| 16 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Cajero automático del Banco Sabadell
Cajero automático del Banco Sabadell

La sinvergonzonería bancaria… y de algunos otros

Los bancos funcionan con nuestro dinero porque hay que tener una cuenta en funcionamiento. La luz, el teléfono, el agua, la hipoteca, la pensión, el sueldo, los impuestos, las multas…

| Manuel Avilés Edición Alicante

Pensé por un momento hacer de este artículo una carta al presidente de alguno de los grandes bancos – o de todos- que pueblan nuestra geografía, pero después de darle un par de vueltas, me dije a mí mismo: ¿para qué? La pasta solo tiene un móvil y ese no es el beneficio de la colectividad, sino de los que previamente la tienen y desean incrementarla. Ya saben el refrán: dinero llama a dinero y la única verdad universalmente válida es el egoísmo.

Iba yo está mañana a sacar cincuenta euros con mi tarjeta. Terminaron los días en que sacaba de trescientos en trescientos. ¡Oh sorpresa! Mi banco ha cerrado y han eliminado la sucursal. No crean que era la oficina de una pedanía de doscientos habitantes, no. Una sucursal en pleno centro de Alicante, en un barrio clásico y populoso.

Un cartel me avisa de que ya no soy cliente de ese sitio y me han trasladado cerca del Palacio de la Diputación, en todo el cogollo, casi en Luceros o así. Voy allí cual borrego persiguiendo el pasto, o sea, el cajero que me saque de la indigencia. En la puerta del banco hay una cola casi kilométrica, como si fuera de Cáritas o del banco de alimentos. ¿Esta es la cola del cajero? No, esta es para ser atendido en ventanilla. Los de esta cola tenemos ya la cita previa. ¡Me cago en la leche, encima dándole patadas al diccionario! Toda cita para ir a hacer algún tipo de gestión es previa. Hablar de cita previa es redundancia, como decir subir para arriba, entrar para adentro y salir para afuera.

Ya estamos como en la administración, todo con la cita previa como patada a la gramática. La administración funciona con el dinero de mis impuestos, el Estado es un ente monstruoso que tiene su razón de ser en los ciudadanos que lo conformamos y, hasta para hacer una petición por escrito, hay que pedir cita – previa- para poder presentarla. Vuelva usted mañana que decía Larra cuando se quejaba de una administración lenta e inoperante.

Los bancos funcionan con nuestro dinero, un funcionamiento forzado porque, queramos o no, hay que tener una cuenta en funcionamiento. La luz, el teléfono, el agua, la hipoteca – todos los que la tienen que son muchos- la pensión, el sueldo, los impuestos, las multas… se terminó ir con los billetes en la mano a pagar o a cobrar. Todo se hace por banco.

Los bancos ganan un pastizal cada trimestre, que solo hay que leer esas noticias casi telegráficas: el banco periquito ganó no sé cuántos millones de euros en el trimestre que terminó hace tres días. Como ganan tanta pasta y quieren ganar más – hay una frase muy bonita para eso que se llama optimizar recursos- cierran sucursales, echan gente a la calle – jubilados en plena flor de la vida que pagamos entre todos- y te dicen que hagas todas las operaciones a través de la APP, o sea que hay que ser casi ingeniero informático para poder manejarte con el dinero que es tuyo pero que obligadamente tienes que tener metido en el banco en cuestión porque lo del calcetín o debajo del colchón no mola y aunque estés medio en ruina puede dar lugar a sospechar que blanqueas. ¡Cuánta falta hace un partido de los jubilados no solo para asegurar las pensiones sino para hacer que nos tengan un poquito de respeto y no nos traten como a parias desheredados, fumigables, personal indeseable y a extinguir!

¿Un gesto chulesco es tan demostrable como una mirada impúdica? ¿Dónde está y quien lo tiene, el baremo para medir lo chulesco o lo impúdico de una mirada?

Yo soy un banco, me fusiono, me como a cuatro pequeños para hacer uno monstruoso, rentable y con recursos optimizados. Echo a un huevo de gente a la calle, cierro oficinas para no duplicar funciones porque el mercado es muy tirano. Si usted quiere verme tiene que pedir cita – previa- y si quiere algo entiéndase con la APP o con una máquina que le habla y a la que tiene usted que contestar apretando número: Si le han robado, marque uno. Si está usted en el cuartelillo, marque tres. Si su señora se ha ido con otro, marque siete. Si es su amigo el que le pone los cuernos, marque 134. Si quiere hablar con el director no marque nada porque el director no se pone. Y así suben las ventas de tranquimazin y damos trabajo a los psicólogos con los cabreos de la clientela.

Leo mucho por mi condición de decrépito, inútil y desocupado. Leo periódicos, oigo radios y veo telediarios. Intento tener una información plural salvo a través de un medio antiguo cuya lectura tengo prohibida por prescripción facultativa. Me llegan noticias de una supuesta reunión del jefe de todos los espías – ardo en deseos de que salga ese libro para leerlo- y, de las noticias que me llegan- me surgen muchas preguntas. Me encantaría – en mi programa Onda literaria con la gran Luz Sigüenza- entrevistar a los autores de ese libro sobre el que no puedo decir nada porque creo que aún no está en la calle. ¿Hay documentos gráficos, por ejemplo, de la entrevista de Manglano con Antonio Asunción  y de las supuestas afirmaciones que en ella se producen? ¿Hay documentos sonoros? ¿Documentos escritos constatables? ¿Es posible que haya, siquiera, algunos gramos de ficción en el relato que cuentan?

Por favor, estoy en ascuas. Como en ascuas estoy cuando veo la evolución de la realidad, que se parece cada día más a la que viví en mi infancia, con Franco mandando. El cura de  mi colegio, todos, uno a uno, nos daba la paliza con los pensamientos impuros y nos amenazaba con las penas del infierno una noche sí y otra también para que nos fuéramos a la cama bien acojonados por si alguno tenía la tentación de pelársela – cosa imposible en aquel colegio, donde había mas espías que en la Gestapo y donde el cura, te ponía de patas en la calle a la menor sospecha de haber caído en el “nefando vicio solitario”, un trauma del copón y lo raro es que uno no saliera asesino en serie. En fin, que luego vino la universidad y, en lo que era el aeroclub, que ahora es Derecho, se nos dijo bien claro que el pensamiento no delinque.

El pensamiento no delinque, parece ser un principio básico del derecho. Pues bien, el ministerio de doña Irene Montero – leo- anda en un protocolo que elabora el instituto de las mujeres, entiendo que son las señoras doña Beatriz y doña Boti, corríjanme si estoy equivocado, por favor. En ese protocolo se considera como conducta a sancionar “las miradas impúdicas”. ¿Qué hay que mirar para hacerlo impúdicamente? ¿Cómo se mira impúdicamente? A lo largo de mi trayectoria carcelaria he corregido cientos de veces – y devuelto los escritos para que se expresan los autores con objetividad comprobable, partes que decían: “me miró con chulería”, “me miró con gesto chulesco”. ¿Un gesto chulesco es tan demostrable como una mirada impúdica? ¿Dónde está y quien lo tiene, el baremo para medir lo chulesco o lo impúdico de una mirada?

Yo creo que se están metiendo en un lío y van a tener que terminar llamando al padre Arcadio Pascual para que les explique eso de que el pensamiento sí puede delinquir.