24 de Enero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Manuel Avilés se adentra en el mundo del narcotrávico con su última novela / FOTO: O. Avellán

M. Avilés: “Me mandaron a cárceles de narcos colombianos para despistar a ETA"

El escritor y columnista habitual de ESdiario presenta su nueva novela ‘En la cuerda floja, narcotráfico en Mallorca’, una historia cargada de hechos reales sobre la lucha policial antidroga

| Andrés Maestre Edición Alicante

Manuel Avilés ha dirigido prisiones como la de Anclares de Oca, Picassent, el psiquiátrico de Foncalent o Mallorca durante una época en la que en España ese oficio era sinónimo de estar señalado por ETA. Él lo estuvo, y se libró alguna vez de algún susto gracias a los agentes de la Guardia Civil que llevaba como escolta. Ha trabajado a las órdenes de Antonio Asunción y Juan Alberto Belloch y ha participado en algunas de las leyes penitenciarias más debatidas también ahora, como la dispersión de presos de la banda terrorista.

En su etapa como alcaide ha conocido a delincuentes de toda calaña. Desde el pobre diablo que se pasa la vida entre rejas hasta los grandes magnates de los negocios ilícitos. Entre ellos están los narcotraficantes, un perfil de personas que Avilés conoce bien, y que retrata en su última novela.

‘En la cuerda floja’ pone el foco en las brigadas policiales que luchan contra el tráfico de drogas y en las enormes dificultades que encuentran en su camino, de ahí el título de la novela. El narcotráfico es una pandemia que genera grandes beneficios económicos y tiene una enorme capacidad de corromper todo lo que se mueve a su alrededor pero, sobre todo, provoca un gravísimo problema social y destroza a las familias.

- ¿En la cuerda floja es un libro autobiográfico o una novela de ficción?

Es una alegoría contra el narcotráfico, es una novela policial donde se cuentan casos verídicos del narcotráfico en las Islas Baleares.

Lo que destaco a lo largo del libro es mi convicción de que el narcotráfico es imparable, porque genera mucho dinero. Es adictivo para los grandes narcotraficantes porque les proporciona un estatus potente y poderoso. El narcotráfico es una lucha continúa de los Cuerpos de Seguridad del Estado.

La Paca tenía tanto dinero que no sabía lo que hacer con él y lo tenía que enterrar. Ese fue uno de sus grandes problemas

- ¿Se puede atajar?

Tiene muy mala solución mientras no se ataque la economía. No puede ser que se coja a un narcotraficante y se le establezca una fianza para eludir la prisión provisional sabiendo que esa fianza de cincuenta, cien o ciento cincuenta mil euros para él es calderilla.

En la guerra contra el narcotráfico los policías, jueces y funcionarios están en la cuerda floja, de ahí vino el título. Cuando uno empieza una guerra tiene que saber que la otra parte va a responder.

- ¿Se rehabilitan los narcotraficantes?

Mi experiencia es que no se rehabilitan nunca. Se puede rehabilitar el pequeño camello, el yonki, aunque cuesta trabajo, porque saben que consumir droga es una ruina en todos los terrenos, pero el gran narcotraficante no se rehabilita nunca porque saben que en ningún otro sitio van a ganar tanto dinero como con la droga.

En la cárcel hacen lo que decía a mi antiguo profesor y gran amigo Antonio Beristain -que era el catedrático de Derecho Penal de San Sebastián y director del Instituto de Criminología de la Universidad del País Vasco-. Decía que “esta gente en la cárcel carcelea”. Es decir, se adaptan.

No tienen problemas, manejan dinero, tienen buen comportamiento y no son conflictivos. Recuerdo a un gran narcotraficante español en los ochenta que llegó a una cárcel determinada y lo primero que hizo fue ingresarles 25.000 pesetas en el peculio a los presos más conflictivos y violentos. A partir de ahí era el dueño, se paseaba por allí y lo trataban de Don fulano y Don mengano, igual que en su pueblo. El dinero es muy goloso para los que no son epicúreos, que sabemos que la felicidad no radica tanto en tener mucho sino en desear muy poco.

Una vez me dijeron “oiga, hay allí unos chalets…” y yo contesté que no necesito chalet, que tengo un piso y me sobra

- ¿Por qué en Mallorca?

Tengo allí contactos y amigos, fundamentalmente policías que luchan contra el narcotráfico que me sugirieron escribir de esto. Ese fue el móvil para que yo me pusiera escribir ‘En la cuerda floja’.

- El narcotráfico lo impregna todo de corrupción ¿alguna tentación?

No porque yo soy un tío de naturaleza antipático y erizo. A lo mejor me han visto como un tío estirado, prepotente o algo así y nunca me han intentado comprar.

Una vez me dijeron “oiga, hay allí unos chalets…” y yo contesté que no necesito chalet, que tengo un piso y me sobra.

- ¿Y alguien del entorno?

En la novela se cuenta cómo un policía de prestigio importante, un hombre de un cartel muy bueno (lo calificaban de mito policial porque estaba en un grupo de atracos) se pringa y cae ante la llamada del dinero. Ante eso siempre digo lo mismo; el delito no trae a cuenta. ¿Qué son cien mil o quinientos mil euros comparado con la vergüenza de entrar esposado en el juzgado? O con la vergüenza de ser condenado por cohecho y blanqueo por narcotráfico. Y, sobre todo, con la vergüenza y el sufrimiento de pasar cuatro, cinco o seis años en la cárcel.

La gente cree que pasan seis años en la cárcel y luego salen y tienen el dinero, pero es que seis años de cárcel no es ninguna broma.

- ¿Cómo trata un director de prisiones a un narcotraficante?

