| 21 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Las mascotas han sido un regalo navideño recurrente
Las mascotas han sido un regalo navideño recurrente

Civilizado, como los animales

Estos días ha entrado en vigor una importante modificación legal por la que las mascotas han pasado a ser consideradas miembros de la familia y seres vivos dotados de sensibilidad

| Mónica Nombela Edición Alicante

En los últimos tiempos ha aumento la sensibilización social hacia los animales. En 2013 la Fiscalía alertaba del incremento de casos de malos tratos infligidos a animales domésticos, que habrían salido a la luz especialmente tras la modificación del artículo 337 del Código Penal de 2010, que fue seguido de numerosas sentencias condenatorias. El artículo 337 del Código Penal castiga al que por cualquier medio o procedimiento maltrate injustificadamente, causándole lesiones que menoscaben gravemente su salud o sometiéndole a explotación sexual, a un animal doméstico o amansado. De hecho, en muchos casos se maltrata a los animales dentro de situaciones de violencia doméstica, para causar así mayor daño a la víctima. Tras la última reforma del Código Penal, de 1 de julio de 2015, abandonar a un animal doméstico en condiciones de peligro para su vida o integridad es ya considerado delito.

La jurisprudencia, por su parte, ha refrendado este panorama en decisiones como la del Auto del Juzgado de lo Penal nº2 de Palma, de 21 de septiembre de 2015, que desestimó la petición de sustitución de la pena de prisión impuesta al dueño de un caballo de carreras, que lo golpeó hasta la muerte. La sentencia señaló cómo «La muerte atroz de Sorky, un caballo de carreras, en su propia cuadra del hipódromo [al que su dueño causó la muerte empleando una “inusitada violencia”, que le hizo sufrir], es una aberración en el siglo XXI, y la indignación ciudadana está justificada».

Ya en 2012 había circulado la bochornosa foto del entonces rey Juan Carlos plantado delante de un elefante muerto al que, según parece, había dado caza, lo que nos dejó a muchos estupefactos. Como cantaba Roberto Carlos, “yo quisiera ser civilizado como los animales”.

Aún recuerdo dos anécdotas con animales de compañía, excluyendo lo del hámster que, francamente, fue una moda a la que confieso que no debería haber sucumbido. La primera anécdota, con Billy, el “pastor animal”, como lo llamaba su veterinario, que tuvimos mis hermanos y yo de jovencillos. Billy se tiró varios días sin querer moverse a la puerta de mi dormitorio, montando guardia cuando estuve gravemente enferma, a los veintidós. La segunda anécdota, con los periquitos de mi hijo, Sol y Perico, que un día de tormenta que la jaula se cayó salieron volando y ya nunca más se supo de ellos. Mi hijo y yo estuvimos al borde de las lágrimas, y eso que apenas interactuaban con nosotros, aunque sabían pedir su comida y eran muy alegres. Es cierto, las mascotas hacen compañía.

Muchos dicen que a su animal de compañía solo le falta hablar

En estos días ha entrado en vigor una importante modificación legal, publicada el pasado 16 de diciembre en el Boletín Oficial del Estado (BOE), por la que las mascotas han pasado a ser consideradas miembros de la familia. Ya era hora. Hasta este momento legalmente eran tenidos como meros objetos o bienes muebles, que podían resultar incluso embargados, lo que sin duda no estaba acorde con el sentir general de la población. Y es que las normas suelen ir a la zaga de los cambios sociales.

Tras las modificaciones del Código Civil, introducidas por la modificación que les indico del pasado día 16 de diciembre, los animales son considerados como seres vivos dotados de sensibilidad. El propietario, poseedor o titular de cualquier otro derecho sobre un animal debe ejercer sus derechos sobre él y sus deberes de cuidado respetando su cualidad de ser sintiente, asegurando su bienestar. El cuidado de los animales domésticos pasa a ser una obligación de los dueños o cuidadores, en la que se considera que los animales sienten, algo que la inmensa mayoría de los propietarios de mascotas saben de sobra. Muchos dicen que a su animal de compañía solo le falta hablar, pero, como otros contestan sabiamente, no es que no sepa hablar, sino que nosotros no le entendemos. Por otra parte, en la modificación legal se prevé que en caso de separación o divorcio habrá que contemplar en el convenio regulador el reparto de los tiempos de convivencia y cuidado del animal de compañía, así como las cargas asociadas a su cuidado, lo que dará lugar al establecimiento de pensiones alimenticias para su sustento, como ya está sucediendo en otros países.

Sin duda estamos ante una modificación legal necesaria y revolucionaria, que trata de proteger a los animales de compañía, para que dejen de ser considerados por muchas personas como un capricho momentáneo, del que uno se puede desentender y desembarazar en el momento que lo considere oportuno, como lamentablemente ocurre en no pocos casos. Tal vez así consigamos acabar con el abandono de animales de compañía en la carretera en verano y otras prácticas crueles, abusivas y bochornosas hacia ellos.

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora