| 29 de Noviembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Prohibido prohibir

Los de Compromís la han liado parda en innecesaria polémica con un tufo electoralista utilizando desde muertos y heridos por asta en ancestral y multitudinaria correría popular

| Pedro Nuño de la Rosa Edición Alicante

Arqueólogos, paleontólogos y todos aquellos/as que se dedican a estudiarnos en el Neolítico, cuando pasamos a ser algo más sedentarios y menos salvajes cazadores-recolectores, coinciden en que el primer animal domesticado fue el lobo-feroz escindido de la manada, y que acabaría como sumiso perro multiusos (hoy 350 razas, e innumerables mestizos) gracias a una simbiosis en larguísima avenencia con el homo sapiens. No atino a adivinar cuánto tiempo tardaremos en domesticar a mucho eco-animalista, que confunde a los animales y plantas convivientes con nosotros, incluso aquellos más exóticos y lejanos que asoman en la televisión facilitándonos la siesta, con los protagonistas animados de Walt Disney o de cualquier otro ilustrador exitoso en pantalla subsidiaria del cómic, sean monos, ratones, patos o ciervos, girasoles o plantas carnívoras; por cierto, metafóricamente mucho más racionales, parlanchines y juiciosos que nosotros los bestias e intolerantes personas dinamiteras del planeta azul. 

A falta de mejor "prospectiva" que dirían los renacentistas italianos, Compromís intenta robarle la bandera a los originarios y auténticos partidos animalistas, y emprende confrontación, de momento solo en el ámbito de los análisis previos, contra aquellas fiestas populares donde según ellos/as se maltratan animales, empezando por los famosos y turísticos "Bous al Carrer", toros y novillos a la calle para ser corridos, y acabando con cualquier vaquilla más toreada por muchos pueblos que la de nuestro añorado Luis Berlanga. 

Así pues, la recién vicepresidenta primera del Consell, Aitana Mas, linda carrocería que resguarda los folloneros pistones de su antecesora Mónica Oltra, quiere abrir un debate "valiente" para ¿la prohibición?, a partir del próximo verano, de este tipo de festejos nacidos en la milenaria Creta, cuna de nuestra civilización occidental, y que secularmente hasta hoy salpican gran parte de la geografía española, empezando por Pamplona y acabando, pongamos por caso, en Tavernes de la Valldigna. 

Ya me gustaría patentizar la "valentía" de doña Aitana Mas esquivando un becerro. Pero, y, en cualquier caso, los de Compromís la han liado parda en innecesaria polémica con un tufo electoralista que apesta a oportunismo utilizando desde muertos y heridos por asta en ancestral y multitudinaria correría popular, o, y también, samaritana defensa del menor, investigando a temerarios mozos empitonados que no habían alcanzado la mayoría de edad para votarles. 

Y claro, los socialistas han salido al paso de esta otra herida en la sangría de votos que se les avecina, arguyendo que más prevención, pero no prohibición. Incluso en el colmo de la cínica irresponsabilidad política para evitarse un marrón, Ximo Puig intenta pasarle el muerto coercitivo a los Ayuntamientos. Puestos a prohibir, y aunque nadie quiera torearse a ese morlaco embolado de cara a las próximas elecciones, y en equidad con lo anterior, ¿pedirá el tripartito del Gobierno valenciano la suspensión de las festeras carretillas y cohetes borrachos en Elche, Ibi, Onil...? bastante menos dirigibles que cualquier ser vivo previsiblemente irracional. Porque más muertes han causado las pirotecnias fuera de control que los cornúpetas bravos o mansos embistiendo cualquier bulto zigzagueante entre el gentío. 

Ximo Puig intenta pasarle el muerto coercitivo a los Ayuntamientos

Con frecuencia se dice que Compromís tiene un puntazo "surrealista". No es cierto, los padres del Movimiento Surrealista dictaminaron, entre otros manifiestos programáticos, la famosa propuesta de: "prohibido prohibir"; mientras los "comprometidos" con la Arcadia feliz valenciana y en sintonía con los otros Països Catalans quieren mudarnos, por decreto ley, a lo que nunca fuimos, ni querremos ser, cargándose la antropología taurina y ancestral de los festejos públicos donde también el riesgo, algo inherente a la adrenalina y condición humana, prima el favor de visitantes forasteros, y presumen orgullosos los propiamente naturales del lugar, no queriendo que vengan políticos/as del Cap i Casal a quitarles lo que han vivido festivamente, y espontáneamente participado desde la pubertad, incluidas las inevitables fatalidades. 

Como dijo Aristóteles: "el que supera sus miedos, será verdaderamente libre". Déjenos superar personal y voluntariamente nuestros atávicos miedos y riesgos populares, mientras usted, señora vicepresidenta, intenta conjugar los suyos para reconstruir el juguete roto de Mónica Oltra, que ese animal político (morlaca y brava) sí sabe de cornadas al cacho, de sortear a porta gayola a la Justicia o de bajonazos a una inocente tan desasistida hoy, como utilizada por unos u otros, según cuenta la propia víctima. No vaya a ser que, por pillar un manojillo de votos retro-progres y animalistas utópicos, pierda la cosecha de una mayoría (de momento) afecta o indiferente (no contraria) a algo tan patrimonial nuestro como es la tauromaquia en cualquiera de sus acepciones.