Yo los he tratado como a cualquier interno, siempre con mi convicción interior inamovible de que no era reinsertable. Me he opuesto mil veces cuando venían algunas propuestas de permisos o de libertad condicional sobre narcotraficantes por buen comportamiento o haber hecho cursos. Todo eso no me sirve porque yo estoy convencido de que ese señor no ha dejado de pensar en el narcotráfico como medio de vida.

Un narcotraficante es un psicópata desalmado, porque la droga genera sufrimiento y dependencia y destruye las familias

- ¿Qué cualidades tiene un narcotraficante?

Tiene que ser un psicópata desalmado. No estamos hablando del pobre diablo que vende dos papelinas cortadas de cocaína para pagarse la suya, estamos hablando del gran narcotraficante que se hace multimillonario. Ese tiene que ser un psicópata desalmado, porque la droga genera sufrimiento a todo el que la toca, general dependencia, destruye las familias y destruye los matrimonios. La droga es como un virus -ahora que está de moda- que hace pedazos todo lo que toca.

- Suelen ser queridos y respetados…

Son inteligentes. Es una persona desalmada, pero no significa que no sea un tío listo. Quieren  tener buen cartel. En el pueblo financia el equipo de fútbol, repara el techo de la iglesia que está roto, construye un campo de deportes en la escuela… El narcotraficante no es tonto y tiene a gente a sueldo para todo tipo de trabajos. Y si están en una zona de pobreza y paro más todavía.

Otra cosa que tiene el narcotraficante que demuestra que es un psicópata desalmado es cómo ejecutan sus resoluciones. Si tú no pagas y tú no cumples o te quedas con el dinero o una partida de droga se produce lo que se conoce como ‘ajustes de cuentas’.

- Eso son señales para otros…

En la cárcel vieja de Benalúa, aquí en Alicante, (hace cuarenta años) un preso al que le debían 200 pesetas apuñaló a su deudor en el patio. Cuando encontramos al apuñalador le pregunté que por qué por 40 duros le dio una puñalada. Me parece un poco excesivo, le dije. Si hubiesen sido cuatro millones a lo mejor era justificable, pero por 200 pesetas. Es muy duro darle una puñalada a un hombre por 200 pesetas.

Me contestó muy claro, que es como hablan los narcotraficantes, y me dijo: “Si por 40 duros yo no le pego una puñalada, la gente me pierde el respeto y no me paga nadie”. Cuando por 40 duros apuñalan a un tío, la gente “hace oreja” y tienen claro que a ese no se le puede deber nada.

- Hablemos de la novela ¿Qué personajes clave hay?

Aquí los personajes clave son los policías. El perfil del jefe del crimen organizado de la Policía de Mallorca y su equipo son los fundamentales. Luego están ‘la Paca’ y más narcos, como ‘los farrucos’, ‘la Eva’ o ‘la Jesusa’. Son clanes de narcotraficantes de una zona muy concreta de Mallorca. Es un barrio que se llama Son Banyà que ya está eliminado afortunadamente. Hicieron casas sociales y tardó muy poco en convertirse en el supermercado de la droga de Mallorca.

- ¿Hay muchas mujeres dirigiendo clanes de droga?

Sobre todo en los clanes gitanos de la droga hay bastantes mujeres dirigiendo. Son clanes familiares y hay un reparto de roles.

Le pregunté que cuántos muertos tenía y me dijo “por mi mano unos 300 y por mi grupo unos 20.000”

- ¿Cómo se hace uno narcotraficante?

El olor del dinero. Lo ven como fácilmente conseguible. Algunos son empresarios y otros son pobres diablos. La Paca hablaba mucho de que ella pasaba hambre y sus hijos pasaban hambre, y ella pensó que si otros pueden tener plátanos y si todos pueden comer filetes ¿porque los míos no? Y se dedicó el narcotráfico

- Trabajaste en Colombia cerca de leyendas del narcotráfico…

Me mandaron a Colombia a abrir la cárcel ‘El bosque’ de Barranquilla, para dar clase a los funcionarios de instituciones penitenciarias y a organizar el Primer Congreso Internacional Iberoamericano de prisiones. Eso lo hicieron porque entonces ETA estaba muy potente y me tenía muy fichado, muy entre ojo y ojo. Me querían dar ‘matarile’.

Fui varias veces a Colombia y pasé allí largas temporadas. También hice un informe de cómo funcionaban las prisiones colombianas y qué cosas había que cambiar, porque aquello era un desastre. Estando en Colombia conocí la cárcel, el ámbito y la situación de Pablo Escobar. Yo le dije a Benlloch que me sacó de Guatemala para meterme a 'Guatepeor', eso es horroroso.

Con el gran narcotraficante que más hablé allí -que hable con muchos traficantes colombianos- el que más recuerdo, por lo impactante, fue Jhon Jairo Velásquez Vázquez alias ‘Popeye’, que era el jefe de sicarios de Pablo Escobar. Le pregunté que cuántos muertos tenía y me dijo “por mi mano o por mi grupo”. De las dos maneras –le dije- y me contestó que “por mi mano unos 300 y por mi grupo unos 20.000”.

- ¿Tener mucho dinero les genera un problema?

La Paca tenía tanto dinero que no sabía lo que hacer con él y por eso lo tenía que enterrar. De ahí nació uno de sus grandes problemas, el mismo que el del policía que delinquió con ella.

Le hicieron un agujero y lo metió bajo tierra en un búnker, en medio del campo. Un sudamericano le hizo una caja fuerte con planchas de acero soldadas. Un buen día fue y se encontró con que el dinero había desaparecido. El que se lo ha hecho es el que se lo ha llevado, que es el que sabía dónde estaba. Esa es una de las tramas de la novela