay varios miles, cojan ustedes el suyo, cada uno el que quiera.

Stalin – modelo de Putin, lean por cierto la maravillosa novela de Vicente Vallés, recién publicada “Operación Kazán”, ardo en deseos de entrevistar a este hombre- es sin ningún género de dudas el modelo que ha adoptado Putin. En su momento, cuando sus famosas purgas que no eran sino asesinatos en masa de otros a los que él había convertido en asesinos, Stalin promovió la falsa acusación de fascismo contra Trotsky, para liquidarlo a él y a todos los trotskistas. Hoy Putin utiliza la falsa acusación de nazismo con respecto de toda Ucrania para borrar el país del mapa  y cargarse a todos los ucranianos que pueda.

Hoy desfila Putin, perdón desfilan ante él miles de lebreles que le darán la puntilla tan pronto puedan, aunque en estos momentos impera el acojono. Se autohomenajea en memoria de la victoria rusa sobre los nazis. Aprovecha el discurso ante las masas enfervorizadas y pelotas y suelta otra vez la mentira gorda para que se transforme en verdad: “La operación especial en Ucrania – nada de guerra que eso no es una guerra- es en defensa propia. No podemos olvidar las lecciones de la segunda guerra mundial. Occidente se estaba preparando para invadir nuestro territorio”. ¡Toma ya!

Vicente Vallés es un visionario porque veo entre líneas la guerra de Ucrania y la que lían los rusos y eso no había pasado cuando ese libro entró en la imprenta

 

Este dictador psicópata no se corta un pelo. Occidente ya lo ha invadido todo y no necesita bombas atómicas con las que Putin nos intenta acogotar. Occidente lo ha invadido todo con la Coca Cola, el futbol y sus mundiales postizos en Qatar o donde sea, las motos en Arabia Saudí, y las carreras de bicicletas en los Emiratos, las hamburgueserías, las tiendas de moda, los youtubers, los influencers, las uñas postizas, los tatoos y el sexo fluido. La pasta, la publicidad y las multinacionales lo pueden todo. ¿Queréis más invasión, gilipollas? ¿Para qué hace falta machacar a bombas a nadie si todos estamos colonizados? ¡Ayyyyy el ansia de poder y de dominio! Ya lo dijo aquel psiquiatra sabio: el que no folla, jode. Y esta gente folla menos que la gata del Vaticano por eso están con tanto resabio y tanta agresividad.

Una vez más tengo que decir hasta qué punto metió la pata Francis Fukuyama cuando dijo que la historia había terminado con la caída del Muro de Berlín, que ya no había bloques y que ahora todo era paz y felicidad: la sociedad caminando hacia el mundo feliz y preocupada solo por progresar en las artes y las ciencias  - más o menos-. Siempre habrá algún megalómano que alcance el poder y la líe parda con sus afanes imperialistas, expansionistas y de dominar el mundo pasando a la historia como el más grande de todos los tiempos. El motivo es el expresado unas líneas más arriba y no me repito para que no me llamen grosero ni maleducado.

Reitero  - no llevo comisión alguna, es una reiteración gratuita- que busquen la novela  “Operación Kazan” y la lean. Vicente Vallés es un visionario porque veo entre líneas la guerra de Ucrania y la que lían los rusos y eso no había pasado cuando ese libro entró en la imprenta. Habla dela Conferencia de Yalta, de la paranoia de Stalin, exactamente igual que la de Putin y de cómo aquel dictador sanguinario disfrutaba sembrando el pánico a su alrededor, como disfrutan todos los memos con el ejercicio aplastante del poder omnímodo que es mentira cochina eso de que buscan solo el bien del pueblo.

He oído opiniones – indocumentadas a mi entender- de que es posible que acaba con Putin la contestación interna porque los rusos pasan fatigas, los soldados huyen para no ser carne de cañón y los familiares de los muertos en esta salvajada no pueden ni enterrarlos. Putin no va a ser echado del poder por nadie porque lo ejerce más que dictatorialmente y el ridículo es insoportable para su ego. Cuando acabó la guerra mundial, Churchill perdió las elecciones y tuvo que irse – lean a Vicente Vallés- y Stalin se reía y se felicitaba porque le habían quitado de en medio a negociador durísimo: “Se empeñan en votar y se equivocan. Las urnas son un invento absurdo – pensaba Stalin, el seminarista antiguo-. No hay mejor manera de obtener el poder que por la fuerza y mantenerlo por la fuerza”. ¿Piensa alguien que su discípulo aventajado va a dejarse defenestrar sin liarla antes mucho más que parda?

NOTA

Resquiescat in pace la directora del CNI. Ganan de nuevo los sostenedores de la Moncloa. A ver dónde termina la depuración.