04 de Marzo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Inés Arrimadas tras conocerse los resultados electorales en Cataluña / FOTO: J. Hellín - europapress

Tras las catalanas

Los constitucionalistas estamos estupefactos, al ver cómo los partidos indepes han vuelto a ganar, en este país que fue cosido tras la dictadura como una mantita de sofá de patchwork.

| Mónica Nombela Edición Alicante

Es de sabios saber marcharse de los sitios a tiempo, porque en el momento dulce, cuando es oportuno hacerlo, pocas personas son capaces de tomar una decisión de tal envergadura. La tendencia general es agarrarse al sillón con fuerza, y a veces incluso con pegamento extra fuerte, a la espera de poder eternizar ese momento único. En el caso de Ciudadanos, lo menos que se puede decir es que Albert Rivera abandonó el barco con una puesta en escena impecable y una excusa irrebatible, además, dejándolo en manos de Inés Arrimadas. Me es duro decir esto de la única lideresa de un partido nacional, pero siempre vi en ella esa cara de susto de quien está sobredimensionado en un cargo que le viene grande. Y fue a ella a quien le estalló la bomba con temporizador que llevaba varios años prometiendo una fuerte explosión en las narices, el pasado domingo.

El batacazo de su partido en las elecciones catalanas ha sido ciertamente muy importante. Una verdadera debacle, si tomamos en cuenta que allí, en Cataluña, fue precisamente donde se fraguó el nacimiento de este partido que ha perdido su predicamento. La gran Rita Barberá habría dicho: “Qué hostia”.  Así las cosas, es lógico que nos preguntemos si todavía tiene cabida un partido como este en España, teniendo en cuenta que su sitio geográfico, ubicado en el centro del panorama político español, está compartido con los señores de Partido Popular, empujados a su vez hacia dicha posición por los de más a su derecha y que también aspiran a identificarse con el centro, discurso que muchos analistas les han comprado. Un PP que está en decadencia, al igual que su sede, símbolo inolvidable de otras épocas más fértiles y gloriosas. Una época que no volverá.

Parece que Pablo Casado esté intentando hacer limpieza dentro de su casa, como un medio de taponar la herida sangrante, pero me da que pensar que seguramente se trate de la típica limpieza que se hace para agradar a la suegra, es decir, aparente pero superficial. Mientras, las imágenes de la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, en el juicio del caso máster, situación en la que se podría ver envuelto perfectamente más de uno, son un penoso recordatorio, supongo que más que nadie para el propio Casado, de lo cerca que estuvo del filo del hacha. Siempre lo he dicho, a mí me apena la situación de esta señora. La confluencia de los escándalos políticos, como el provocado por Bárcenas hace unos días tirando de la manta sin pruebas en que sustentar sus acusaciones, podrían dar al traste con cualquier intento de levantar cabeza por parte del PP, cada vez más perdido en los vericuetos consistentes en coger los rábanos por las hojas, en lugar de hacerlo por la raíz. Cambiar de sede puede ser un lavado de cara eficaz, o simplemente no servir para nada, puesto que la identificación del partido con el balcón al que se asomaron a celebrar sus triunfos Aznar, Rajoy, Rato o Álvarez Cascos es difícil de superar.  

La creciente desafección de los ciudadanos por la política es una realidad y debería hacernos reflexionar

Así las cosas, Vox está de subidón tras el resultado electoral, por mucho que la abstención haya sido francamente alta el pasado domingo. El miedo al virus, de una parte, y de otra el hartazgo de gran parte de los votantes de todos los partidos, han propiciado que tantas personas decidieran no ir a votar. La creciente desafección de los ciudadanos por la política es una realidad, lo que sin duda debería hacernos reflexionar. Por otra parte, el llamado “efecto Illa” ha servido eficazmente para cosechar el buen resultado obtenido por el PSOE, que ahora veremos cómo maneja las reiteradas promesas del exministro con respecto a lo de no pactar con independentistas. Claro está que el resultado obtenido por el partido de Oriol Junqueras, estando él en la trena, puede que haya sido mucho mejor que el que habría conseguido si hubiera estado en libertad. Lo que tiene la erótica de la cárcel. Si no, que se lo pregunten a Manuel Avilés, compañero de esta cabecera, que está de presentación de su nueva novela en estos días y que de prisiones sabe un rato.

En definitiva, los constitucionalistas estamos estupefactos, al ver cómo en estas elecciones los partidos indepes han vuelto a ganar, lo que es sin duda un descosido en este país, que fue cosido tras la dictadura como si se tratara de una mantita de sofá de patchwork.

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora