| 30 de Noviembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Joan Baldoví en la sala de prensa del Congreso de los Diputados
Joan Baldoví en la sala de prensa del Congreso de los Diputados

Sin perdón

Joan Baldoví da y quita carnets de prensa como si fuese el Dios de la deontología periodística; y además califica como "mala persona" a quien le hace preguntas adversas

Joan Baldoví, como teníamos escrito por estos renglones, era la cara simpaticona y afable de una izquierda separatista de baja intensidad republicana, y el bien estudiado reverso político-mediático de una Mónica Oltra vocinglera y faltona, martillo de Zaplana, Rita Barberá, Paco Camps o quien desde a su diestra se le pusiera a tiro entre la palabra descarada y el yunque exterminador de presuntos corruptos.

Ahora, la lideresa ultradisonante, masca el obligado silencio de su autodestierro (no tenía otra salida), enclaustrada entre las rejas de sus propias palabras, esperando el veredicto de un juez, no por más progresista, menos profesional, cuya sentencia podría recurrirse hasta la desmemoria de quién fue la virreinona Mónica Oltra. Mientras, su sustituta Aitana Mas pide resuello y tiempo, vuelta a prisa y corriendo de unas interrumpidas vacaciones en la Hélade, adonde fue para cargarse de Humanidades, ella que es tan cartesiana, y sin la más pajolera idea de que su inmediata superiora, con la que departía mañana y tarde, la había colocado como alter ego en su húmedo sillón, suponiendo una fidelidad espartana y presumiendo la ciega obediencia de levantarse en el mismo instante en que ella volviera con la absolución misma y personalmente negada a otros hoy redimidos.

Por eso, de las declaraciones realizadas a medios afines y afinados, después de cubrir el cadáver político de Oltra con pétalos, como hacían los egipcios pidiendo perdón a los dioses, nos manda mensajes de paz, entendimiento y prosperidad del Botànic, al tiempo que recompone la imagen de su Consellería de Igualdad y Políticas Inclusivas, con un presupuesto que para sí quisiera cualquier otro/a del Gobierno Ximo Puig, empezando por su amantísima Gabriela Bravo. Mide sus palabras como el alfanje de Saladino cortando un pañuelo de seda al aire, exprimiendo el diccionario valenciano-castellano con sus escribidores de máxima confianza; ya ha dicho quiénes eran sus colaboradores/as inmediatos y quiénes no, incluidos los cambios de funciones; ordena pasen por ella informes inmediatos, incluso apriorísticos sobre cualquier conflictividad en ámbitos de menores, lingüísticos o migratorios; quiere entrevistarse con el Síndic Ángel Luna para deshacer entuertos sobre futuras investigaciones y quejas fundadas de la ciudadanía, evitando así los encontronazos que el Defensor del Pueblo Valenciano tuvo con la lenguaraz Oltra; en definitiva, y dado el corto plazo que le quedan para vérselas en las urnas, reconstruir del 2015, olvidando la tradición de Ximo Puig en 2019 con su imprevisto adelanto electoral.

"Si el entrevistado te dice: 'me alegra la pregunta que me has hecho' es que la acabas de joder poniéndoselo fácil para que se marque un autobombo. Ésa no te la publico"

Fumada la pipa de la paz con políticos del triunvirato y periodistas del foro valenciano, todo parecían albricias hasta que llega el beato Joan Baldoví a cagarla perdiendo los papeles y los nervios cuando un periodista Javier Negre, va y le pregunta por qué en el reciclaje del hospital de Torrevieja, que pasa a dominios de la Generalitat, solo la abusada por el exmarido de Oltra, y además el hoy esposo de la perjudicada gravemente, han sido los únicos dados de baja laboral en el traslado competencial (ESdiario estuvo con ellos entrevistándolos). La desabrida respuesta del diputado nacional de Compromís, no tiene desperdicio: "Hasta hoy, he contestado a todas las preguntas que me han hecho, casi todas, y a ti también te las he contestado. A los periodistas les contesto las preguntas, y las seguiré contestando toda mi vida, a las malas personas, no". O sea, que el buenazo de Baldoví, tan demócrata él, da y quita carnets de prensa como si fuese el dios de la deontología periodística; y además califica como "mala persona" a quien le hace preguntas adversas, pero obvias por demostradas.

No se me olvidará mi primer director en el proyecto La Verdad, aquel enjuto señor Maciá cuando, siendo yo periodista bisoño, me advirtió: "Si el entrevistado te dice: 'me alegra la pregunta que me has hecho' es que la acabas de joder poniéndoselo fácil para que se marque un autobombo. Ésa no te la publico". Tampoco vamos a hacer aquí un canto corporativista o gremial, pues como siempre se ha escrito: "no existen preguntas tontas, sino respuestas estúpidas". Y me parece que la del cándido Baldoví, no tiene perdón ni de Dios ni de la inteligencia humana. Primero porque la democracia se sustenta en la prensa libre, te sea o no favorable; segundo porque si como dice el señor Baldoví piensa seguir contestando, lo primero que le van a preguntar es por el incidente con Javier Negre; y tercero porque Compromís, a quien debe escaño, sueldo y extras sustanciosas, ya estaba tan tocado como para que la sonrisa del Régimen nacionalista, acabe de hundirlo en el piélago de la intolerancia.