13 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Carlos Mazón, presidente de la Diputación de Alicante, y Fernando López Miras, presidente de la región de Murcia

Terremoto

Ciudadanos sabrá por qué ha provocado el tsunami que solo beneficia al PSOE, pero nadie sabe, ni siquiera el sibilino inductor Sánchez, dónde vamos a acabar todos bajo techo

Cuando todo el mundo esperaba que la primera convulsión sísmica tronase en Castilla y León, la espita ha saltado en Murcia, repercutiendo inmediatamente sobre Madrid y, a partir de aquí el efecto dominó de las distintas y progresivas sacudidas que, a pie cambiado, pueden trastocar por completo el panorama político español.

En Ciudadanos están acoquinados con el martilleo de las encuestas a la baja que amenazan con dejarlos en partido residual (Cataluña), cuando no desaparecer en algunas comunidades autónomas (de momento van 11 sin diputados al Congreso), por no hablar de parlamentos regionales y ya no digamos ayuntamientos chicos, medianejos o grandes.

Todo comenzó con la aparición de Podemos, prostituido metiéndose en la cama del sistema, y después Vox como sucursal de la renacida ultraderecha europea, provocando ambos un corrimiento en los extremos de la derecha y de la izquierda españolas. Por uno y otro lado le robaban votos a Albert Rivera, quién por una vez en la honestidad política, dimitió consecuentemente, dejándole el papelón de la crisis a la fotogénica y carismática Inés Arrimadas, martillo de herejes independentistas, y amante bandida de Pedro Sánchez en la intimidad política monclovita.

La patada al castillo de naipes dada por la murciana Ana Martínez Vidal provocará el barajeo de futuros Ejecutivos en más de media España, y ahora todo pudiera resultar posible, porque esta estampida en el kilómetro cero es la declaración formal de hostilidades entre Cs y PP que viene provocada por una recomposición de fronteras electoras. Vox gana terreno en el imprevisible campo del voto inestable y cabreado por la tormenta perfecta de un Gobierno entre socialistas y ácrata-comunistas sustentado presupuestariamente por negacionistas varios, la peste negra del siglo XXI con casi 100.000 muertos, y el lógico movimiento pendular hacia el conservadurismo inteligente después de los furibundos excesos por decreto de la siniestra en plan Soviet posmoderno.

Los órdagos están echados: el cada día más cuestionado en su propio PP, Pablo Casado, se lo echa a Ciudadanos para que termine integrándose en un partido hegemónico del centroderecha en invernadero; Ciudadanos se lo devuelve amenazando lanzar los dados a las réplicas del divorcio absoluto haciendo pinza contra los populares con Abascal apretando disoluciones por otro lado. El soufflé y la merdé están servidos sobre el tapete de la ruleta rusa.

El teléfono de Mazón, presidente pepero de la Diputación de Alicante, echaba humo con Toni Cantó al otro lado de los muchos decibelios contra Arrimadas

En lo que me toca por proximidad, es decir la Comunidad Valenciana y un buen "grapat" de consistorios, entre otros el de Alicante con su Diputación, puede montarse el pollo según los distintos gallineros. Pedro Sánchez manda en el corralito del poder, los cantos de sirena europea aconsejándole separarse de los populistas Iglesias-Montero y centrarse como la mayoría de los países UE, porque en tiempos de tribulaciones pandémicas, mejor no hacer mudanzas con gaseosa.

El teléfono de Mazón, presidente pepero de la Diputación Provincial de Alicante, echaba humo con Toni Cantó al otro lado de los muchos decibelios contra la mismísima reinona Arrimadas, mientras la vicepresidenta "ciudadana" Julieta Parra, no sabía dónde meter su bipolaridad de avestruz imitando a los cuatro monos: en Sant Joan d'Alacant gobierna con el PSOE PSPV, que ya la tentaron ofreciéndole el canónigo trono de la Avenida de la Estación para que repartiese caramelos a los pueblos; y en la institución provincial, buen despacho y sueldo, pero poco ajetreo decisorio cotidiano, baila el vals de las mariposas con el protegido de Pablo Casado. Así que prefiere virreinato seguro, al trono de aquel Valenzuela primer espada de la política alicantina en Valencia.

Luis Barcala, el más inteligente de toda centroderecha alicantina, aunque de cara a la galería impulsa manifiestos de que aquí no pasa nada, entre los amigos no sabe ni contesta, porque no se fía de un hombre de la farándula como Sanguino, por muy amenazado que esté en su portavocía opositora al gobierno de Barcala, pero que en el ámbito del partido-partido (Pintor Gisbert), necesitan reaparecer en el foco mediático, después de tres mandatos sin tocar bola de alcaldía.

Políticamente estamos ante una meteorología de lo más inestable, entre los incendiarios y los apagafuegos de Cs. Los primeros, de perdidos al río, apuestan a todo o nada, por aquello de peor imposible; mientras los segundos, situados en el establishment, suspiran en un "Virgencica, que me quede como estoy".

Ciudadanos sabrá por qué ha provocado el tsunami que solo beneficia al PSOE, pero nadie sabe, ni siquiera el sibilino inductor Sánchez, dónde vamos a acabar todos bajo techo.