| 25 de Enero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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"Amo la traición, pero odio al traidor"

Mañana vendrán a pedir el voto, y los alicantinos, murcianos y almerienses, saltarán sobre las corvas socialistas para después preguntarles: "¿churro, media manga, mangotero?"

| Pedro Nuño de la Rosa Edición Alicante

La recurrente frase de Marx (Groucho, no Karl): "ir de victoria en victoria hasta la derrota final" parece el lema de campaña socialista de cara a las próximas elecciones y a las siguientes. Al menos, en la provincia de Alicante y, por extensión de la patada a seguir, también en Valencia y Castellón, cuando ganan nuestras esperanzas en el anuncio de lo porvenir, para desengañarnos inmediatamente después con su imposible consecución: la china envuelta en papel de caramelo.

Si ayer escribíamos: "Sánchez deja a Puig de vacío: ni Alicante acogerá la Agencia de Inteligencia Artificial ni Elche la Agencia Espacial", anteayer nos lamentábamos de que el trasvase Tajo Segura no solo mantuviese el caudal actual, ya de por sí mezquino para apoyar siquiera los imprescindibles riegos de la llamada "Huerta de Europa" (Alicante, Murcia, Almería), sino que, para mayor crucifixión de nuestros angustiados regantes, el Gobierno de Pedro Sánchez piensa reducir el aporte acuífero actual, si sacamos la media de las cuatro últimas décadas, entre un 20 a un 40%. (según estimaciones de los propios agricultores afectados); y encima va el president de la Comunitat Valenciana, Ximo Puig, desdiciéndose como acostumbra, y declara ahora que semejante fraude a los Acuerdos de Cooperación entre el Estado central y una o varias autonomías, es beneficioso, por aquello de los "caudales ecológicos", para Alicante y, se supone que mismamente para la Región de Murcia y sudeste de Andalucía.

Hemos redactado, a lo largo de ya nuestra larga trayectoria periodística, tantos artículos sobre papel (ahora apantallados), dolientes alocuciones en radio y televisión, entrevistas a políticos y afectados, que parece padezcamos de "polidipsia", o sea, exagerado aumento de la sed, hasta el punto desviacionista por patológico de que como poetizó el gran y socorrido Antonio Machado ya "no sabemos para qué sirve la sed".

Siquiera se ha planteado un fondo de compensación por parte del Gobierno central que redistribuya en Castilla-La Mancha una parte de los beneficios

Repetir en enésima formulación de la naturaleza que las plantas crecen y nos procuran alimenticios productos con el sol que aquí sobra en tiempo y temperatura, y el agua que nos falta, resulta tan innegable como lo ha venido siendo el timo político de todos los mandatarios, fueran de uno u otro signo, desde que votamos la Constitución hace 44 años, hasta los corrientes. Francisco Franco, que nos llamó "provincias traidoras" por ser los últimos en rendirnos a su bota africanista, ya chocho y distraído de meninges, siguió los consejos de su Gobierno católico-tecnócrata, cuando le advirtieron de la obviedad de regar los páramos del Sudeste español para conseguir millonadas de divisas, entonces escasas, gracias a los productos hortofrutícolas tan demandados en todos los mercados de la ya próspera Comunidad Europea y contiguos norteños. Entonces, también es cierto, no se habían extendido tanto los campos de regadío, como hoy los de Lorca, la Vega Baja, invernaderos almerienses, etc., por lo tanto, no era necesario mayor cubicaje para transformar aquellos eriales en vergeles; tampoco podía darse la guerra entre autonomías, bajo el bélico axioma de "al enemigo ni el agua", que tal parece el manchego García-Page frente a los otros tres necesitados presidentes de autonomías limítrofes; y, por último, siquiera se ha planteado un fondo de compensación por parte del Gobierno central que redistribuya en Castilla-La Mancha una parte de los beneficios que se obtendrían con la ampliación de caudales, y que ahora se ven mermados por un insensible Pedro Sánchez, quien no parece haber olvidado su venganza personal contra aquel Ximo Puig que no lo apoyó en su meteórico ascenso dentro del PSOE y después hasta La Moncloa. Como dijo Julio César y deja "peripintado" a Sánchez Iscariote: "Amo la traición, pero odio al traidor".

Lo malo es que en los desdenes al castellonense van nuestras odiosas e inmerecidas penitencias: ¿qué ha hecho la "¿traidora?" provincia de Alicante, cuarta o quinta de España en tantos ámbitos socioeconómicos, y por ende a la hora de pagar impuestos, para merecer esto?: poco menos que nada.

Mañana vendrán a pedir el voto, y los alicantinos, murcianos y almerienses, saltarán sobre las corvas socialistas para después preguntarles: "¿churro, media manga, mangotero?", "¿Adivinas a quién voy a votar?". Lo de Alicante capital como sede de la Agencia de Inteligencia Artificial y Elche la Agencia Espacial, algo que parecía más plausible por su condición de municipio socialista, dan para otro artículo, aunque lo de Ximo Puig felicitando a sevillanos y coruñeses por sisarnos ambas sedes, ya de por sí explica la desvergüenza y caradura de nuestro Molt ¿Honorable?