| 06 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Ana Barceló, Consellera de Sanidad
Ana Barceló, Consellera de Sanidad

La toma del hospital Ribera Salud

Como se trataba de tomar al asalto el palacio de invierno por los bolcheviques, siquiera espera doña Ana Barceló sumisión y traspaso ordenados, le hackea al hospital su sistema informático

| El Barón Edición Alicante

 

Eran los tiempos de Pedro Ángel Hernández Mateo, el alcalde que a su manera quiso ser el Pedro Zaragoza de una Torrevieja levantada en horizontal, y no en vertical como Benidorm y su tesis urbanística de la cajetilla de tabaco: tal y como la pongas apoyada sobre el suelo deberá tener zonas verdes y de servicios alrededor tanto más extensas cuanto más altas fueran sus edificaciones. Ambos pueblos marineros ambicionaron convertirse, prácticamente de la noche franquista a la mañana dictablanda, en megápolis turísticas, pero les sobraba supervoraz especulación ladrillera (cuanto mayor peor) y les faltaban servicios para tanta gente, empezando por el básico, que es el de la salud, con un hospital en toda su complejidad desde plantilla cualificada en cada una de sus competencias y especialidades: desde la recepción y consultas, pasando por UCI y quirófanos, para alcanzar suficiente equipamiento técnico y número de camas hospitalarias.

Y es ahí donde a Torrevieja llega una empresa privada que previamente ha hecho sus cálculos de riesgo-beneficio, incluidos los contratos con compañías aseguradoras extranjera para residentes y veraneantes de otras nacionalidades, pero y especialmente para, en convenio con la Conselleria de Sanidad, aliviar de pacientes a una atestada Orihuela y sus pedanías, gran parte de la costa sur de Alicante empezando por Guardamar y acabando en Torre de la Horadada, más otra porción de la Vega Baja, dado su alto componente demográfico que ya la capital histórica (Orihuela) no puede asumir con su solo hospital. Los Conseller es Rambla y Cervera del PP firman un acuerdo con la compañía Ribera salud, de 15 años para amortizar los altos gastos que tiene edificar y dotar de materiales y personal a un centro muy actualizado en su aparataje y formación profesional, que debe velar por la salud de cerca de 190.000 personas.

Y así ha funcionado la cosa durante 15 años, siendo valorado como el mejor hospital de la Comunidad Valenciana, nada menos, si lo comparamos con los macrohospitales capitalinos y de importantes núcleos poblacionales de la Autonomía levantina, procurando una rentabilidad que para sí la quisieran muchos hospitales públicos.

Es ahí donde entra en juego nuestra Consellera Ana Barceló, quien pudiendo haber prorrogado el contrato dejando las cosas lo bien que estaban, le corroe la rabia ideológica, echa mano del programa de izquierdas pública versus privada, y rompe la baraja sin importarle malgastar nuestros impuestos confiscando el hospital torrevejense: personal a la puta calle, utillaje a mi gusto, y nuevos equipos sin transición didáctica en su manejo. A eso se llama en Román paladino "hacer un pan como unas hostias".

 

Claro que como se trataba de tomar al asalto el palacio de invierno por los bolcheviques, siquiera espera doña Ana Barceló, una sumisión y traspaso ordenados, sino que adelantándose por las bravas le hackea al hospital, todavía privado, su sistema informático; algo que seguramente acabará en los tribunales, téngase en cuenta que hay mucho dato privado (ley de privacidad) entre historiales, procesos de investigación y estudios estructurales de la sanidad privada, entre otros asuntos que la distinguen de la pública.

En toda Europa la colaboración entre las sanidades públicas y privadas es eficaz y complementaria, pero nuestra Consellera se ha puesto los correajes del soviet sajeño, y no piensa seguir soportando el ridículo de que los hospitales públicos con gestión privada demuestren una validez en operatividad de rendimiento por ingresos mucho mayor y mejor que los que, desde su composición únicamente públicos, a veces (eso que quede claro) dejan bastante que desear funcionarialmente: más gasto, menos utilidad comparativa en la ratio personal sanitario/pacientes.

Si tenemos una sanidad pública ejemplar y admirada en todo el mundo, y una privada que le va a la par, solo superada esta última por los carísimos centros americanos, ¿por qué no seguir con ambas en su cabal colaboración y complementariedad?

 

Simple y llanamente por una cuestión ideológica, que en pleno siglo XXI ya no la sostienen ni los chinos. Hoy han tomado por la fuerza de romper el contrató de un hospital eficiente y eficaz, mañana será otro ¿Eche?, y quién sabe si pasado mañana con esta manía confiscadora de cuanto funciona superaremos a los venezolanos como peor sistema sanitario mundial.  Un poco más tontos y no nacen. Ahora a por las residencias (privadas) de la tercera edad.