09 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pieza de la exposición de Pierre Schoeller donde aborda la Revolución Francesa en 'Un pueblo y su rey: La calle vuelve a ser un lugar político'

¿Cordones o condones sanitarios?

"Prohibido prohibir" demandaban los surrealistas del "París era una fiesta", y yo lo suscribo también para la política. Solo debe prohibirse el partido que aspire a una dictadura

Lo de los cordones sanitarios es tan viejo como la higiene pública desde que los griegos enseñaron a los romanos la metodología de retirar y enclaustrar extramuros de las ciudades a los infectados en plaga, por ejemplo: de la lepra. Pero fue con la peste bubónica de la Edad Media cuando en las repúblicas italianas se crean los lazaretos y demás dispensarios apartadizos para incomunicar del resto a quienes la padecían, dejándolos morir en la más cruel de las indigencias, aunque también hubo alguno, pocos, que superaron la terrible enfermedad. O bien, como tan literaria y hermosamente nos demuestra Boccaccio con su mosaico Decamerón, un restringido grupito de jóvenes burgueses apartándose propiamente de la gran urbe para refugiarse aislados en una residencial casa de campo.

Ahora, y dado el escaso, por no decir ningún conocimiento, que alguno/a de nuestros dirigentes políticos tienen de la historia, y ya no digamos de la Historia de la Medicina, asando la manteca rancia creyendo que era solomillo de oratorias e ingenios, pretenden expulsar de la "Democracia" (δημοκρατία) o sea, gobierno del pueblo, a un partido: Vox, que cumple con los estándares tutelados por el Tribunal Constitucional, y que fue dado de alta, sin mayores problemas, en las dos Cámaras que gobiernan esta nación de naciones (también en parlamentos autonómicos, provinciales y municipales); aunque no es menos cierto que el partido más conservador y a la derecha de la derecha inventada por los revolucionarios franceses, les devuelve semejante e incoherente pretensión aislacionista: "que se vayan", como si unos u otros fueran los depositarios de las tablas sagradas con los 10 mandamientos democráticos. Aunque en puridad ética y liberal: unos más intransigentes que otros.

Tras la filibustera exigencia de Unidas Podemos para ponerle un cordón sanitario al partido de Abascal, esperemos que no sea alambrada de púas con foco y mirilla de fusil terminal en la torre de los vigilantes, el cínico problema que subyace es el de las encuestas retomando al Madrid de los mayos como epicentro de otra guerra por la Independencia ¿pero de y para quiénes?

Podemos se hunde por las dos patas abajo en el pozo muro de los pronósticos: su siniestra extremidad, porque Más Madrid, el hijo pródigo que abomina volver con tan autoritario y despiadado padre prepotente, le está sacando cuatro cuerpos en la carrera por sentarse en el trono de Isabel Díaz Ayuso, la Blancanieves mal trucada en bruja por los fontaneros de la izquierda tertuliana; y la zanca diestra movediza, porque Pablo Iglesias, el vocinglero y maltratador del Gobierno matrimoniado con Sánchez, se ha subido ahora (Juan Palomo) al hipódromo madrileño como jinete del Apocalipsis o la nada, pero sin la cabeza intelectual de Gabilondo (ya se sabe qué pasa con los intelectuales en política, Azaña, Ortega, José Antonio...) Un buen hombre metafísico, éste Ángel mal vestido de clown (payaso blanco) al que el chocarrero Augusto Pablete, arrastrará en la debacle del no pasarán, para después repensarse, "Beatus ille" en su lujurioso chalet de Galapagar, donde pondrá el próximo huevo de oro cuando vuelva al machito.

Parafraseando a Voltaire, nunca votaría a Vox, pero daría mi vida para que otros pudieran hacerlo

"Prohibido prohibir" demandaban los surrealistas del "París era una fiesta", y yo lo suscribo también para la política. Solo puede y debe prohibirse aquel partido que aspire a una dictadura, sea nacionalsocialista o del proletariado. Parafraseando a Voltaire, nunca votaría a Vox, pero daría mi vida para que otros pudieran hacerlo, y sean los tribunales quienes, llegado y demostrado el caso inconstitucional, manden sacarlos del arco parlamentario con sus muy distintos colores según el monóculo de cada cual.

Pero a esos mismos que niegan la Constitución y la Transición, revisen las fotos de Santiago Carrillo y Manuel Fraga charlando amigablemente, para después meter la navaja parlamentaria en los ijares del otro, este servidor del lector y de la democracia, en lugar de balas, que solo entiendo para la cinegética de monte bajo y bancal con podenco corredor, les enviaría un conteiner de condones, tanto me da transparentes, que policromados; de látex con finísima sensibilidad, que de tripa caprina (ya usado por Alejandro Magno y sus falanges); simples de farmacia o espinosos de sex-shop. Eso sí: de testada resistencia contra engaño y braguetazo (coaliciones con fórceps ideológicos).

Talmente un buen condón de la cabeza a los pies. Profilaxis electoral que estos "puretas" de un único dogma, el suyo, se están buscando ser encapsulados por capullos. Así, nadie nos embarazaría a la mayoría librepensadora con crancos de totalitarismo, intransigencia falsaria y de pegarle una patada a la mesa cuando al tahúr no le salen sus cartas (o mis votos).